Si Marilyn Monroe tuviera Iphone y le cantara a Donald Trump

Labios carmesí, piel pálida, cabello abombado y alborotado, curvas peligrosas y un lunar que marca el camino hacia la fama. Marilyn Monroe fue muchas cosas y ninguna a la vez, su nombre aventajó a su talento, y el estereotipo se rompió a sí mismo para crear otro que le sermoneara.

Puede que la primera sex simbol conocida a priori, una rubia con todas sus letras, fotografiada hasta las pantorrillas, sensual pero no pornográfica, hubiera transitado un camino diferente en el siglo XXI. De estar viva estaría cumpliendo 90 años, quien sabe si sumida en un cliché de adicciones o conservada en una bola de cristal como Madonna.

Su sombra rubia multifacética y despampanante pasaría desapercibida en un presente en donde lo extravagante y disconforme marca el ritmo acelerado de las calles. Aquella época de los 50 en la que el sueño de toda mujer era tener hijos y casarse fue desplazada por revoluciones tecnológicas y desapegos emocionales. Lo atípico sería que no le cantara «Happy Birthday» a John Fitzgerald Kennedy y que en sus películas demasiada ropa tapara los «spots» indicados.

Si Marilyn estuviera viva ostentaría el status de ese estereotipo que ella misma se encargó de romper. «Diamond´s are the girl´s best friend» no sería su canción insigne, y tal vez «iphones are the girls best friends» sería más adecuado.

No le habría pedido matrimonio a Einstein sino al republicano más odiado, Donald Trump. No leería la biografía de Abraham Lincoln sino la de Snowden. Tal vez tuviera más nominaciones fallidas al Óscar que Di Caprio, o se hubiera pasado la máquina como Britney Spears en sus días más oscuros.

Pero este no es el caso, Marylin Monroe nació y vivió para romper estereotipos, y décadas después su figura sigue siendo uno de los máximos ícono sexuales occidentales a diferencia de otras actrices de su generación que tuvieron similar éxito, tal vez porque a medida en que las famosas envejecen pierden su admiración como mujeres-objeto, o porque la inmortalidad de la juventud es más atractiva que la de las ideas.

Contra la convención que la situaba como la clásica estrella de Hollywood, los diarios de vida de Monroe revelan a una mujer profundamente reflexiva y con un nivel muy alto de autoexigencia. Y esa voz es diametralmente opuesta a la pin-up en dos dimensiones con la que la acreditaron.

El fragmento

Norma Jeane Baker vivió bajo la sombra de Marilyn, la sexy rubia platino del Hollywood de los 50 que murió en agosto de 1962 a los 36 años, víctima de un complot o de una crisis personal que pudo acabar en suicidio. Lo que de verdad ocurrió jamás se ha develado del todo.

“Cuando tenía doce años me ponía una camisa ajustada y un suéter; los ojos de los chicos me taladraban, me silbaban (…) A esa tierna edad reventé en todas direcciones, por delante y por detrás. Mis pechos ya estaban brotando y por detrás mi pequeña prominencia se hacía cada vez más firme y redonda (…) A los trece, todo el mundo decía que parecía que tenía dieciocho, y los muchachos de veinte intentaban quedar conmigo”. M.M