Raffaella Carrà, la más amada de Italia, nos deja su fiesta sensual y divertida

La icónica cantante, bailarina, coreógrafa y presentadora de televisión italiana, célebre por su golpe de melena cuando cantaba alguna de las pegadizas canciones de su repertorio, deja huérfanos a millones de telespectadores y a una legión de incondicionales que encontraron en ella al emblema de una época y a un símbolo de libertad contra la moral pacata de su tiempo.

Raffaella Carrà, la más amada de Italia, nos deja su fiesta sensual y divertida

La noticia dejó perpleja a Italia, donde desconocían la enfermedad -aún no revelada- que padecía desde hace algún tiempo Raffaella Carrà y que sus allegados se encargaron de mantener en absoluto secreto: la cantante, bailarina, coreógrafa y presentadora de televisión falleció a las 4:20 de la madrugada de este lunes, a los 78 años, en su residencia de Roma.

“Raffaella nos ha dejado. Se ha ido a un mundo mejor, donde su humanidad, su inconfundible risa y su extraordinario talento brillarán por siempre”, escribió el coreógrafo y productor Sergio Lapino, su compañero sentimental, al anunciar su muerte a través de la agencia italiana de noticias Ansa.

“Se va la señora de la televisión italiana. Una mujer con un gran talento, pasión y humanidad, que nos ha acompañado toda la vida. Adiós Raffaella”, escribió el ministro de Cultura, Dario Franceschini.

Este miércoles 7 de julio en Roma se iniciará la despedida que se prolongará hasta el viernes, cuando habrá un funeral en la iglesia de Santa María in Ara Coeli.

«Antes el cortejo cortejo fúnebre que se parará un minuto para recibir el cariño de su público en lugares icónicos de su carrera televisiva como el Auditorium RAI del Foro Italico, la RAI de Via Teulada, Teatro delle Vittorie, Rai de Viale Mazzini 14 y finalmente la sede del Ayuntamiento de Roma, Campidoglio, donde el féretro se expondrá en la Sala Protomoteca desde las 18 horas hasta la medianoche», reporta Vanitatis, de El Confidencial.

En otra muestra de su ascendencia sobre la cultura popular, hasta en el calentamiento del partido Italia España de este 6 de julio, en Londres, por las semifinales de la Eurocopa le rindieron un animado homenaje.

Símbolo de libertad

La icónica diva, célebre por su golpe de melena, que hacía bailando mientras cantaba el estribillo de Hay que venir al Sur y otras de las pegadizas canciones de su repertorio de éxitos, deja huérfanos a millones de seguidores y a una legión de incondicionales que encontraron en ella al emblema de una época y, sobre todo, a un inesperado y nada acomplejado símbolo de libertad.

Raffaella Carrà Fue la mujer más amada en Italia, o más bien la figura pública más popular, más que el papa polaco Carol Wojtyla, según encuestas de los años 80. 

Por el silencio con el que los suyos llevaron la enfermedad que padecía, nadie esperaba la noticia del fallecimiento. Hasta hace poco había estado grabando un nuevo programa de entrevistas, que seguía la estela de aquellos grandes éxitos que cambiaron la televisión. Con algunos de ellos, como Carrámba! Che sorpresa!, Canzonissima y Pronto… Raffaella Carrà transformó la manera de construir el relato televisivo de una época algo pacata y alcanzó audiencias de hasta 10 millones de espectadores, que le confirieron el poder para seguir diciendo lo que le daba la gana siempre.

Diva por excelencia

No hubo un solo mes de los últimos 30 años en el que no estuviera embarcada en algún proyecto. Cuando no se encontraba en un estudio de televisión o en uno de grabación (25 álbumes de estudio y más de 60 millones de discos vendidos), seguía trabajando laboriosamente en una oficina del barrio de Flaminio, en Roma. Subía a pie los escalones que conducían al primer piso de un angosto apartamento donde colgaban discos de oro y platino.

