Rendidos a los pies de Soteldo

Hoy, Soteldo ya maduró. No solo porque su cédula diga que tiene 18 años, sino porque supo asumir la responsabilidad de llevar el peso ofensivo tras la partida de Murillo a Portugal. Entiende el juego sin dejar a un lado sus pinceladas con la pelota y además, anota goles.

Rendidos a los pies de Soteldo

Quedan poquitos en el mundo. No solamente los enganches, esos escoltas de los delanteros que gozan de las libertades que el resto de sus compañeros no tienen, sino los futbolistas pequeñitos, esos que ni se acercan al metro setenta de estatura. Distinto a otros deportes, el fútbol aún permite que los desaventajados en tamaño puedan ser protagonistas. Y le digo “gracias” a quienes en sus manos han tenido la valentía de contrariar la lógica del privilegio del portento físico antes que el talento, esa tendencia que ha afectado lo atractivo del juego.

Al profesor Hernán, aquel técnico del equipo del Barrio A Juro, que lo puso a jugar con seis años de edad. A Rolando Bello, ese gran formador que tuvo el Caracas FC en sus categorías inferiores, por acercarse a la señora Franchy en el Barrio Santa Elena de Acarigua y convencerla para que su hijo, un chiquitito, Yeferson Soteldo, se viniera a la capital a jugar con el equipo de la Cota 905. Y también hay que agradecerle a Noel Sanvicente, porque a pesar de lo indisciplinado que era el chamo, le dio la confianza de que terminara de formarse en Zamora.

Luego de la segunda estrella obtenida por el equipo barinés, llegué a preguntarle a Chita qué haría si Pedro Ramírez, el “10” que tenían los federales y que había sido el líder de aquel equipazo, era vendido al extranjero. “No me preocupa”, me contestó sin dudar. “Tengo uno mejor, le dicen ‘manzanita’ (mote que el muchacho odia), tiene 16 años y está listo para jugar en Primera”. ¿Mejor que Pedro Ramírez? ¡Tenía que ser un fenómeno!… pues el ahora seleccionador, parece haber tenido la razón.

Pulido en la inagotable cantera zamorana, con apenas diecisiete años apareció en un equipo que trataba de no conmocionarse por la salida de Noel a la Selección. Me recordaba por su físico y su juego a aquel marplatense llamado Martín Eugenio Brignani que hizo estragos con la camisa de Estudiantes de Mérida y de Italchacao. Habilidoso, gambeteador, preciso en el pase, veloz. Sus primeros partidos continuos en Primera le sirvieron para darse cuenta que en el fútbol no siempre triunfa la gente como él, sino el inteligente y el que “sabe jugar”. Por eso, le tomó tiempo asentarse en la titular. Los reflectores se seguían posando sobre su compadre Jhon Murillo mientras él seguía familiarizándose con el juego.

La Copa Libertadores 2015 fue el punto de quiebre. En una campaña internacional nefasta para Zamora, el menudo volante comenzó a asumir más responsabilidades en el equipo que manejaba Julio Quintero. Estaba comprendiendo que el resultado depende de lo que haga el colectivo y no de lo que quiera hacer él nada más. En la humillante derrota ante el linajudo Boca Juniors en La Bombonera, fue capaz de sacar elogios de la prensa internacional por su desempeño.

Hoy, Soteldo ya maduró. No solo porque su cédula diga que tiene 18 años, sino porque supo asumir la responsabilidad de llevar el peso ofensivo tras la partida de Murillo a Portugal. Entiende el juego sin dejar a un lado sus pinceladas con la pelota y además, anota goles. Ya tiene siete en el Adecuación, todos de brillante factura.

Hay que seguir teniéndole fe al fútbol. Jugadores como Yeferson se ven cada vez menos y cuando aparecen, generalmente se los tragan los sistemas. El fútbol nacional hoy se rinde a sus pies y yo quiero que él siga haciendo lo que sabe hacer, sin que el humo de la fama asfixie un cerebro que se va acomodando en su lugar con el pasar del tiempo.

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