Sin manual de instrucciones: papá a la deriva

En la segunda entrega de esta nueva sección, Andrés se queja de que nadie te explica bien qué debes hacer cuando te entregan a tu primer hijo. Y sí, se aprende en el camino: ensayo y error. Pero, ¿qué tal si consideramos la posibilidad de una guía?

Sin manual de instrucciones: papá a la deriva

Yo salí de la clínica con un bebé en brazos, una esposa recuperándose de una cesárea, con mucho menos dinero en la cuenta de ahorros y sin ningún tipo de manual de instrucciones.

Sí, sin instrucciones…

Una cámara fotográfica trae un gordo manual de más de cien páginas que te enseña (si lo lees, porque creo que nadie lee un manual), cómo usarla y resolver cualquier problema que se presente. Yo tenía a un pequeño ser humano, un chiquitín que respira, come, duerme, hace enormes cantidades de popó y no tenía ni la más mínima idea de cómo manejarlo, ni cómo resolver un problema, si llegaba a presentarse. No me dieron ni un folleto de cómo tenía que actuar.

Así de desamparado está un papá. Tenemos la enorme responsabilidad de guiar por el mundo a una personita. Tenemos la responsabilidad de ser el mejor ejemplo posible, de inculcarle los mejores valores para que sea un hombre o mujer de bien. Todo eso lo vamos aprendiendo durante la marcha, con ensayo y error, con mucha práctica y no tanta teoría. Eso me ha generado un estrés tan grande que el poco cabello que me queda se ha vuelto casi completamente blanco.

Ojo, no llegué tan desamparado a la sala de parto. Había leído algunos libros sobre cómo ser padre, por ejemplo: “¿Qué esperar cuando estás esperando?” o “El primer año del bebé”, pero cuando me pusieron a El Matteo en los brazos, todo lo que había leído se me olvidó. Me quedé en blanco y empecé de cero.

En la clínica donde nació El Matteo también me ignoraron por completo, todas las indicaciones se las daban a la mamá: “Mamita, así se carga al bebé”, “mamita, así se cambia el pañal”, “mamita, así es como hay que ponerle la ropita”. ¿Acaso yo estoy pegado en la pared?

No solo no tenía instrucciones, tampoco se molestaban mucho por dármelas. Menos mal que no me quedé con esa y como papá activo y vocero de la “nueva” paternidad, me puse manos a la obra y empíricamente fui aprendiendo y he ido aprendiendo muchas cosas.

Por supuesto que he cometido errores (yo diría que muchos), y sería capaz de escribir mi propio manual de instrucciones, aunque seguro que no le serviría de mucho a otro papá, porque cada hijo es distinto y cada papá es un mundo. Pero podría dar una base de más o menos cómo actuar.

Creo que sería interesante tener una escuela para padres, específicamente para papás. Siento que quizás muchas mujeres llevan en su código genético el ser mamás, y tienen cierto entrenamiento con eso (con sobrinos, primos pequeños, hermanitos, etcétera), pero los hombres, cero. En nuestro código genético no está eso de ser papá y para nada nos van entrenando para eso.

Esa escuela, con algo de cerveza, claro está, podría compensar un poco lo del manual de instrucciones que ni nos dan ni nos darán. El camino de la paternidad es maravillosamente caótico y todo lo vas aprendiendo sobre la marcha. El manual de instrucciones de tu paternidad te lo creas tú.

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