Terapia con caballos: sanar con ayuda del alma equina

Para quienes tienen fe en lo posible, la equinoterapia establece un vínculo de sanación casi inmediato, gracias a la fuerza guiada por la nobleza del caballo con quienes están dispuestos a establecer esa conexión

Terapia con caballos: sanar con ayuda del alma equina

Casi nos podemos arriesgar a decir que todos los niños, por su inocencia, tienen una disposición natural a tener lo que se conoce como a heart horse que puede traducirse en tener un alma gemela con un equino. Ese intercambio sutil de energía facilita que la terapia con caballos logre maravillas en niños con alguna condición especial como espectro autista, déficit de atención o dificultades de psicomotricidad.

En Caracas, específicamente en Lomas de La Trinidad, la Fundación Ctive San Pedro guía a padres y niños a través del viaje de la equinoterapia. Satisfactoriamente puede decir que alcanza su objetivo con quienes acuden a las sesiones, que son guiadas por la directora y terapista Patricia Cifuentes, quien comenta que este centro tuvo un reacondicionamiento durante la pandemia y se reinauguró para llegar a quienes tiene que llegar: los niños que lo necesitan.

terapia con caballos

Patricia Cifuentes le debe personalmente mucho a la terapia con caballos. Fotos de Daniel Hernández

“Básicamente nos dedicamos al abordaje integral del niño. En 2008 arrancamos como centro de terapias integrales de Venezuela con el firme propósito de abrir estas puertas para niños especiales y sin recursos”, cuenta.

Una historia basada en el amor

Este centro de terapias con caballo tiene un origen emotivo, basado en el amor. La historia tiene como protagonistas a Patricia y su hijo.

“Yo soy madre de un niño con parálisis cerebral. Hoy tiene 18 años. Al principio nos decían que no iba caminar, ni a hablar. Que estaba destinado a una silla de ruedas y que no se integraría a la familia. Así que, desde que era muy bebé, arranqué con el tema de las terapias. Logré que camináramos a los 5 años y dejáramos los pañales a los 9”, narra, recordando esos comienzos.

Continúa contando que “tenemos varias cirugías, pero Dios me dio la oportunidad de darle todo a mi hijo. Y mi hijo cambió mi vida. Mi hijo me hizo una mejor persona. Y por eso estamos hoy aquí, en este lugar maravilloso que papá Dios tenía destinado para mí”, explica Patricia Cifuentes.

Cuando las familias llegan a la fundación Ctive, se les evalúa para determinar si pueden pagar por las terapias con caballos o necesitan una beca. Atienden cualquier discapacidad funcional, espina bífida, parálisis cerebral, síndrome de Down, autismo, esclerosis múltiple, cualquier trastorno psicomotor y retrasos en el desarrollo desde un déficit de atención a una dislexia numérica. “Nadie es excluido”, asegura Patricia con gran ímpetu.

terapia con caballos

Los espacios de la casa están diseñados para abordar las necesidades de estos niños desde la psicología, psicopedagogía, terapia ocupacional, terapia física, lenguaje, estimulación sensorial y, la que ella misma describe como la abanderada de la fundación: la equinoterapia.

Cifuentes comenta que es importante entender que estos procesos van más allá de una edad física. Como terapeutas y centro de atención tienen el compromiso de entender que lo que importa es la edad mental de la persona, así tenga 30 años cronológicos. De esta manera, la fundación organiza sus grupos colocándolos en horarios distintos, a los grandes en un horario y a los niños en otro.

El niño y el caballo

Llegar a la Quinta San Pedro es ver ocurrir la magia, la transformación y a veces dejar que, en tan solo segundos, corran las lágrimas. Patricia Cifuentes, con firmeza y dulzura en una de sus terapias, ayuda a un niño con autismo a subir por primera vez a Muñeca (la yegua encargada de guiar a los niños ese día).

Entre emoción y poca atención del niño, logra establecer un contacto emotivo a través del lenguaje de señas con él y, automáticamente, los prejuicios, miedos e imposibilidad se desmoronan como un castillo de arena que se lleva el mar. Se siembra la confianza y se crea esa majestuosa conexión que solo se puede entender al sentir la amabilidad tanto en el animal como en quién lo guía.

Sin más, el niño y la yegua se adaptan. Van coordinando mutuamente los movimientos y entendiendo la naturaleza de cada uno. Sus energías confluyen. Regresar a tierra firme para nada es una opción entre esos niños que, una vez montados sobre el animal, se entregan durante media hora a esa experiencia. En ella, explica Cifuentes, “sienten como un despertar, porque están con un ser vivo que vibra, palpita, emana y siente”.

