Richard Páez: Si la Vinotinto juega solo con chamos, también los van a quemar

El ex seleccionador de la selección venezolana no comulga con quienes creen que Rafael Dudamel deba realizar el recambio generacional en plena competencia de eliminatorias. "En la mayor se busca ganar, no formar", dice.

Richard Páez: Si la Vinotinto juega solo con chamos, también los van a quemar

Páez ha tomado impulso después de media hora de conversación y se nota que su corazón se inflama cuando tiene que hablar solamente de fútbol, y no de los términos legales y elecciones en la FVF, como lo hizo en la primera parte de la entrevista.

– ¿Le pasó que formó parte de un equipo en el que sumaban calidad individual, pero no se daban resultados, como le sucede hoy a la selección nacional?

Fue en la etapa de «La Cenicienta». Teníamos jugadores de calidad y categoría, pero no podíamos dar resultados en la cancha. Y la explicación era clara: no teníamos un manejo del punto de vista técnico-táctico, que nos colocara a nivel de los competidores que enfrentábamos. No teníamos tampoco una organización que nos respaldara como para superar internamente ese objetivo. El fútbol venezolano, por lo que sea, ha progresado en varias etapas en relación a lo que vivimos, aunque no es suficiente, porque no ha habido una infraestructura desde las bases.

– Aunque se han dado algunos resultados

Las hazañas, triunfos en Copa Libertadores, Suramericana o en la Vinotinto, son chispazos. No se mantienen en el tiempo porque la Federación Venezolana de Fútbol no entendió lo que sucedió en 2001. Esa fue una selección que se transformó a sí misma, sin apoyo, sin ayuda, sin aportes y de repente todo el mundo se identificó con ese fútbol. Luego llegaron los patrocinantes y el apoyo de la gente. La FVF no fue capaz de reproducir ese éxito en las bases. Hoy, después de 15 años de aquel eclipse vinotinto, reaparecen los errores en un equipo que marcha último en las eliminatorias. Eso lo que da a demostrar es que si no hay en la mente de nuestros dirigentes conceptos claros, por más que haya operarios, trabajadores, gente con capacidad, no se va a lograr una transformación que perdure en el tiempo.

– ¿Ve mucho fútbol?

Los fines de semana, cuando no estoy en campaña. No he podido ver mucho fútbol venezolano, porque simplemente no lo están pasando por televisión, otra falla frecuente en el fútbol nacional. En todo caso, veo que hay un fútbol muy distante entre el internacional y el doméstico.

– Lo digo porque hay equipos como Chapecoense (Brasil) e Independiente del Valle (Ecuador), que demuestran que más allá de la poca historia o calidad, si se juntan algunas variables, se puede llegar lejos en copas internacionales. A Venezuela, sin embargo, no le pasa eso.

Recuerda 1999, cuando Estudiantes se metió entre los ocho de Suramérica sin ningún tipo de apoyo económico. Recientemente hubo un paso con La Guaira, eso sucede en el fútbol porque cada cierto tiempo hay relámpagos que son esperanzadores.

– Eso sucede, ¿porque son momentos puntuales del equipo, por el director técnico, por una tormenta perfecta?

Cuando hay un grupo de hombres que concretan una idea, la ajustan, la desarrollan con convicción, con capacidad idónea, puedes lograr resultados que parecieran insólitos. Brasil, Argentina, Colombia, Uruguay, que tiene tantos años en organización estructural, se preguntaban cómo era que un equipo venezolano le ganaba en Copa Libertadores. Ellos no entienden eso, porque Venezuela no tiene un club organizado,¡uno! No hay canchas en el país, no hay capacitación de entrenadores permanente, ¿cómo es posible que un equipo venezolano nos pueda ganar? Esa era la reacción de la mayoría de las federaciones cuando la selección que dirigía empezó a ganar y salieron técnicos como Víctor Púa, Juan Carlos Uribe, Markarian, Maturana. Los que iban perdiendo con Venezuela, eran despedidos como una consecuencia de ello. Entonces nos vieron como un país emergente, protestón, rebelde e irreverente. Pero sin estructura, era imposible mantener esos resultados.

– ¿Le gusta el llamado octogonal, que define a los finalistas del torneo venezolano?

No me gusta el formato y es uno de los pilares del cambio que estamos presentando al país. Tenemos que cambiar ese modelo competitivo, desde las bases hasta el profesional. Se necesita un modelo parecido a lo que sucede afuera. Hacer un torneo eliminatorio en el que clasifican 8, es un avance. Porque en un torneo continuo, en el que solo llegan bien dos al final, está bien para otros países, como España o Alemania. En Venezuela no, porque a mitad del torneo ya se sabe que hay dos o tres equipos que están peleando y los demás están afuera. Se vuelve competitivo en las últimas jornadas. Yo hablo de partidos competitivos los que no se pueden perder. Es decir, sabemos que en el juego hay tres resultados: ganar, empatar o perder, pero los competitivos son los que no se pueden perder, porque si pierdes, te sacan del torneo o de la posibilidad de ganar algo.

– Como le sucedió al Carabobo

Carabobo hizo un gran torneo y después de llevarlos a todos de mano, en solo dos partidos competitivos quedó fuera. Porque el primero puede perder contra el octavo, como en efecto sucedió y Zulia pasó, pero eso no es justo.

– ¿Cómo lo arregla?

