Recluso del CPO: "Está feo esto, muy feo"

Los reos del Centro Penitenciario de Occidente protestaron porque las autoridades los hacen pasar hambre no le permiten el acceso a la salud y les roban sus pertenencias.

Los reos del Centro Penitenciario de Occidente (CPO) en Táchira protestaron porque las autoridades los hacen pasar hambre, no le permiten el acceso a la salud y les roban sus pertenencias.

El Estímulo tuvo acceso a familiares y a algunos internos informaron sobre la dura realidad que viven dentro del penal.

El motín se inició durante la madrugada del pasado miércoles 13 de noviembre en el área conocida como el antiguo penal, hoy CPO1, las demás zonas permanecieron en calma.

“Está feo, muy feo esto”, afirmó un recluso que se identificó como Gerson.

Relató que en la protesta se tiene a nueve custodios y ocho privados que iban a salir en libertad, secuestrados.

Gerson informó que durante la revuelta prendieron fuego a la oficina de dirección social, la enfermería y al módulo 1.

Los internos demandaron la presencia de la Ministra de Asuntos Penitenciarios, Iris Varela o su segundo al mando, Wilmer Apóstol.

“Con Wilmer Apóstol, el cabecilla de los tupamaros la situación será peor. No tiene piedad. En sus manos han quedado vidas durante las tomas de penales”, expresó.

Ninguna de estas autoridades se habría presentado hasta el mediodía del jueves 14 de noviembre.

Bernal no resolvió

De acuerdo a los internos del CPO, el representante del gobierno nacional en Táchira Freddy Bernal, habría conocido de la situación, prometiendo resolver.

“Freddy Bernal dijo que envió comida pero es mentiras aquí no ha llegado nada”, señala la comunicación.

A pesar de haber permanecido durante 12 horas sin energía eléctrica la protesta no menguó. «Estamos claros en nuestras exigencias. No estamos muriendo de hambre».

El interno confesó que la presencia del Grupo de Reacción Inmediata de Custodia (GRIC), los aterra: “Puede venir el grupo de asesinos de la ministra, el GRIC”.

El mensaje y a las autoridades es claro, la solución: el suministro de alimentos, asistencia médica y traslado a tribunales.

Todos derechos básicos garantizados por la Constitución venezolana.

Se roban la comida

Quienes se comunicaron con este medio, insisten en afirmar que las autoridades del CPO, se roban todo.

“Les llegan camiones de comida y la directora y el ecónomo la venden. Las custodias se las roban en complicidad con los guardias nacionales”, indicó.

Aseguran que hace una semana llegó al recinto penitenciario proteína animal (una res). “No nos dieron ni un pedacito en la sopa. Solo agua de fideos o arroz sin sabor a nada”.

“Queremos que esta información le llegue a la ministra. La comida la sacan durante la madrugada y los domingos. Aprovechan cuando la población está encerrada”, dijo.

Hablan los familiares

“Es inhumana está situación. No hay comida pero tampoco permiten que nosotros le traigamos ¿los quieren matar de hambre?”, comentó Zulay Ordóñez, esposa de un interno.

Ordóñez, aseguró que su esposo era de contextura media, unos 80 kilogramos al ingresar al penal pero luego de dos años en la cárcel su peso es de apenas 60 kilogramos.

El hijo de Marta Galindo, (nombre usado a petición de la entrevistada) está enfermo, la madre asegura haber entregado los medicamentos a custodios y no aparecen.

“Le robaron las medicinas,  lo poco que la familia le pudo llevar y lo poco que dejan pasar, todo se los roban”, declaró.

La asistencia jurídica es otra de las demandas de la población penitenciaria del CPO.

Piden trasladó al penal de origen, están procesados y han perdido audiencias porque no hay trasporte, no hay gasolina, dijo otro familiar.

¿Dónde están los presos políticos olvidados?

“Mi calabozo hoy en día es mi oficina, es mi lugar de trabajo, leo, escribo y produzco. En lo posible, a diario hago algo de ejercicios y los días de visita preparo todo para recibir a mi familia, lo importante es evitar el ocio. No puedo cambiar mi mundo exterior, pero sí mi mundo interior. Por ninguna razón me voy a domesticar al régimen. Soy un preso político, no un perro”, escribió Iván Simonovis en su libro El Prisionero Rojo publicado en 2013, antes de que le otorgaran la medida de casa por cárcel que aún pesa sobre este comisario condenado a 30 años de prisión por los sucesos del 11 de abril de 2002.

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La falta de comida, humillaciones, torturas y corrupción por parte de custodios y Guardia Nacional, mantienen a los reos violentos y al borde de una nueva revuelta para retomar lo que perdieron en el año 2013: el control del penal.