Todo en casa: La “solución” de los jóvenes para entretenerse en Venezuela

La crisis en el país le quitó a varias generaciones el placer de disfrutar la vida nocturna de una ciudad que antes no dormía por los eventos sociales, pero que ahora no descansa de la inseguridad que se mantiene en las calles.

Todo en casa: La “solución” de los jóvenes para entretenerse en Venezuela

Mantener una vida social activa en Venezuela se ha vuelto cuesta arriba. Salir y disfrutar de un local nocturno, de caminatas por las calles o de una cena cada fin de semana es un sueño platónico que el joven venezolano común ha dejado atrás mientras intentan hacer malabares con el ingreso económico que tiene.

Esta condición que enfrentan hoy en día los jóvenes venezolanos ni se les pasaba por la cabeza a las generaciones pasadas, esa juventud que vivió la década de los 70, 80 y 90 a plenitud y con grandes fiestas desde que llegaba el fin de semana, un viernes por la tarde. Sin embargo, dos de esos venezolanos, que en la actualidad no son tan jóvenes, nos ayudan a definir este fenómeno del “todo en casa” que mantiene encerrados a muchachos desde la adolescencia.

El doctor en Ciencias Sociales Javier Seoane y la socióloga Isabella Ungreda concuerdan en que este fenómeno del todo en casa, afecta desde los adolescentes que tienen 13 años de edad que se sitúan en el estrato social de clase media. “No solo los jóvenes están pasando por esto…” recalca Seoane “… Nosotros, los más adultos, también”.

Lo que llamamos “todo en casa” son esas actividades recreativas que van desde tomarse unos tragos o ver una película en casa de un amigo, pasando por una cena entre amigos en el que uno lleva la ensalada, otro el postre y un tercero la bebida; hasta una fiesta con alquiler de sonido, luces y pasapalos. Esta ejecución de actividades de entretenimiento en el hogar,deja de lado la calle y todo lo que la urbe puede ofrecer.

Ungreda agrega que esta anomalía se nota mucho más en los jóvenes universitarios y más aún cuando dependen de sus padres: “Se ven muy reducidos, tienen que pedir plata para salir y hacer cualquier cosa y ellos (sus padres), simplemente, no tienen dinero porque prácticamente lo que se gasta en el presupuesto familiar va dirigido a la comida. No hay espacio para la diversión de los muchachos”.

A pesar de que Seoane afirma que: “Salir a la calle es una necesidad”, también plantea que los jóvenes venezolanos se están refugiando en sus casas dado el contexto social y económico que mantiene Venezuela. Él y Ungreda, coinciden en que la principal causa del “todo en casa” es la inseguridad. “Hemos abandonado la calle, lo sentimos más ajeno porque la calle es más hostil” sostiene Seoane.

Esa inseguridad que reprime y mantiene en casa al venezolano va acompañada de la criminalidad, la violencia y la precaria economía que no permite ejecutar grandes planes de entretenimiento. “Volvió a ser popular el método de los 90 llamada ‘la vaca” añade Seoane, aludiendo a la técnica de reunir dinero entre amigos para comprar bebidas o alimentos cuando se trata de hacer fiestas o reuniones.

La “vaca” que se hacía en los 90, era para esas reuniones imprevistas en las que los jóvenes organizaban alguna salida, comida o compartir de imprevisto. En la actualidad, esa recolecta de dinero se hace tanto para salidas improvisadas como para las que son arregladas con antelación. Son muy pocos los anfitriones que se atreven a pagar toda una cuenta por sus invitados.

Prolongar esta situación de refugio en casa porque “las calles se nos han vuelto ajenas”, según Seoane, implica unas consecuencias sociales y psicológicas que trascenderán en el futuro del país: La pérdida de la sociedad, de la pertenencia de lugares públicos y la pérdida de la socialización natural en los jóvenes son alguna de las secuelas que los sociólogos describen.

Por otro lado Seoane explica que: “El síndrome de sentirse atrapado podría ser un daño psicosocial”, mientras que Ungreda apunta a que la ansiedad sería una de las mayores consecuencias psicológicas: “El estrés los rodea constantemente, está presente por la misma inseguridad porque tienen que coordinar hora, dónde pasarán la noche, cuánto dinero tienen que llevar, cuáles inconvenientes de inseguridad se les pueden plantear… No pueden dejar las cosas sin planificación porque los padres están angustiados y pendientes”.

Frente a todas estas consecuencias el resultado podría ser un individuo aislado que “deja de tener experiencias positivas porque las circunstancias los obligan a permanecer en casa” dice Ungreda.

 

– Internet, un segundo refugio –

Aunque Venezuela tenga el peor Internet de banda ancha en América, la web es un refugio seguro para aquellos jóvenes que se quedan en casa. Ungreda y Seoane aseguran que desde que la situación obligó a los jóvenes a permanecer en casa, las redes sociales y la web en general se volvieron una adicción ya que a través de ellas se puede dar (completa o no) la interacción que no se da cara a cara.

Además de esto, la Internet se ha vuelto un aliado de los jóvenes para resolver cualquier tiempo libre. Jacobo Arvelo, de 23 años, tiene un año de relación con su novia y explica que como ambos son audiovisualistas, ven muchas películas descargadas de Internet ya que los precios de las entradas del cine están muy altos: “Solo pagamos las entradas con películas que valgan la pena”.