Fotos de estrellas, dedicatorias. Gianluca, su asistente (ella casi no usaba el teléfono y detestaba las redes sociales), era quien recibía al invitado y lo conducía hasta la gran diva. Se abría la puerta y aparecía ella, impecable y sonriente con su media melena platino.

Raffaella Maria Roberta Pelloni (Bolonia,1943), más conocida como Raffaella Carrà, o directamente como La Carrà, trascendió las fronteras de su Italia natal para alcanzar la popularidad, primero en España, a la que consideraba su segunda patria, y luego en Latinoamérica.

Se hizo muy popular entre el público español en los años setenta, cuando presentó con gran éxito varios programas de televisión. Sus canciones fáciles, sus letras provocadoras y sus bailes imposibles no sólo pusieron la banda sonora a la España gris de entonces, sino que han sobrevivido allí generación tras generación.

Hace pocos meses, octubre de 2020, se estrenaba la película Explota, explota, del realizador español Nacho Álvarez, un musical lleno de versiones de la cantante y de golpes de melenas rubias que se agitaban como la suya.

“Cada artista tiene su firma. Y ésa es la mía. No se puede aprender a ser Lola Flores y tampoco a ser Raffaella Carrà”, presumía en una entrevista con el diario madrileño El Mundo a finales del año pasado.

No hubo un solo mes de los últimos 30 años en el que no estuviera embarcada en algún proyecto.

Icono LGTBI

“Me considero una persona de izquierdas a mi modo”, decía en la misma entrevista. “Me he sentido siempre culpable. Durante toda mi vida he estado de parte de los trabajadores, de la gente que lucha, porque yo misma he trabajado muchísimo. Siempre me he preocupado por los derechos laborales de los que están a mi lado”.

-Pero al mismo tiempo -puntualizaba-, el éxito ha hecho que haya tenido una vida cómoda. Teóricamente, debería estar del lado de los ricos, de todos los afortunados a los que nada les importa los demás. Ésa es la derecha. Pero no. Siempre he creído que es fundamental pagar los impuestos y me alegro de pagarlos.

En esa charla, la artista italiana también hablaba con desparpajo de su condición de icono de la comunidad LGTBI:

-Libertad es la palabra para poder vivir. Por ejemplo, me alegra especialmente que en Italia se haya aprobado la ley civil de las uniones de los homosexuales. Estoy muy involucrada con este tema, porque tiene que ver con la libertad de los individuos.

Esa manera de involucrarse la llevó a convertirse en un emblema para la comunidad gay, así como también el contenido de las letras de algunas de sus canciones. Es el caso de Lucas, que habla de un amor no correspondido:

“Él era un chico de cabellos de oro./ Yo lo quería casi con locura./ Le fui tan fiel como a nadie he sido./ Y jamás supe qué le ha sucedido./ Porque una tarde desde mi ventana./ Lo vi abrazado a un desconocido./ No sé quién era, tal vez un viejo amigo…”.

De su canción Caliente, caliente -”Hace tiempo que mi cuerpo anda suelto y no lo puedo frenar ¡Y no lo puedes frenar!”-, un periodista italiano dijo que aportó más al feminismo que todas aquellas mujeres que quemaban sus sostenes en los años setenta.

“Decidí cantar y funcionó”

Aunque participó en una película cuando apenas contaba con nueve años de edad, su carrera comenzó a los 18. Bailarina y cantante, debutó en el programa de televisión Tempo di danza, en 1961. Tuvo papeles en algunos shows y espectáculos y en la comedia musical Scaramouche (1965). Luego, en 1970, comenzó a presentar el programa Canzonissima en la RAI (la televisión pública italiana), donde se hizo famosa por el escándalo que causaron sus apariciones enseñando el ombligo, en un país bajo la rígida batuta moral de la Democracia Cristiana y la eterna vigilancia del Vaticano.

