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Radio en Venezuela: una meta obsesiva de la etapa Maduro

Además de la mano dura del chavismo, otros efectos también hacen mella sobre la radio en Venezuela. Actos vandálicos y delictivos entran en escena y hacen que la labor de informar queda a medias, por la acción de malhechores

Radio en Venezuela: una meta obsesiva de la etapa Maduro

Cuando en 2013 Nicolás Maduro asumió la presidencia de Venezuela, comenzó una dinámica de agresión y asedio en contra de los medios de comunicación. Sus efectos se midieron en todo un lustro: 115 medios cerrados hasta 2018. De esa cifra, la radio aglutinó el mayor perjuicio, con 65 bajas en el referido lapso.

Las acciones de la maquinaria chavista ejecutan a través de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel). El organismo actúa como un brazo para silenciar las voces más críticas, sin importar las formas.

Para el gobierno de Maduro, pensar diferente es pecado y eso acarrea represalias. El año más convulso hasta ahora fue 2017, cuando fueron cerradas 40 estaciones. La justificación, según Conatel: irregularidades en las licencias de los medios afectados.

Legalidad que encubre censura

La Ley Orgánica de Telecomunicaciones (2000) establece que Conatel tiene 45 días para verificar si los requisitos del concesionario están al día. Después comienzan a contarse otros 45 días, correspondientes a la espera de la aprobación del permiso.

Pero en el caso de las emisoras afectadas, la indiferencia fue la respuesta del órgano rector de las telecomunicaciones.

En su artículo 31, el referido instrumento legal consagra que “si el órgano rector o la Comisión Nacional de Telecomunicaciones no se pronuncian dentro de los lapsos legalmente establecidos, sobre la procedencia o no de las solicitudes relativas a la obtención de habilitaciones administrativas y concesiones, así como cualquier otra solicitud realizada conforme a lo establecido en la presente Ley, dicho silencio se entenderá como una negativa a la solicitud formulada”.

Bajo el amparo de ese artículo, Conatel apela al silencio cuando le conviene.

Así sucedió, por ejemplo, en 2017, cuando una de las emisoras afectadas fue 92.9 FM, propiedad de 1BC, empresa dueña de RCR y del extinto canal de televisión RCTV, también cercado por el chavismo.

Aunque todo forma parte de una maquinaria, cuyo objetivo principal es la censura, desde el oficialismo se excusan con el vencimiento de los permisos.

Libertad conculcada

Pero otros efectos también hacen mella sobre la radio en Venezuela. Actos vandálicos y delictivos entran en escena y hacen que la labor de informar queda a medias, por la acción de malhechores.

El 26 de enero de 2020, el Instituto Prensa y Sociedad (IPYS) Venezuela denunció ataques contra tres emisoras regionales. En su cuenta de Twitter, el IPYS informó del hurto de cables de Class 98.7 FM, que opera en Cojedes.

Mientras, en el estado Táchira, Radio Mundial 860 AM y Radio Cultural 1.190 AM vieron interrumpidas sus transmisiones. La razón: delincuentes destruyeron las instalaciones eléctricas que permiten difundir su señal.

Sea cual sea el frente, delincuencia organizada o gobierno nacional, se vulnera uno de los espacios fundamentales de la comunicación de masas en Venezuela, escuela de grandes profesionales y que hoy es víctima de los desafueros de quienes buscan que el silencio se imponga sobre la verdad.

Trump grita en el desierto empeñado en que le hicieron fraude

El mandatario saliente, que perdió las elecciones por casi siete millones de votos y cuya derrota ya ha quedado certificada en todos los estados clave, insistió en que hay que "derogar inmediatamente" los resultados en esos territorios porque hubo "millones de votos emitidos de forma ilegal", de nuevo sin pruebas.