Si no motivas, no desmotives

El coach Ricardo Adrianza da claves para no permitir que ese flagelo laboral que es la desmotivación, alcance a nuestro equipo de trabajo

Si no motivas, no desmotives

¿Te ha pasado que, en medio de un proyecto retador, te alcanza la desmotivación? O, peor aún, ¿a la persona que lidera el proyecto –el líder– lo sientes abatido y totalmente desconectado? Si has vivido ambas situaciones, con seguridad has sentido los rigores de la desmotivación.

Este “flagelo laboral” es, lamentablemente, una constante en las organizaciones. Enderezar la ruta en estos casos supone una carrera de obstáculos que implica un alto grado de disciplina.

Las causas son muchas, pero diría que las más relevantes son: logros que pasan desapercibidos, ambiente laboral pesado, falta de comunicación, liderazgo poco empático, reglas poco claras y lógicamente, el desajuste económico entre lo deseado y la realidad.

Bajo ese mar de desencuentros, fácil es desmotivarse. Esto sin incluir el factor personal y familiar que tantas veces influye en el rendimiento. La situación venezolana ha dado para mucho y en la actualidad un joven profesional se ha convertido en padre de sus padres –en el aspecto económico– y ha dejado de lado las mieles del disfrute pleno de su juventud.

Un líder desmotivado es alguien que seguramente tiene un equipo desmotivado que lo desafía. Son comunes los problemas que esta situación arrastra y por demás, perjudiciales para la organización. El ausentismo, la baja productividad y los conflictos en el equipo son algunos ejemplos. Un caos que puede acarrear consecuencias insalvables, que generan desgaste y sobreviene la frustración.

Foto Andrea Piacquadio / Pexels

Como dije antes, cuando la motivación está ausente hay que darle paso a la disciplina. Buscar un algo que nos conecte con la acción. En medio de la angustia que genera estar desmotivado, planear tus actividades reconociendo este factor es más que necesario y sería mi primera recomendación.

Luego, toma en consideración pequeños detalles que no solo te sirvan para escapar del rigor y presión que sientes para cumplir con tus responsabilidades, sino que te permitan avanzar en la construcción de equipos motivados. ¡Si no motivas, no desmotives!, e incorpora algunas reglas que seguramente encausarán tu gestión como administrador de emociones y tareas.

Promesas irreales

Evita prometer cosas que no vas a cumplir. En contrapeso, crea oportunidades de crecimiento y desarrollo personal.

No hay mayor estímulo para un colaborador hambriento de aprendizaje que abrir espacios de participación en proyectos especiales que incentiven la creatividad y curiosidad de los jóvenes colaboradores y, en consecuencia, su desarrollo integral como profesional.

No impongas tu criterio

Si hay un activador de la desmotivación, imponer tu criterio por jerarquía es uno de ellos. Por el contrario, debes procurar incentivar la participación de tus colaboradores y servir de moderador en la formación efectiva de opiniones.

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Toma en cuenta lo que dicen y motiva siempre su participación. Al moderar la conversación, conviértete en un coach que acompañe y estimule las ideas y de estas, definir la conclusión. Muchas veces nos sorprendemos de los avances e iniciativas que, a posteriori, se suscitan generando este tipo de dinámicas.

No asumir responsabilidades

Rehuir de tus responsabilidades como líder es otro de los elementos que erosiona la influencia del liderazgo. Por supuesto que un líder puede estar pasando por un mal momento, es humano y pasa. Pero, aun así, dar la espalda a la dirección de un proyecto deja en el equipo un vacío muy grande y peligroso.

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Si esto pasa, mi recomendación es que te muestres tan humano como eres, sin entregar el timón de la responsabilidad que tienes. Esa “flaqueza emocional” a la postre dará sus frutos. Así que, comunica y transmite tus expectativas, se accesible y cercano.

Robarse los logros

Como colofón, un aporte perverso que intensifica la desmotivación es atribuirse los logros que corresponden al esfuerzo de todo el equipo.

Muy al contrario, tu actuación debe estar centrada en reunir a tu equipo, acompañarlo en los diseños, asumir los errores y reconocer sus aportes en cada oportunidad que se presente. No hay mejor vitamina que una “palmadita” en la espalda y la palabra sincera de agradecimiento.

Por último, y para concluir, celebra los logros. Con celebrar los logros no me refiero únicamente a esperar hasta el final. Para motivar es muy importante estar en constante inmersión y reflexión en cada uno de los hitos planteados en cualquier proceso.

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Celebrar y expresar con sinceridad y entrega los logros comunes, apoyará firmemente a la consecución de los objetivos de la organización que representas, y mejor aún, al desarrollo de profesionales íntegros y preparados para regular sus emociones.