Su metamorfosis, como cantante y presentadora, empezó a fraguarse en 1970. Concretamente, en el Centro Sperimentale di Cinematografía de Roma, donde se apuntó a un curso de educación vocal. “Tuve un gran profesor que un día me examinó la garganta y me dijo que podría cantar tranquilamente”.

-Luego, en una reunión de personal en televisión, un director que había visto el musical Hair se dio cuenta de que la televisión italiana, en aquellos momentos, era muy antigua y había que modernizarla. Fue entonces cuando me dieron cuatro programas de prueba en los que tuve que cantar. Tomé clases y lo hice. Funcionó, y en unos meses me pusieron como presentadora del programa más importante de entretenimiento de la televisión pública, Canzonissima. Así empezó todo, por casualidad”, rememoró hace 10 años al Corriere della Sera.

-Sé perfectamente que no soy Dionne Warwick ni Barbra Streisand. El baile y la palabra son lo mío; el canto es solo un aderezo. Pero como vendimos tantos discos, no hacía otra cosa que entrar en el estudio y grabé más de 20 álbumes.

Esos trajes impensables…

Otra de sus cartas de presentación en lo artístico ha sido la moda, hasta el punto de considerársele una adelantada a su tiempo.

-Llevaba trajes impensables, con sentido del humor diría yo. Y además cómodos, para poder bailar. A lo largo de mi carrera me han acompañado tres diseñadores. Uno fue Corrado Colabucci, que hizo los vestidos de Mina y míos cuando presentábamos Milleluci; el otro, el elegante Luca Sabatelli. Yo le dejaba hacer y luego le decía: “¿Qué te parece si a este mono le alargamos la espalda descubierta hasta que se me vea el principio del culito?”. Y él me contestaba sorprendido: “Es demasiado, Raffaella”. El tercero es el sastre Gabriele Mayer. Ellos me han arropado toda la vida”, contó en 2017.

Que enseñara “el principio del culito” en aquel Canzonissima que se emitía las noches de los sábados en la RAI no fue un problema. Lo que verdaderamente impactó a los telespectadores es que en 1970 se atreviera a cantar uno de sus temas vistiendo un top que dejaba al descubierto su ombligo. De hecho, la apodaron “el ombligo de Italia”, pues fue la primera mujer que enseñó esa parte de la anatomía en la TV.

Condenada por el Vaticano

Pero lo que realmente hizo peligrar su imparable carrera en la pequeña pantalla y en la industria musical aconteció el 13 de noviembre de 1971. Aquella noche, también en Canzonissima, presentó su nuevo tema, Tuca Tuca. Y lo que incomodó a algunos ejecutivos de la RAI no fue la canción en sí, sino su coreografía. Ella únicamente se limitó a toquetear, de una forma muy inocente e infantil, a un bailarín. No obstante, los más conservadores de la época interpretaron aquellos castos movimientos como algo soez y extremadamente sexual. Sin ir más lejos, el Vaticano, tras tacharla de “demasiado provocadora”, inició una campaña de desprestigio a través de su periódico, L’Osservatore Romano.

-Lo que me encantaba es que yo hacía el Tuca Tuca tocando caderas, rodillas, espalda, cara… Y los niños lo repetían, se divertían porque era algo muy natural.

A pesar de tener en su contra al papa Pablo VI y a parte de los jerarcas de la RAI, Raffaella Carrà no se vino abajo. Todo lo contrario. Pocas semanas después, el legendario actor Alberto Sordi acudió como invitado al programa. Y para sorpresa de todos, el popular histrión no dudó en pedirle a su anfitriona bailar el Tuca Tuca. El momento, que aún hoy puede verse vía YouTube, resultó todo un hito televisivo en Italia. Desde entonces más nadie pudo con ella.

A partir de allí, fue una máquina de encadenar éxitos. En 1984 estrenó el programa Pronto, Raffaella, con el cual obtuvo audiencias estratosféricas. Luego vinieron Domenica y Fantastico 12. Después decidió hacer un paréntesis de cuatro años en Italia para irse a España, adonde se llevó el programa Hola Raffaela a Televisión Española (TVE) a comienzos de los años noventa. Así se metió también en el salón de millones de españoles que la reencontraron como a una de los suyos.

