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Sillas Vacías: Recordando a las #VictimasSinJusticia de la represión

Este viernes 11 de septiembre a las 9:30 de la mañana, organizaciones defensoras de derechos humanos y de familiares harán un acto en línea para recordar a 258 víctimas de ejecuciones extrajudiciales, en su mayoría jóvenes que perdieron la vida en el marco de la represión a las protestas de los años 2014, 2017 y 2019. No es solo un recordatorio, también es una manera de seguir exigiendo justicia

Sillas Vacías: Recordando a las #VictimasSinJusticia de la represión

Venezuela. 2017. El año nuevo traía el desánimo tras la suspensión del referendo revocatorio presidencial, la postergación sin fecha de las elecciones de gobernadores y la pausa de las negociaciones entre el chavismo y la oposición. En marzo, la Organización de Estados Americanos publicó el segundo informe sobre la crisis venezolana haciendo más evidente para el mundo los fracasos del gobierno de Nicolás Maduro.

Mientras, dentro del país, el Tribunal Supremo de Justicia emitió su sentencia 155 del 27: desmantelamiento definitivo de la Asamblea Nacional, otorgando al Ejecutivo la potestad para legislar en materia penal. Una sentencia en contra de la Constitución venezolana y que anulaba al Poder Legislativo.

Esto, en lo político. En lo económico y social, se agravaba lo que entonces creímos no podría agravarse más: hiperinflación, escasez de alimentos y medicinas, inseguridad, y deterioro en el funcionamiento de los servicios básicos.

Los partidos opositores convocaron a una protesta pacífica en repudio a la sentencia del TSJ el 4 de abril. La protesta duró hasta el 30 de julio.

2020. Aquellos cuatro meses de persistencia pacífica siguen siendo las cifras más dramáticas de protestas en la era chavista: 6.729 manifestaciones, 56 cada 24 horas, según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social. 2.049 heridos, según Luisa Ortega Díaz, pero más de 10.000 según los dirigentes opositores. 5.326 detenidos, según el Foro Penal Venezolano, muchos de los cuales fueron heridos y torturados tras su detención, y algunos pueden considerarse desapariciones forzadas.

Apenas 33 funcionarios policiales y militares detenidos y presentados ante los tribunales. Más de 1.600 investigaciones emprendidas por el Ministerio Público que refuerzan las denuncias ante la Corte Penal Internacional de La Haya en contra de Maduro, Padrino López, Reverol, González López y Benavides Torres por crímenes de lesa humanidad, por confundir la protesta ciudadana pacífica con una guerra militar.

163 muertos en catorce estados, en su mayoría estudiantes, es la cifra de esta historia, pero no el final.

Sillas Vacías, #VictimasSinJusticia

Este viernes 11 de septiembre a las 9:30 de la mañana, el homenaje Sillas Vacías #VictimasSinJusticia del Movimiento Vinotinto se lleva a cabo online. Más que el recordatorio y la reivindicación de los caídos, la actividad en la que participan Movimiento Vinotinto y una docena de organizaciones, es una insistencia por la reparación de las víctimas de la represión durante la presidencia de Nicolás Maduro, es decir, la exigencia del debido proceso de las 258 víctimas de ejecuciones extrajudiciales en el contexto de las manifestaciones, de las cuales 43 corresponden al 2014, 157 al 2017 y 58 en el 2019.

El comunicado del movimiento, además, solicita al Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas la ampliación del mandato de la Misión de determinación de los hechos creada en el 2019.

Sillas Vacías

José Gregorio Pernalete, papá de Juan Pablo, enfatiza la importancia de la actividad del 11 de septiembre para Venezuela y para la comunidad internacional: “Nos hemos dedicado en cuerpo, tiempo, alma, corazón y vida a encontrar la justicia no solamente por Juan Pablo, sino por los muchachos que asesinaron durante esas manifestaciones en el año 2017”.

Esto es, en palabras de Rosa Orozco, mamá de Geraldine Moreno, la exigencia que inició en el 2014: “Lo que queremos es la verdad de todo lo que pasó. Que estas personas que han cometido estos asesinatos digan qué fue lo que pasó, cómo pasó y por qué pasó, quién los llamó, quién los obligó a venir, quién les obligó a disparar, por qué está pasando todo lo que está pasando, por qué hicieron todo lo que hicieron. Es muy importante que se sepa para que no vuelva a suceder en Venezuela. Jamás he visto tanta crueldad, ni tanta impunidad como en este momento”.

Insistirle a la memoria, sobre todo a la nacional, es necesario: “Cuando pasa el tiempo y nada avanza, pareciera que el olvido es la opción, pero al olvidar a cada uno de ellos, estamos olvidando cientos de esperanzas, de futuros truncados y estamos dejando la puerta abierta para que estos casos sigan sucediendo, para que una familia llore, para que un asesino siga suelto”, advierte Damary Avendaño, mamá de Nelson Arévalo.

