"Sanpa: pecados de un salvador", la nueva joya que esconde Netflix

La nueva docuserie disponible en el servicio de streaming aborda la historia de un hombre que abrió las puertas de su casa a los desechados por la sociedad italiana, pero que terminó consumido por el propio personaje que creó. Pero también es una reflexión sobre un problema que está lejos de resolverse: el tratamiento de la drogadicción

"Sanpa: pecados de un salvador", la nueva joya que esconde Netflix

¿Te suena el nombre de Vincenzo Muccioli? Si eres ajeno a la historia de Italia, sobre todo a la que se vivió entre los 80 y 90, probablemente no. Pero después de ver  «SanPa: pecados de un salvador», buscarás más información sobre este hombre que, en pleno descontrol de la heroína, ofreció una verdadera ayuda a los desechados por la sociedad italiana.

«Sanpa» tiene un arranque muy parecido a «Wild Wild Country», el famoso documental sobre el gurú Bhagwan Shree Rajneesh (Osho). Tenemos a un hombre carismático, que le tiende la mano a los drogadictos y abre las puertas de su hogar, en San Patrignano, para que se curen. En principio, sin ningún costo a cambio. Pero pronto comprenderemos que esta ayuda no es de gratis.

Sin embargo, a diferencia de «Wild Wild Country», «Sanpa» muestra rápidamente que algunos de los excesos que se vivían puertas adentro, la violencia, por ejemplo, no solo eran de dominio público sino que incluso eran aprobados por los propios familiares de los recluidos.

“Las bofetadas que dio Muccioli son esas bofetadas que nosotros, padres progresistas, lamentablemente no tuvimos el valor de dar”, dice Paolo Villaggio, un actor popular, que tuvo a su hijo en la cuestionada institución. Esto en referencia a unas denuncias del trato duro que tenía Muccioli con algunos enfermos, si no cumplían las estrictas reglas del establecimiento. Dichas reglas incluían encadenamientos en lugares inapropiados para los seres humanos.

Lo que convierte a «Sanpa» en un documental diferente con respecto al típico guion del líder que se vuelve loco o ambicioso, es que el desarrollo de la historia se alimenta de una gran cantidad de voces que permiten hacernos preguntas importantes sobre el bien común e individual, la libertad, la democracia y las consideraciones que debemos tener sobre una enfermedad tan complicada como la adicción a las drogas.

Lo dice uno de los personajes más entrañables de la docuserie, Fabio Cantelli, ex drogadicto y ex oficial de prensa de San Patrignano: «Debemos tener el coraje de mirar todo esto sin utilizar el bien y el mal en valores absolutos”.

Si el estado no te ofrecía ayuda, si los costos para la desintoxicación (monetarios y sicológicos) no podían ser asumidos por las familias, ¿por qué no sería bienvenida la colaboración de Muccioli? Porque además de todo, el método aparentemente funcionaba. Para comprender la dimensión del problema, la heroína en Italia se había convertido en un negocio tan rentable a mediados de los 80, que se expandió hasta ser el primer proveedor de esta sustancia en Estados Unidos. El gobierno de Ronald Regan tuvo que trabajar codo a codo con el Sandro Pertini para frenar este mercado y las mafias italianas.

En ese contexto, a nadie parecía importarle que decenas de drogadictos murieran en las calles o deambularan como zombis. En un punto, los propios afectados acampaban en las afueras de San Patrignano, para que les aceptaran y así evadir la muerte. Entonces, una casa que estaba diseñada para recibir a un centenar de personas, se convirtió en el hogar de miles.

Después de las discusiones éticas, «Sanpa» propone una revisión de las dinámicas del poder. Muccioli, como cualquier populista, fue ganando terreno y eso le llevó a moverse en territorios grises. Estamos hablando de un hombre que recibió millones de euros para seguir adelante con su proyecto. Su principal aliado en lo económico fue Gian Marco Moratti, accionista del Inter de Milan. De hecho, en el documental se muestran clips de partidos amistosos para recaudar fondos para la institución, entre el club profesional y una selección de San Patrignano. Pero dentro de la institución, cedió el poder a personas sin ninguna preparación y con disposición a la violencia.

¿Fue Muccioli un visionario, que utilizó su centro de rehabilitación para convertirse en uno de los hombres más poderosos de Italia? O, ¿Muccioli fue consumido por su ambición, tras un inicio motivado por las buenas intenciones? Esa es una conclusión que los creadores de la serie, Gianluca Neri, Carlo Gabardini y Paolo Bernardelli, sabiamente dejan en manos del espectador.