Trabajó tanto allí, que hace tres años el gobierno de ese país le concedió una condecoración por su aporte a la cultura española.

Éxito latinoamericano

Alcanzó la fama en España y América Latina a partir de 1976, tras grabar para Televisión Española cuatro programas titulados La hora de…. Además, su programa de entrevistas y concursos Hola Raffaella, en Televisión Española, fue o de los más populares de la década de los 90. Después siguió el éxito de A las 8 con Raffaella y En casa con Raffaella.

Su popularidad la llevó a recorrer con similar resonancia varios países de América Latina, como Argentina, Chile, Perú, México, Uruguay y Venezuela, donde muchas de sus canciones ya eran éxitos. En la nación porteña incluso condujo el programa Raffaella Carrà hoy en 2005.

A Venezuela vino en varias oportunidades para presentarse en Feria de la Alegría (Rctv) y Sábado Sensacional (Venevisión). En 1981, Radio Caracas Televisión la contrató para que grabara cuatro especiales, para lo cual se habilitó todo un estudio de ese canal, en donde se hizo una escenografía que replicó la del show que en entonces ella animaba en Italia, por exigencia suya, pues posteriormente ella misma los exhibiría en la RAI. Por otra parte, ha tenido varias veces a José Luis Rodríguez como invitado en sus programas en Italia y España.

“Hermanita” de la Loren

A finales de 2016, Raffaella Carrà, que había sido coach en la versión italiana del programa La Voz, anunció su retiro “definitivo” de la televisión. “Yo he tenido tanto en la vida… Ahora es el momento de dar paso a las nuevas generaciones”, dijo entonces.

Pero en Italia no querían creer que esta decisión fuese permanente. Y no se equivocaron.

En 2019, a los 76 años, regresó con A Raccontare comincia tu, un exitoso programa de entrevistas (en Venezuela lo transmitió el canal internacional de la RAI), por el que pasaron estrellas de la estatura de la actriz Sofia Loren y el laureado director Paolo Sorrentino, entre otras celebridades del mismo tenor. Allí demostró la misma vitalidad con la que transformó cada uno de sus programas en hitos de la historia de la televisión italiana.

La conversación con Sofia Loren, que el próximo septiembre cumplirá 87 años y que llamaba “hermanita” a la Carrá, fue un intercambio emotivo y único de experiencias e impresiones de dos divas históricas, mitos vivientes de una época excepcional. Raffaella le contó a Sofia que la única ocasión en la que coincidió con Marlon Brando él quiso invitarla a cenar.

“Ese era un embustero”, respondió divertida la actriz.

La diversión, el ingenio, la ironía y el descaro formaban parte del ADN de la recién fallecida cantante y presentadora, capaz de reprender de forma ocurrente al oscarizado director Paolo Sorrentino, quien en su aclamada película La gran bellezza usó la canción En el amor todo es empezar, de Raffaella Carrà.

-Lo regañé: “¿Con todos esos drogados y alucinados me pones a mí?” (en alusión a la escena del baile desenfrenado al ritmo de su música). Aunque debo decir que el remix de Bob Sinclar quedó muy bien.

A lo largo de su carrera, ha sido de las pocas que ha podido entrevistar a personajes tan variopintos como la madre Teresa de Calcuta -a quien recibió con una camisa transparente con cristales de Swarovski-, Madonna, Rafael Alberti, Sarita Montiel y Henry Kissinger, entre infinidad de estrellas.

El nombre de esta artista polifacética, protagonista absoluta de la televisión durante más de 60 años, disciplinada, tenaz y perfeccionista, dentro y fuera del trabajo, ya ocupa un lugar privilegiado en los anales del espectáculo. Como se suele decir en Italia, “nada es eterno, excepto la Carrà”. Y ahora seguirá siendo más eterna que nunca.

 

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