Por su parte, David Vallenilla, papá de David José, insiste: “Esa silla vacía no solo estará el 10 de septiembre, está siempre vacía. Pero los ausentes siguen luchando a través de nosotros, ellos nos dieron una lección de coraje y gallardía, y tenemos que decirle al mundo que siguen luchando y que en Venezuela existe un ataque sistemático desde el año 2014 a la población disidente por un régimen totalitario que viola los derechos fundamentales”.

Recordemos entonces. Al menos a siete chamos capitales. Y con ellos, a cada una de las víctimas de la represión que aun en el 2020 siguen aumentando la peor de las cifras.

Como advierte Elvira Llovera de Pernalete: “Esto todavía sigue pasando”.

Yoinier Peña, el primero de Lara

Le dispararon el 10 de abril en Barquisimeto y murió el 3 de junio por falta de medicamentos como si no hubiesen bastado las 54 hospitalizaciones que había tenido en toda su vida.

Pese a la parálisis cerebral infantil que le dejó un retraso psicomotor general, logró caminar durante sus 28 años. Jorobado, pero siempre hacia adelante y bailando las zaragozas y tamunangue. No aprendió a leer ni escribir, tampoco a hablar, pero lograba comunicarse con señas y hasta hacerse fotos con políticos del chavismo y de la oposición. Eso sí: solo con los que él consideraba famosos. Quizás, tan famosos como él. Lo llamaban “Jujú” como el sonido de lograba emitir para saludar.

En su propia manera de entender lo bueno y lo malo, una vez, estando en la cola del supermercado, vio que un guardia nacional no quiso darle un número a una viejita conocida para que hiciera su compra. Yonier pidió la cédula a la señora, la tomó de la mano y fueron hasta donde estaba el guardia. Como pudo, exigió el número para la señora y lo logró. Y minutos más tarde, olvidó su heroicidad y los aplausos que recibió.

Esperaba el bus para ir a casa sin saber ni entender que cerca de allí, iniciaba una concentración opositora. Fue herido por un disparo en el intercostal derecho que le ocasionó daños en la médula y en los intestinos. Eran cuatro hombres vestidos de negro a quienes no se les veía la cara: “Presumen que fue el llamado del diputado Jesús Superlano del PPT, que es de los colectivos”, cuenta Yaneth Hernández, su mamá.

El caso de Yonier, de “El Ángel de Yaneth”, sigue donde inició hace 39 meses: en fase de investigación, aun siendo la primera víctima de violencia armada del estado Lara en el marco de las manifestaciones en las que él ni siquiera participó.

Juan Pablo Pernalete, el de la Unimet

Fue asesinado en Caracas el 26 de abril e inmediatamente el gobierno de Maduro lo llamó “terrorista”, “delincuente” y “criminal”. Lo cierto es que tenía 20 años y era estudiante becado de la Unimet, basquetbolista de la sub-20 de Miranda y fanático de las Panteras de Miranda, protector de la justicia, de la libertad y de perros y gatos, youtuber y “el profe de básquet” en una escuela cerca de su casa. Hasta fue modelo cuando su amigo fotógrafo necesitó uno.

Días antes de morir, había lavado las manos ensangrentadas de un chamo. Mientras lo hacía, el chamo le contó que su mamá estaba enferma y que no tenían qué comer. Juan Pablo llegó a casa contando lo sucedido a su mamá y cerró la historia diciendo: “Mamá, si él está allí, yo también voy a estar”.

Sillas Vacías

Días después, Juan Pablo se molestó al ver el video de un chavista comiendo pescado. Quizás recordó a ese chamo y a todos los que no podían comerlo. Y una vez más, salió a manifestar. Estaba a punto de cerrar su propia historia.

Lo asesinó un guardia nacional al dispararle una bomba lacrimógena directa a su pecho a corta distancia. No fue por una bala de perno disparada por sus compañeros.

Desde entonces, mamá y papá han asistido semanalmente a la Fiscalía para seguir solicitando la incautación de elementos de prueba que ubiquen al guardia asesino. Han pasado por catorce fiscales y uno les dijo que Juan Pablo era un “guarimbero”. Los testimonios de estos papás han llegado hasta la OEA y la CIDH, pero el caso de su muchacho “está engavetado”.

Miguel Castillo, el de la arepa

Fue asesinado en Caracas el 10 de mayo. El comunicador social tenía 27 años y ganas de emprender un postgrado de periodismo deportivo. Un gusto derivado de su fanatismo por los Leones del Caracas y el Caracas Fútbol Club. Dice su hermana Luisa que era reilón hasta en los días malos y tan comelón que por él se creó la tradición familiar de los domingos de panquecas hechas por Luisa.

Pero ese día no hubo panquecas y prefirió no comerse la arepa que cargaba consigo para dársela a otro chamo. Quizás sabía que al volver, cenaría otra rellena con jamón y queso.

Lo asesinó un proyectil disparado por un guardia nacional que le perforó el brazo izquierdo y penetró su tórax.

Su caso está cerrado para las autoridades, pero no para su familia: aun esperan la copia del expediente que ya pagaron. El país también espera.

