Ineficacia de Corpoelec castiga al estado Táchira

La frontera venezolana con Colombia es de las regiones más afectadas del país por la suspensión del servicio eléctrico. Durante esta cuarentena obligatoria los cortes de luz han aumentado considerablemente, al punto de registrarse apagones que duran de 24 a 48 horas en algunas comunidades. La protesta masiva en las calles es el mecanismo al que apelan los ciudadanos para llamar la atención

Ineficacia de Corpoelec castiga al estado Táchira

Prolongados y frecuentes apagones, que van desde 10, 15 hasta 48 horas continuas, se han intensificado durante la cuarentena obligatoria y el aislamiento social en algunas regiones de Venezuela, como consecuencia de la ineficacia de Corpoelec. El estado Táchira, frontera con Colombia, es el más vapuleado por el mal servicio de esa empresa estatal.

Los municipios más cercanos a Colombia (Bolívar, Junín y Pedro María Ureña), así como los del suroeste de la entidad (Fernández Feo y Libertador) llevan la peor parte por las fallas eléctricas. Esto reduce al mínimo la calidad de vida y la productividad de sus pobladores.

Cada día más, las comunidades levantan la voz para protestar en esa región venezolana por la ineficacia que exhibe Corpoelec. Exigen la suspensión de los cortes eléctricos o que, al menos, se defina un cronograma de administración de carga, que permita a los ciudadanos organizar el trabajo y las labores domésticas ante los imprevistos apagones.

En los últimos días, rompiendo la cuarentena y el aislamiento social, ciudadanos de diferentes municipios del estado tomaron las calles. Los pobladores de Táchira queman cauchos, cierran vías y claman de manera desesperada frente a las subestaciones de la empresa Corpoelec. Pero nadie los atiende.

Ni siquiera las constantes visitas del ministro de Energía Eléctrica, Freddy Brito, al Táchira, se han traducido en mejoras en la administración de la carga eléctrica de esta región andina. La ineficacia y la sordera de Corpoelec continúan campantes.

Los vecinos, cansados, denuncian que el mismo número de horas que permanecen sin electricidad es el que pasan sin probar alimentos. La distribución de gas doméstico también falla.

“Lo que más duele es que no puedo prepararle el tetero a mi bebé. Tampoco hacer la comida a mi mamá y a la abuela”, dijo María Antonia, habitante del sector comercial de Barrio Obrero en San Cristóbal. Esta es una de las comunidades más afectadas por los cortes de luz.

Gladys Contreras, una mujer de la tercera edad que protestaba cerrando vías en una avenida de San Cristóbal, dijo a El Estímulo que ante la falta de gas doméstico en casa, utiliza una cocinilla eléctrica, pero con los cortes de electricidad apenas puede preparar una comida al día.

Generalmente, se levantan sin luz y no pueden cocinar el desayuno. La electricidad la reconectan ente las tres y las cinco de la tarde. Hasta esa hora debe esperar para alimentarse, afirma Gladys, de 73 años.

Acceder a un cilindro de gas en el mercado negro está vedado a su presupuesto, porque se vende en 200.000 pesos colombianos, equivalentes a unos 60 dólares. Esa cantidad supera lo que Gladys devenga anualmente como jubilada.

La poca comida que se puede comprar, “porque con la cuarentena los precios se dispararon”, se daña en las neveras, debido a  tantas horas sin electricidad, comentó Sofía Bermúdez, docente jubilada, en medio de otra protesta de calle.

Se acentúan los males

El viacrucis de los venezolanos de frontera no cesa. A los eternos apagones le anteceden las fallas en el suministro de gasolina y gas doméstico. La adversidad ha arreciado tanto durante la cuarentena que causa estragos en la salud mental de los ciudadanos.

