Suspensión de los sudamericanos: golpe fatal al fútbol formativo

Dos años estarán las selecciones de categorías menores (Sub 15, Sub 17 y Sub 20, sin acción internacional. La Conmebol aduce "Problemas logísticos y de costos para la organización, asociados con la pandemia", para llevar adelante estos torneos. ¿Consecuencias? Un grave retroceso

Suspensión de los sudamericanos: golpe fatal al fútbol formativo

La información se difundió de manera sigilosa. Si usted, amigo lector, ingresa a la web de FIFA o Conmebol, no encontrará por ninguna parte el anuncio oficial. Las diferentes asociaciones y federaciones fueron puestas en conocimiento de manera individual. Algunas, como Ecuador y Uruguay, lo hicieron público: los campeonatos sudamericanos Sub 15, Sub 17 y Sub 20, tanto femeninos como masculinos, previstos para ser efectuados en 2021, han sido diferidos hasta 2023. No es una noticia que deba enorgullecer al máximo ente futbolístico de Suramérica.

Dos años (tres si contamos 2020) para que las selecciones formativas de Conmebol estén sin acción internacional, es demasiada losa. Mientras en Europa recién disputaron el europeo Sub 21 prácticamente en total normalidad, en Sudamérica nos damos el lujo de suprimir la competencia necesaria que tantas satisfacciones han brindado al continente.

¿Cuáles son las razones que alega FIFA-Conmebol? «Problemas logísticos y de costos para la organización, asociados con la pandemia», es el argumento esgrimido. Un balde de agua fría que denota improvisación y a la vez, una fuerte crisis financiera en Conmebol que impide que estos eventos bandera puedan ser realizados. Todo ello contrasta con la realización completamente forzada de la pasada Copa América en Brasil, de la que Alejandro Domínguez se jactó de haberla llevado a cabo en el último Consejo de Conmebol.

Esta suspensión–reprogramación trastoca toda la planificación de las selecciones, la cual se coordina por ciclos y eventos, incluso los temas contractuales que tienen que ver con los cuerpos técnicos de las distintas categorías. Tres generaciones que cederán ventaja ante otras confederaciones si no hay una respuesta inmediata y unida de parte de las distintas asociaciones de buscar la manera de generar competencias, al margen de la organización de Conmebol.

Justo cuando el debate cobra fuerza para encontrar las causas de la diferencia en el progreso futbolístico de Europa con Suramérica, dados los últimos resultados y títulos mundiales tanto de selecciones como de clubes, aparece esta decisión cargada de negatividad y perjudicial para la competitividad de los combinados nacionales de menores de cada afiliado. Un golpe fatal al fútbol de formación que arrastrará cual avalancha a las formativas de los clubes.

Para muestra, un botón: de la generación subcampeona del mundo de Venezuela Sub 20 en 2017, hoy la selección absoluta se nutre de varios efectivos que cumplieron el ciclo de selecciones menores (Yangel Herrera es una muestra de ello) y en todo proyecto a largo plazo en una planificación de procesos de selección, se toma en cuenta justamente la interacción y continuidad de las categorías inferiores. Un retroceso evidente y perjudicial para el fútbol suramericano que no solamente perderá tiempo de competir, sino se estancará en el necesario crecimiento o en esa búsqueda de reducción de margen de diferencia con otras confederaciones.

¿Tomarán la iniciativa las distintas asociaciones y federaciones de organizar eventos que permitan competir? ¿Aprovecharán las fechas de eliminatorias mundialistas para hacer competir, al menos, a sus selecciones Sub 20? ¿Aparte de L’Alcudia, qué otro torneo internacional puede ser aprovechado para tratar de no interrumpir el ciclo preparatorio? ¿Cómo es posible que sí se organizara la Copa América en un momento donde la pandemia picaba alto en el continente y ahora que hay más controles y un proceso (ínfimo, eso sí) de vacunación, no habrá competencia por tanto tiempo?

En Venezuela poco a poco se ha ido reactivando la acción del fútbol formativo. La FVF sabe de la urgencia de renovar la actividad de las diversas categorías menores nacionales y de algún modo ha iniciado la vuelta a la competencia, por lo que no debe descuidar a las selecciones Sub 15, Sub 17 y Sub 20. Urge encontrar un mecanismo que las haga competir así sea internamente, para no perder el desarrollo continuo y planificado de la estructura formativa. Si se descuida, será muy difícil retomar la acción hacia 2023, año en que vuelvan los torneos continentales.

De la labor en categorías menores, el cumplimiento de un proceso evolutivo terminó marcando que Venezuela se hizo competitiva en todas las categorías, en algunas más, en otras menos. Ese desarrollo se verá cortado. Sabemos que genera un impacto muy grande, difícil de cuantificar ahora mismo. Lo cierto es que lo pagaremos muy caro en el futuro. En el tiempo que ha corrido desde la pandemia, Venezuela Sub 20 no ha disputado ningún partido internacional, cuando antes para la fecha, ya debía haber jugado unos 25 encuentros.

Diego Demarco, seleccionador nacional de Uruguay Sub 17, reveló en una entrevista para el suplemento deportivo Ovación del diario El País de Uruguay, algunos de los efectos que esta suspensión generará: «El costo es grande porque se había armado un proceso de trabajo en el cual el jugador acumulaba una cantidad de partidos, enseñanzas y experiencias vividas que estos grupos de ahora no van a tener. Se corta el aprendizaje del jugador, fíjate que de la generación 2002, que actualmente la mayoría de los chiquilines están jugando en Primera y arrancaron en la Sub 15, deben tener arriba de 70 u 80 partidos internacionales y una cantidad enorme de entrenamientos de alto nivel porque compiten entre los mejores jugadores del Uruguay. Eso se corta».

La situación es un despropósito tremendo y no hace más que evidenciar que la pantalla de solvencia de Conmebol, no es más que una falsa careta. Mientras se incrementan los premios a los clubes de Libertadores y Sudamericana, el fútbol formativo está siendo sacrificado. Los efectos, que ya son negativamente visibles, serán peores a mediano y largo plazo.

Dios nos agarre confesados.