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Ratched: una golosina visual de dudoso valor nutricional

En esta columna, Toti Casanova desgrana los aspectos positivos y los negativos de la nueva serie de Ryan Murphy, que está disponible en Netflix y que protagoniza Sarah Paulson

Ratched: una golosina visual de dudoso valor nutricional

La nueva serie de Ryan Murphy es una cara golosina visual, pero como toda golosina, está llena de calorías y su valor nutricional es dudoso.

La serie de 8 capítulos sirve de precuela o historia de origen de la futura antagonista de la película «Atrapado sin salida» (1975). La enfermera Ratched, interpretada por Louise Fletcher en la película de Milos Forman, papel que le valió un Óscar y aquí por Sarah Paulson, llega a Lucia, un pueblo californiano, donde comienza a trabajar en un hospital psiquiátrico. De apariencia impecable y con un estilo llamativo, esta mujer parece tener una agenda planificada y un incipiente lado oscuro.

Al comenzar la serie, la enfermera es dibujada como un personaje misterioso, del cual no sabemos mucho y asumimos que a través de cada capítulo nos enteraremos de detalles que van revelando quien es realmente y cuál es su objetivo. Sin embargo, antes de terminar el primer par de episodios ya se nos revela todo el arco que transitará, dejando entonces muy poco por descubrir.


El vestuario es una de las fortalezas de la serie

Esta es la tercera producción de Ryan Murphy para Netflix, y a diferencia de la sufrida «Politician» o la ingenua «Hollywood», «Ratched» toma mucho más de su trabajo en «American Horror Story», especialmente de la temporada: «Asylum», pero con un presupuesto visiblemente elevado. Esto es totalmente evidente en el diseño de producción: los sets son amplios, los espacios tienen dimensiones realmente superlativas y hay una buena cantidad de exteriores con vistas fantásticas de las costas californianas.

El peinado, maquillaje y vestuario están impecablemente realizados, quizás al extremo de lo impoluto para ser un hospital psiquiátrico, y es una sensación presente durante toda la serie. No hay absolutamente nada fuera de su lugar, no hay basura en el piso, un rayón en la carrocería, un zapato sucio o una camisa arrugada, todo parece puesto como para una vitrina o un desfile, es la misma sensación que vimos en la ópera prima de Tom Ford,  «A single man» (2009), donde los personajes lucen como si se acaban de poner la ropa en todas las escenas.

Grabada con una alta saturación de color, la fotografía es lo que termina de completar ese aspecto de postales en cada escena. Siempre hay algo hermoso que ver: la ropa, los carros, la arquitectura, los cuerpos, los personajes, cada elemento dispuesto de manera precisa y teatral. La belleza de la imagen se yuxtapone al gore de vísceras y sangre en las escenas violentas. El detalle es que cuando hay tanta competencia en el campo visual, no existe una jerarquía y difícilmente lo dantesco tiene el efecto deseado, pero no por ello deja de ser un colirio para ojos cansados.

Hay un llamado a la inclusión racial, la corrección política y la reivindicación de la comunidad LGBTIQA+. Cinthia Nixon, quien es la mejor del reparto, se luce, hace el papel de una lesbiana enclosetada que trabaja para el lascivo gobernador de California y que siente un interés por Mildred Ratched, quien precisamente trabaja en un hospital que sumerge a las lesbianas en agua hirviendo para “curarles” su “problema”. Claro, las relaciones incómodas es algo a lo que estamos acostumbrados a ver en las producciones de Murphy.

Los hombres caucásicos, al menos los tres principales, el asesino en serie de curas católicos Edmund (Finn Wittrock), el enfermero deforme Huck (Charlie Carver) y el gobernador corrupto George (Vincent D’Onofrio) representan un guiño de privilegios masculinos: Violencia monstruosa, nobleza sin poder y lascivia opresora. Los hombres negros se ubican en papeles amables, confiables y responsables de mantener el orden y la seguridad en el hospital.

Es imposible quejarse de las actuaciones, cada uno de los involucrados hace milagros con el material que le han dado, podemos disfrutar de una Sharon Stone en el papel de una diva (Lenore Osgood), de un misterioso Corey Stoll (Charles Wainwright) de un divertido Jon Jon Briones (Dr. Hanover) o una Sophie Okonedo (Charlotte Wells). Esta última interpreta de manera formidable a una paciente con trastorno de identidad disociativo. Tener excelentes interpretaciones es una marca registrada de los shows con sello Murphy.


Sharon Stone cumple con su personaje 

Pero… las buenas actuaciones no pueden lograr lo imposible, el guion es la falla más grande de este show, no profundiza en los personajes, los hace parecer meros bosquejos de lo que pudieron ser, muchos no tienen propósito, su accionar es ilógico y no contribuye en nada a la trama. Para la mitad de la serie, todo el mundo es un asesino o tiene una relación romántica con otro.  Menos notable es la poca investigación de los escritores acerca de los trastornos mentales y desordenes de cualquier tipo, cualquier patología es presentada de forma burda y caricaturizada.

Lo mejor del guión es lo no hablado y que está expresado en detalles y miradas, unos guiños importantes hacia el cine de Sirk (además del tecnicolor), donde lo sugerido decía mucho más que lo expresado en palabras, como esa escena donde Mildred y Gwendolyn tienen su primera “cita”, largas miradas llenas de silencios mientras comparten un plato de ostras (Referencia obvia al cunnilingus).  También existe una clarísima influencia del cine de Hitchcock, en la banda sonora al marcar el ritmo con estos acordes clásicos que aumentan la tensión, así como el uso de ángulos de cámara desorientadores en las escenas climácicas.


A pesar de su fuerza visual, el desarrollo de los personajes no es adecuado

Ratched es una serie muy fácil de ver, su valor de producción visual elevado hace que no te canses de mirarla, es una delicia. En lo que falla es en su narrativa desorganizada y lo plano de su guion que tiene la fortuna de estar muy bien actuado.

Por acá le damos un 7/10.