“Estaba deprimido. Dos meses sin salir por la cuarentena, se cuidaba de no contagiarse. Pero vivía atormentado por la situación. Pasaban días con apenas dos o tres horas de electricidad. Aquí, el agua, con suerte, llega cada 22 días; gas no tenemos desde hace tres meses, ni tampoco internet. Todo eso lo mató”, relató Ana Contreras, hija de Antonio, un hombre de 66 años que, sin presentar ningún problema de salud,  falleció repentinamente en San Antonio, población fronteriza con Colombia.

Depresión, insomnio, irritabilidad, migrañas y ansiedad son algunos de los síntomas que se han presentado entre la población  tachirense. En estos casos, se hace necesaria la ayuda médica.

La impotencia ante el giro que dio la vida con el confinamiento se suma la problemática de los servicios públicos, cuyo costo se incrementa drásticamente cada día.

“Ha aumentado la incidencia de pacientes con trastornos menores de personalidad, como depresión, ansiedad y angustia”, dice Enrique Ríos, médico de un centro asistencial del Táchira.

La situación que vive una parte de la población se manifiesta en la pérdida del interés por la vida. Entran en depresión, no se pueden proyectar al futuro, ni económica, ni socialmente. Tampoco pueden reunirse con familiares o amigos. Se aíslan completamente, y no solo por Covid-19, sino también por las dificultades de movilización generadas por la escasez de gasolina que vive el país, explica Ríos.

“Van perdiendo el apetito y el sueño, disminuyen la vida íntima, no encuentran estímulo para continuar viviendo. De no controlarse, pueden incluso morir”, agrega.

La delincuencia es otro de los problemas que trajo la cuarentena. Se registra un incremento en Táchira durante el período de aislamiento social obligatorio.

El director de Seguridad Ciudadana de la Gobernación del Táchira, Ángel Perdomo, precisó que los hechos delictivos aumentaron en 10%. “Durante el primer trimestre de 2020 estaban controlados”, afirmó.

Subsidio frente al caos

Pasar veinte horas seguidas sin electricidad, en plena cuarentena, es para la gobernadora del Táchira, Laidy Gómez, parte del caos al que la ineficacia de Corpoelec somete a los tachirenses. La mandataria conminó al ministro de Energía Eléctrica a que se sincere respecto de las causas de los apagones.

“Un día dicen que son los bajos niveles del agua y al siguiente lo atribuyen a fallas mecánicas. Lo cierto es que ningún plan de contingencia ha dignificado la realidad de los tachirenses frente a la cuarentena, necesaria y obligada, por la Covid-19”.

Apenas dos o tres horas al día se recibe electricidad en algunas zonas de la región. Mientras, existen municipios a los que les llega el fluido eléctrico cada 24 o 48 horas, enfatizó Gómez.

El deterioro de la calidad de vida, de los servicios públicos y de los electrodomésticos, causado por la crisis eléctrica, amerita un plan de subsidio que garantice a los hogares la reposición de sus equipos.

“Ninguna familia tachirense tiene como compensar el colapso de sus bienes por causa de la irresponsable contingencia eléctrica que no se cumple. Lo emplazamos (ministro) a presentar un plan de indemnización que reivindique a los tachirenses por el esquema de deterioro que ha generado la administración que usted representa”.

En la última semana, Corpoelec informó que logró sincronizar las máquinas 3, 9 y 15 de planta Táchira. Estas aportan 70 megavatios de energía al Sistema Eléctrico Nacional.

La inversión en la carga eléctrica anunciada por Corpoelec no se hizo efectiva en Táchira. De allí que desde el pasado 14 de mayo, no menos de 12 protestas de calle, con cierre de vías, se registraron en demanda del servicio.

Al momento de concluir esta nota periodística, el ruido de cacerolas y explosiones de pólvora retumbaba en varios puntos de la capital del Táchira. Hay un repudio generalizado ante la ineficacia de Corpoelec. Vecinos abandonaron el confinamiento y, enardecidos, reclamaban por la suspensión durante más de 12 horas de la electricidad en sus hogares, a lo que se suman las caídas en el  voltaje, que disminuyen considerablemente el tiempo de vida útil de los electrodomésticos.