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¿"Red Avispa" deja a Édgar Ramírez como un comunista?

La película que protagoniza el venezolano, sobre espías cubanos, que se puede ver en Netflix, ha generado más comentarios por la lucha entre castristas y anticastristas que por la verdadera calidad de la obra

¿"Red Avispa" deja a Édgar Ramírez como un comunista?

No tenía entre mis prioridades ver «Red Avispa», cinta protagonizada por Édgar Ramírez, pero la polémica después de un tuit de Pablo Iglesias, sí el político español con colita a lo Agni Mogollón, picó mi curiosidad.

De acuerdo al representante de Podemos, se trata de un «peliculón». Si crees que se debe dudar de cualquier político, pero en especial de uno que tiene tan mal gusto para peinarse en el 2020, pues estás en lo cierto.

«Red avispa» no es, ni de cerca, un «peliculón». La cinta se mueve entre el panfleto y el cine por encargo, que termina complaciendo, obviamente, a los que la encargaron y a los que que se sienten felices con los discursos oficiales o unilaterales. Como Pablo Iglesias.

Pero pongamos contexto. ¿De qué va esta cinta? Pues de unos espías cubanos que se infiltran en organizaciones anticastristas violentas, responsables de ataques terroristas en la isla. Ramírez (René González) es uno de ellos.

Cualquier persona que simpatice con la izquierda, cualquiera que ame a Fidel Castro, cualquiera que odie al FBI y reduzca Estados Unidos a un McDonalds, cualquiera que extrañe la comunidad del anillo formada por Kirchner-Lula-Evo-Chávez, agregará «Red Avispa» a sus favoritos.

Y creo que el director, Olivier Assayas, debe estar contento con la discusión que se ha formado entre castristas y anticastristas, porque la película consiguió un segundo aire cuando su destino seguro era el olvido, debido a la pobreza de su guión, producción, ejecución interpretativa y, sobre todo, dirección artística.

Para comprender lo reaccionaria que puede ser una comunidad con una cinta, basta ver la petición en change.org, para que «Red avispa» sea retirada del catálogo.  “La comunidad cubana del exilio le exige a Netflix que la retire de su cartelera porque defiende a los espías castristas asesinos sentenciados en EE UU”, dice la carta que han firmado más de 18.000 personas.

Sería muy inocente creer que el actor venezolano no sabía las consecuencias que este trabajo le depararía. Sobre todo en un momento tan delicado para los venezolanos, que viven una situación peor que el pueblo cubano representado en la película.

Sin embargo, Ramírez siempre ha dejado muy clara su posición con respecto al país e incluso, en una entrevista sobre «Red Avispa», nombró a Cuba como un régimen totalitario y lo comparó con Venezuela:

Y si no lo hiciera, tampoco sería relevante, porque el cine, hasta el que pareciera más apegado a la realidad, no es más que ficción. De hecho, Netflix lo advierte desde un principio cuando le damos play a «Red Avispa»: «Basado en una historia real». Esas cinco palabras le permiten a cualquier director y guionista jugar con los hechos como quiere, se llama «tomar licencias».

Un actor no tiene que aceptar un papel en función de la empatía con el público. No está obligado a parecer bueno o querido. Si así fuera, nos habríamos perdido de personajes maravillosos, moralmente cuestionables, como el coro que hace vida en «La Naranja Mecánica» o, recientemente, Thomas Shelby (Cillian Murphy en «Peaky Blinders»).

Es muy peligroso el camino que se le está exigiendo al entretenimiento. Esta onda de corrección política, impulsada por movimientos igualitarios, puede culminar en la otra orilla: generando autocensura o mutilando la creatividad. La probabilidad de que la diversión se unifique, debido al miedo de ofender, está a la vuelta de la esquina.

Puede que «Red Avispa» solo cubra un punto de vista, que sea superficial y que incluso blanquee la historia de torturas y maltrato que la oposición vive en Cuba. Pero ese punto de vista es uno de miles que pueden existir en un mundo plural. Pedir que el largometraje sea eliminado o juzgar las decisiones laborales de Édgar Ramírez, bajo un cuestionable crisol moral, no se diferencia de la censura que se aplica en el comunismo y las dictaduras, de izquierda o derecha.

 

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