La magia de la equinoterapia

Patricia Cifuentes describe la equinoterapia cómo mágica y sanadora tanto a nivel psicomotor como psico-emocional.

“La equinoterapia para mí está comprobada. El caballo sana a través de sus movimientos tridimensionales. Cuando te montas en un caballo cruzas sagital, horizontal y vertical. No hay una sola máquina en el mundo que simule la marcha del hombre como el caballo con sus movimientos y pasos. Si quien cabalga tiene algún compromiso motor, sus caderas empiezan a rotar. Porque el caballo hace eso, camina en cuatro tiempos”.

La equinoterapia está avalada y ha demostrado científicamente que el caballo hace un cambio magistral en cuánto a posturas, movimientos y sobre todo establece ese vínculo empático de confianza, respeto, afecto, autocontrol y asertividad. Cambios que con solo montarse en el caballo hacen que se activen impulsos que van directo hasta el cerebro de la persona en terapia, generando el cambio que cada paciente necesita.

“Yo soy equinoterapeuta certificada en 2008. Y creo que nací sobre un burro en la finca de mi papá. Toda mi vida he amado los caballos e, incluso antes, me parecían súper sanadores por la energía que hace que, al subir, te olvides del mundo entero. Piensas que solamente estás ahí con ese animal, que para mí es la mejor creación de Dios en la fauna. Te sientes empoderado, libre, con la mente despejada. El caballo bueno tiene una mansedumbre increíble”, sentencia con devoción Patricia Cifuentes.

Caballos escogidos

Según relata la equinoterapeuta, cualquier caballo no puede realizar este trabajo tan delicado. Es necesario ponerlos a prueba previamente y confirmar que tengan la mansedumbre adecuada. Además, aproximación al ser humano, que acepten ruidos y movimientos bruscos y que sean caballos cómodos.

“Hay un factor de confirmación, otro de temperamento y otro de comportamiento arriba”, agrega. Cuenta que todos los caballos de la fundación tienen nombre de Disney, pues esto permite establecer una conexión inmediata con los niños.

Afirma que para trabajar con niños hay que alimentarlos con lo que conecta su vista. Por eso todos los caballos son bellos ejemplares, bien cuidados. Cifuentes comenta, además, que en la Fundación Ctive y cada uno de sus terapeutas maneja lo esencial del lenguaje de señas para conectar, llevar y aproximar al niño al que le cuesta comunicarse en las actividades que realizan sobre el caballo.

Reinventarse en San Pedro

Patricia Cifuentes comenta que este año la Fundación Ctive se reinventó y empezó a ser autosustentable con la finalidad de recaudar fondos para el centro de terapias. Así empezaron a organizar en la Quinta San Pedro, cenas y exposiciones de arte.

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La primera se inauguró el 23 de abril y que lleva por nombre Arte con propósito, geometría diversa, en alianza con galeristas. Y este año activarán una academia de equitación cuyos ingresos permitirán mantener a los caballos y especialistas y contribuir directamente con el fondo de becas de la fundación.

Patricia Cifuentes, certificada desde 2008 como especialista en equinoterapia, en los jardines de Quinta San Pedro

Desde 2008, Patricia Cifuentes trabaja en pro de tantos niños que necesitan avanzar a su propio ritmo, ser mirados con aceptación y construirse su propio espacio dentro de la sociedad. Y también cree que Venezuela necesita más cultura, más educación y mayor atención y valoración de lo que realmente es el desarrollo y el valor humano que, de una u otra manera, se traduce en el progreso que tienen los niños y las familias que acuden al centro.

Coordenadas

Ubicación. Avenida principal de Lomas de la Trinidad, Caracas. La urbanización queda entre La Trinidad y La Tahona. También se puede acceder por Terrazas del Club Hípico. Para conocer la ubicación exacta, hacer clic aquí.

Instagram. @sanpedroccs

Nota: todas las fotos de este trabajo son de Daniel Hernández (@danielimagengrafica)

"Esta enfermedad es un infierno. Te atrapa y te va consumiendo"

Wilson Díaz tiene 54 años y padece de síntomas asociados a la ansiedad. Vive en una comunidad rural fronteriza de Táchira, donde se habla muy poco sobre salud mental. El desconocimiento sobre enfermedades psiquiátricas reina y quienes las padecen son víctimas del estigma por parte de una sociedad que lucha por otras necesidades básicas. Esta es su historia tras recibir ayudar de Médicos Sin Fronteras