Neomar Lander, el de la cara tapada

Fue asesinado en Caracas el 7 de junio. Tenía 17 años y recién se había graduado de bartender. Aunque no le gustaban las matemáticas, quería estudiar ingeniería, pero sin dejar de jugar fútbol. En sus ratos libres, ayudaba a su papá en el taller de motos y en las vacaciones, trabajaba como recreador de planes vacacionales. Era tremendo bailarín de merengue y reguetón, y ya le había pedido a su mamá, Zugeimar Armas, que le enseñara a bailar salsa.

A las rumbas, a casa de sus novias y a las manifestaciones salió acompañado por Dios, la Virgen y la bendición de su mamá. Si las protestas no eran pacíficas, no iba a tener el permiso de su mamá, ni bendición, ni torta de chocolate, ni nada.

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Murió por una bomba lacrimógena que le arrojó un policía nacional bolivariano y que le estalló en el pecho. Insisten en que fue mientras maniobraba un mortero.

El caso de Neomar sigue a la deriva, aunque no su frase: “La lucha de pocos vale por el futuro de muchos”.

Nelson Arévalo, el de Barquisimeto

Fue asesinado en Barquisimeto el 16 de junio. Tenía 22 años y era estudiante de Derecho en la UFT. Cuando no estaba estudiando, jugaba chapitas y los fines de semana se iba a Guárico a sembrar café, tomate y ají dulce, y a criar ovejos con su papá. También ayudaba a preparar y vender comida en el puesto de su abuela tratando de no comerse todo cuanto salía para la venta, porque Nelson comía de todo, menos berenjenas.

Antes de salir ese día y como cada día, le dijo a su hermana mayor: “Bendición, Sari, nos vemos más tarde”. Pero más tarde murió. Siempre creyó que le iba a ser posible conocer otro sistema de gobierno.

Lo asesinó el Ejército Bolivariano o la Guardia Nacional de un disparo en su cuello, aun no está claro.

El caso de Nelson sigue en fase de investigación y sin avances.

David José Vallenilla, el del video en vivo

Fue asesinado en Caracas el 22 de junio. Tenía 22 años y era un enfermero que recién iniciaba una especialización en enfermería quirúrgica, aunque ya a los 17 años salvaba vidas en el dispensario “Mamá Pancha” en Charallave como auxiliar.

Lo asesinó un sargento de la aviación venezolana con dos disparos a corta distancia: uno para hacerlo caer y otro para rematarlo. Los proyectiles impactaron pulmón, hígado y corazón. Fue la víctima 75 y la primera cuyo asesinato fue transmitido en vivo por el canal VivoPlay.

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El caso de David José ni siquiera ha tenido la primera audiencia del juicio, es decir, no se han cumplido las boletas de traslado del imputado desde la cárcel de Ramo Verde, donde al parecer está, hacia el tribunal. David, su papá, agrega:

“Si no es porque no se ejecuta la boleta de traslado, es porque la juez de la causa, la juez 15 de juicio, fija la fecha para la audiencia y ese día no despacha. O sea, si no es una cosa, es la otra. Siempre tienen una excusa distinta para que no se dé el juicio. A estas alturas, yo dudo que ese individuo esté privado de libertad”.

Geraldine Moreno, la chama del 2014

Le dispararon en Naguanagua, Valencia, el 19 de febrero de 2014 y murió el 22 de febrero. Tenía 21 años y era una estudiante de quinto semestre de citotecnología de la UAM que ya se había trazado un postgrado fuera del país. Al retornar, esperaba dedicarse a la investigación de las células cancerígenas y del VHI en Margarita, lugar al cual tenía planes de mudarse con su mamá Rosa Orozco. Como era futbolista también había pensado en que si no había un equipo de fútbol femenino para cuando volviera de su postgrado, ella misma fundaría una escuela para mujeres con su mamá.

Siempre fue mala contando chistes, pero muy buena en lo todo lo demás. Nació sabiendo lo que es respeto y protección: le habían regalado una gallina y la tenía en casa de su abuela. Un día, escuchó a su tío decir que iba a preparar un sancocho y la pequeña “Geral” escondió a su gallina debajo de la cama de su abuela. Algunos años más tarde, exigió respeto cuando un profesor de gimnasia le gritó en una práctica y luego fue mostrando interés por la defensa de los derechos de la mujer. Si hubiese tenido más vida, seguro sería líder de alguna causa.

La asesinaron dos guardias nacionales con disparos de armas de fuego a corta distancia: un disparo en el cuerpo y dos en su rostro.

Luego de 55 audiencias en 33 meses, dieron condena a los dos guardias nacionales: Francisco Caridad Barroso (16 años y 6 meses) y Alvin Bonilla (30 años). Ambos se encuentran en la cárcel.

Dice su mamá: “Cada vez que puedo, cada vez que tengo la oportunidad, voy a Ramo Verde para ver cómo están y qué están haciendo, porque necesito que ellos estén vivos y que cumplan su condena”.

Aunque la sentencia del caso de Geraldine fue ratificada por el TSJ, su mamá se encuentra entregando los escritos para solicitar la segunda audiencia preliminar de los guardias y la línea de mando, y así emprender el próximo juicio: “Por supuesto, me aceptan los escritos, pero no hay ningún tipo de respuesta y esto es lo que estoy esperando».