Habría que hacer dos cuadrangulares. En el que al menos un equipo enfrente 6 partidos, 3 de local y 3 de visitante. Eso genera una expectativa grande y desde el punto de vista económico, mejora todos los números, porque están peleando por un cuadrangular-semifinal. Luego, en un cuadrangular se vuelven a realizar 6 partidos, de alto nivel y de mayor aporte monetario. Y terminaría con una final, con los dos que quedan. Eso quiere decir que habrían 14 partidos competitivos y 7 de local para cada club. Eso garantiza ingresos, mejora la competencia y le da al futbolista venezolano un nivel que no está acostumbrado. Ahí sí diríamos que estamos en un nivel competitivo. Ese modelo debería repetirse hacia abajo: segunda división, tercera división y torneo sub-20.

– En ese formato habría que reducir la cantidad de Primera 

La ideal es 16. Porque garantiza que la mitad pueda conseguir o luchar por un resultado: una competencia internacional. Para los otros 8 es una competencia competitiva también porque deben luchar por no descender (dos equipos), y permite un rango de 6,  que fluctúan arriba o abajo. Siempre va a haber competencia. En segundo lugar, 16 va a generar una etapa que aún no se ha trascurrido en el fútbol venezolano: el Campeonato de Reserva; debería haber entre la primera y la segunda división, un torneo entre jugadores con características particulares. Hay que pensarlo bien para que esos jugadores, que pueden jugar en primera o en segunda, en el momento que no sean convocados, tengan actividad. Porque son jugadores que a lo mejor no tienen chance de jugar ni estar en la banca, pero están un peldaño por arriba para estar en segunda. Creo que ahí, con esos jugadores, se puede hacer una competencia provechosa para todos. Colombia y Argentina lo han hecho.

– De los equipos de Primera, ¿cuál es de su gusto?

Zamora, en la etapa anterior. Era el equipo que estaba haciendo lo más parecido a lo que se jugaba en el mundo. En esta última etapa ya no, volvió a caer en lo típico del fútbol venezolano.  Lo de Carabobo demuestra que no es mentira, el fútbol venezolano está muy atrasado. Las canchas no ayudan tampoco.

– Voy de nuevo, ¿qué hacemos?

Tenemos que desarrollar un torneo que se juegue domingo-miércoles-domingo. Tiene que haber un aumento en esa particularidad para que se desarrolle la competencia del jugador venezolano. Además, una federación seria debería contar con un programa de formación, que traiga, aunque sea una vez al año, ponentes. Hablamos de fútbol posicional y aquí mucha gente lo interpreta a su manera. La FVF podría traer profesionales que vengan a hablar para un target específico: entrenadores de primera, de segunda y de tercera división, e incluir a técnicos de la sub-20, femenina y masculina. Allí se puede hablar de fútbol posicional, de fútbol sinergético, del pensamiento cognitivo, de la estimulación neurocortical, que debe tener el jugador profesional constantemente. Es decir, una serie de conceptos que hoy son normales afuera de nuestras fronteras y que en Venezuela parecen chino.

– Eso es desde el punto de vista intelectual, ¿y en la formación?

Nosotros estamos estimulando a los niños de 6 a 12 años, con una serie de actividades integradas, que requieren una respuesta rápida.  Por ejemplo, tienes que resolver una jugada con la pierna derecha y debes agarrar una pelota con la mano izquierda, luego corres y le gritamos el color del cono que debe tocar en pleno movimiento y finaliza con una acción, con los ojos cerrados, en la que trata de recordar dónde quedó la pelota azul. Una serie de actividades que llevan ya cuatro o cinco años en otros países y aquí ni se conocen. Todo esto lo tienen que elaborar hombres de fútbol. Hoy tenemos en la Federación, personajes toderos, y eso contribuye a los actuales resultados de la Vinotinto.

– De los equipos de afuera del país, ¿qué le llama la atención?

Barcelona me gusta porque lo asocio con mis ideas; el Bayern de Guardiola, que ya era un fútbol de avanzada, haciendo rotaciones en posiciones y funciones. No me atrapa el fútbol del Real Madrid, pero destaco sus en transiciones rápidas y efectivas y el Atlético Nacional. Me gusta porque ese fútbol del campeón de Libertadores es el que quise dar en Mineros y en la selección. Esa serenidad con la que juega cada jugador en cada posición es consecuencia de un fútbol con convicción de tareas. Ese tipo de equipos me llenan, me satisfacen, porque concluyes que hay un montón de hombres, que sin conocerse, comparten criterios.

– Hablando de Atlético Nacional, es interesante que en el mundo se hable de la calidad de Alejandro Guerra y su aporte a ese título de Libertadores y en Venezuela se diga que ya no deben llamarlo porque no va a llegar a la otra eliminatoria. ¿Debe Rafael Dudamel olvidarse de los Guerras, Vizcarrondos, Seijas…?

– Es un concepto erróneo. No he visto a ninguna selección del mundo, que haga un proceso en la categoría absoluta. Allí no se hacen los procesos. En la absoluta se buscan resultados. Los procesos se hacen en la sub-20 y sub-17. Si tu quemas a la generación actual, sentando a jugadores porque no se están dando los resultados, estás equivocado en el diagnóstico y no en la solución. Porque si tu quemas a Tomás Rincón, a Alejandro Guerra a Oswaldo Vizcarrondo a Luisma Seijas… a esos jugadores que están cercanos a los 28 años y le das a la oportunidad a los Peñaranda, Añor, Velázquez… quemamos a dos generaciones en una. Porque los procesos se dan con resultados no con malos resultados. Si hasta ahora, con esta generación, que es la mejor generación que hemos visto, se pierde y luego los intercambiamos y continúan perdiendo, quemamos todos los recursos disponibles de una sola vez. Quienes piden esos enroques drásticos no usan la lógica. Es una petición emocional. Ahora, esa transición tampoco puede servir de excusa para que alguien se atornille en un cargo, como director técnico.

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