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¿Son las redes sociales “medios de comunicación”?

Carolina Jaimes plantea varias aristas de lo que es, probablemente, el gran debate que hay que dar en el siglo XXI. ¿Suspender las cuentas de Donald Trump es realmente un atentado contra la libertad de expresión?

¿Son las redes sociales “medios de comunicación”?

Quizás estemos frente al gran debate del siglo XXI. La suspensión de la cuenta del presidente Trump después de los sucesos en el Capitolio de Washington el pasado 6 de octubre, levantó ronchas en todo el mundo. Algunos gobiernos totalitarios, como el ruso, aprovecharon para quejarse de “la censura” en los Estados Unidos, el país libérrimo por excelencia, así como si ellos jamás censuraran. Otros, gobiernos democráticos como el de Angela Merkel, lamentaron “el atentado” contra la libertad de expresión.

¿Es realmente un atentado contra la libertad de expresión? ¿Son las redes sociales medios de comunicación? Consulté con un amigo que trabaja para una gran desarrolladora de software, quien prefirió mantenerse anónimo. Su respuesta fue muy ilustrativa y la comparto con ustedes:

“Todas las redes sociales son plataformas de software como servicio (SaaS) y todas sin excepción incluyen términos de servicio, a los que uno se adhiere al momento de crear un usuario (salvo que sea un desarrollo propio en Open Source). Ellos tienen la prerrogativa de establecer qué contenido se puede publicar en ellas, sin que signifique una violación a la libertad de expresión individual (uno puede decir lo que quiera, pero en otro lado). Tampoco se puede obligar a nadie a que amplifique nuestro mensaje. Hasta ahora, los administradores habían sido algo laxos con algunos contenidos (excepciones, fallas del algoritmo de machine learning, ausencia de responsabilidad porque el usuario está en otro país, y un largo etcétera, porque es demasiado volumen de información). Pero lo qué pasó el pasado miércoles 6 es otra liga.

En USA existe algo que se llama “Section 230”, una legislación que rige sobre las plataformas de comunicaciones. Básicamente, en las plataformas de redes sociales, no se puede demandar a Facebook o a Twitter por algo que un tercero publicó en esas plataformas, una difamación, por ejemplo. Hay que ir a demandar al tercero por esa difamación, pero no se puede demandar a las plataformas de redes sociales.

Ahora bien, en el caso de Trump, estamos hablando de que él estaba usando esas plataformas para llamar a una insurrección (convocando y azuzando a sus millones de seguidores). Eso no parece estar protegido por la “Section 230” (o seguramente es un gris aún no definido, sobre el que los juristas tendrán que trabajar). De manera que supongo que lo que sucedió ese día es que los abogados corporativos y los consultores de compliance (responsabilidad) de todas estas compañías (porque son todas y todo ocurrió a partir del miércoles), pensaron: “aquí hay riesgo de responsabilidad, porque en el caso de una insurrección, pueden hacernos corresponsables. Eso es distinto a una difamación. Es otro nivel de responsabilidad (y todas se están cuidando de esto)”.

Interesante explicación, que levanta otras preguntas: ¿por qué si le suspendieron la cuenta a Trump, no se la han suspendido, por ejemplo, a los miembros de las FARC, a Nicolás Maduro, a Al Qaeda?

Las redes sociales son empresas privadas. En teoría, aunque en la práctica funcionen como medios de comunicación, no lo son. Y una empresa privada es como una discoteca, donde los dueños se reservan el derecho de admisión. Uso el ejemplo de la discoteca, porque en los años 70 y 80 hubo discotecas en todo el mundo donde los porteros se hicieron famosos porque eran quienes decidían a quién dejaban pasar y a quién no… Las personas eran libres para tratar de entrar, los porteros eran libres de dejarlas pasar o no.

En los Estados Unidos muchas voces se han levantado para protestar, no sólo seguidores de Trump. Afirman que lo de las redes sociales es una violación de la Primera Enmienda, cosa que no es cierta, porque la libertad de expresión se refiere a la libertad de cada ciudadano de expresarse sin temer retaliaciones por parte del gobierno. Las redes sociales no son el gobierno, aunque en muchas ocasiones se ha hecho evidente que pueden ser más fuertes que los gobiernos.

En efecto, este debate debe darse. Por mi parte, siento que no tengo posición tomada. La era de las comunicaciones ha puesto sobre el tapete una cantidad de asuntos sobre los que habrá que legislar y se abrirá una gran discusión no exenta de polémicas. Esto apenas empieza.

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