Tampoco somos fantasmas

En el país hay de ganas de innovar, de crear y eso incluye al fútbol, muy criticado por estos días. Nos toca contribuir, sin dejar de señalar aquellas cosas que no se hacen bien. Como decía Renny Otolina: “Solo aprendiendo y trabajando podremos salir de abajo porque no conozco otra manera”

Tampoco somos fantasmas

Los que nos hemos quedado trabajando en Venezuela en el área de la comunicación relacionada con la fuente deportiva, siendo más específico, en el fútbol, nos hemos concentrado en ser productivos.

¿Qué significa ser productivos? En aportar un grano de arena en la construcción de nuestro deporte tan golpeado y mancillado. Desde cualquier perfil, es difícil ejercer el periodismo o la comunicación en Venezuela y sin embargo, todavía hay mística de trabajo, ganas de innovar, de crear, de hacer lo posible porque el fútbol crezca, desde donde nos toca contribuir.

El panorama es ciertamente complicado porque la crisis (desde cualquier ámbito que se aborde) sigue latente. La frase “Venezuela está mejorando” es una percepción particular de un sector que ha encontrado una forma de progresar en medio de la dura realidad, pero el día a día, la calle, el Metro, el mercado, te muestra que dicho progreso no es para todos y que la dificultad para buscar el sustento no ha desaparecido.

¿Qué tiene esto que ver con el fútbol? Hago el vínculo hacia lo que quiero pregonar: aportar en el crecimiento de nuestro fútbol no implica negar realidades. Hay un sinfín de cosas por mejorar y el hastío de tener que batallar con las dificultades diarias no ha hecho mella en la decisión de salir a trabajar y ser productivos. Decía Renny Otolina: “Solo aprendiendo y trabajando podremos salir de abajo porque no conozco otra manera”.

Entonces, hacia ese punto debe orientarse el mensaje: no porque uno haga un llamado de atención, una crítica o una denuncia, está queriendo ser destructivo. Hay formas, hay maneras y bajo mi concepto, se debe hacer con respeto, que siempre tiene que ir por delante. La crítica es un elemento necesario para cimentar cambios positivos. La experiencia de los que más tiempo tienen en esto debe ser aprovechada y ese conocimiento, abordado. Más allá que los años no implican sapiencia, hay quienes se han batido durante un tiempo considerable en la arena del fútbol venezolano y saben ya qué es lo que se debe y lo que no. A esos también hay que prestarles valiosa atención.

Veo en el estadio a muchachos que apenas salen de la adolescencia abordando nuestro fútbol de distintas formas. Me llena plenamente verlos interesados en ver las corridas de Akinyoola y las zancadas de Juan Carlos Ortiz. Me gusta que disfruten y sepan apreciar a un eterno como Pérez Greco y se den cuenta que la Pulga Gómez es un patrimonio intangible de Mérida y su Estudiantes. Ese valor hará crecer nuestro fútbol, tanto como la crítica orientada hacia instar cambios para bien.

Me resulta inexplicable que alguien quiera ver a nuestro fútbol hundido. Que se alegren con los fracasos y las derrotas, con los golpes y los desaciertos. Mucha arrogancia y desprecio se expulsa en las redes sociales (que no son termómetro real de un país como el nuestro en lo deportivo) desde todos los sectores: dirigencia, periodismo o afición. Cada vez que algo negativo se levanta en ese “cuero seco” llamado fútbol nacional, comienza el intercambio de disparos. La respuesta retaliativa de la dirigencia no tiene otra consecuencia que seguir haciendo crecer el espiral de crisis y enfrentamiento, promoviendo el estancamiento y cercenando la posibilidad de crecer. ¡Vamos a cambiar!

¿Se puede cambiar? Sí. El que tiene en sus manos el poder de decisión, escuche, atienda el reclamo, trate de mejorar, explique, formule soluciones y hágalas públicas. La comunicación es vital en la convivencia y en nuestro fútbol pareciera que el poder obnubila y también se hace despreciativo hacia quien reclama o denuncia. Es tarea de TODOS aportar para hacer crecer. Cada voz tiene valor y desatenderla es aumentar el conflicto.

De igual forma, no se puede despreciar el trabajo de muchos que desde hace rato están fomentando los cambios para crecer. Conozco muchos directivos que han puesto plata de su bolsillo para evitar el naufragio de nuestro fútbol y si bien ése no es el deber ser, no se le puede quitar el reconocimiento de ese esfuerzo. Por eso, que lo negativo del bosque no nos impida ver la luz del sol que está en el fondo.

Quiero cerrar citando al periodista Sergio Tulio Monsalve quien en su columna de opinión titulada “No somos fantasmas” expresa un sentimiento que la mayoría de los que seguimos trabajando en el país: “Por último, paso del grupo que hace fiesta de la desgracia nacional, desde el exilio. Pertenecen a una minoría que solo encuentra felicidad en creer que todos somos zombies, fantasmas, brutos o alienados en Venezuela. Y que ellos tienen la fórmula mágica para liberarnos. Es un determinismo de vampiros de la miseria, de tipos que son geniales para condenarnos, metiéndonos a todos en el mismo saco, pero que no mueven un dedo para ayudar a nadie en el país”.

Hay que concentrarse en ser productivos.