Esta joven pareja caraqueña, además de pasar las tardes en casa de alguno de los dos, mantienen salidas casuales a lugares que no requieren mucho presupuesto: miradores, caminar el casco histórico de El Hatillo por las tardes o salir por un postre es lo que logran hacer para pasar el rato juntos sin gastar mucho dinero. Las salidas de noche, aunque a su novia le gusten, no es algo que se repita con frecuencia.

Si bien Jacobo se imagina viviendo con su novia fuera de Venezuela para “salir a pasear tranquilos y hacer cosas culturales que no se pueden hacer aquí”, ver televisión, comer en casa y refugiarse en lo que encuentren en Internet es lo que tienen como opción actualmente.

 

– Los dueños del “todo en casa” –

El fenómeno del “todo en casa” no tiene tiempo ni mucho dinero para la planificación, la mayoría de esas reuniones se proponen horas antes de llevarse a cabo con el título de “Fiesta de traje”, cada quien trae algo para compartir y tomar.

Mercedes Rojas y Francisco Falero son parte del comité organizador de esas reuniones semanales que hacen en casa o en cualquier apartamento de una residencia. Un mensaje por WhatsApp que dice: “¿Qué vamos a hacer? Yo tengo unas birras y vamos a tu casa” es lo que hace falta para que la terraza de la casa de Mercedes se vuelva un lugar de encuentro entre siete amigos para escuchar música, tomarse algo y hablar por algunas horas.

“Mi mama, que no vive con nosotros, entiende este escenario de que: ‘Prefiero que estén en la casa en lugar de que salgan’” explica Mercedes, aunque si la situación se sale de control, la fiesta se puede acabar antes de que amanezca.

Francisco y sus amigos de la urbanización tienen un método similar. Las reuniones entre cinco y seis amigos se basan en tomar alcohol, escuchar música, jugar Playstation y conversar un rato. Los gastos en promedio no pasan de Bs. 1.500 aunque, si la lista de invitados aumenta, se deben desembolsar unos Bs. 1.500 más.

Ambos jóvenes coinciden en que no salen a discotecas ni a cenar desde hace un año aproximadamente, los costos de esas salidas fueron la causa de refugiarse en casas.

 

– Las opciones en Venezuela vs. las opciones en el exterior –

Camila Hernández tiene 18 años y, aunque en un país normal esto es sinónimo de conocer al menos el 50% de los locales nocturnos de tu ciudad, esta venezolana es la excepción como la mayoría de los jóvenes que viven en Venezuela.

Los fines de semana de Camila se resumen en reuniones o fiestas siempre en la casa de algún amigo desde que cumplió los 14 años. A sus 18, lo único que ha cambiado es la visita esporádica de un local en el Country Club en donde ofrecen alcohol a mayores de edad y música hasta las 10:00 pm.

Por otra parte Francisco Falero ha tenido la oportunidad de probar la vida nocturna en cinco países y lo califica como una experiencia “completamente diferente”. “No necesitas un medio de transporte, ni tienes un horario establecido. El tema costo es mucho más accesible, más que todo para los jóvenes que no tienen un trabajo muy bien remunerado. Es mucho más fácil que aquí… Tienes muchísimas más opciones” asegura Francisco.

La socióloga Isabella Ungreda explica que cuando un joven venezolano va a otro país y experimenta una salida nocturna libre de violencia, tienen una gran sorpresa por la sensación de aprensión que mantuvieron durante tantos años en Venezuela.

“Al principio hay choques de ‘¿Cómo es que la gente puede salir a las 2:00 am y no tener miedo?’ pero llega un momento en que se van acoplando, cuando ven que la gente está relajada y que pueden ir a donde sea sin angustia” dijo.

Ungreda concluye que esta situación es lo que los jóvenes no añoran de Venezuela cuando emigran y que las redes sociales solo quedan para comunicarse con la gente que dejan en su país.

 

– La seguridad corre por cuenta propia –

Andrew Burke maneja una empresa de administración de riesgos sin posesión de armas y, entre muchas de las actividades que ofrecen al mercado, el resguardo de personas en eventos sociales es el que debería tener cualquier ciudadano venezolano sin necesidad de pagar dinero adicional a compañías como la que maneja Burke.

Burke explica que su servicio se resume en ofrecerle seguridad a cualquier cliente sin portar armas. Cada asistencia de protección puede variar entre Bs. 30 mil y Bs. 80 mil, esto cambia por la cantidad de horas de servicio (él explica que regularmente son ocho), el número de administradores de riesgo (personal capacitado), si se necesita o no de vehículos blindados y la ubicación del evento al que se dirige el interesado.

Para llevar a cabo un plan de seguridad para un cliente, Burke explica que deben evaluar el sitio en donde se hará el evento, la duración y el resto de los invitados que van. El traslado post fiesta no se realiza a penas se termina el evento (4:00 am por lo general) para mayor seguridad, se espera a que amanezca.

Aunque este servicio es popular en los estratos de clase media alta, en donde los gastos son compartidos entre padres que buscan proteger a 4 y 5 amigos cuando van a una fiesta, Burke dio algunos consejos generales:

“Evaluar dónde será la fiesta, si es un centro comercial, un salón de eventos o una casa; saber si son invitados del anfitrión o de una segunda persona, quedarse en el lugar hasta las 6:00 am si es posible, así no se exponen ni ellos ni sus padres a tener que buscarlos en la calle; mantener contacto con sus familiares, reportes al llegar y al salir del lugar; evitar ir de una fiesta a otra, educarse y documentarse del lugar por los delitos a los que se puedan someter, conocer muy bien a los amigos y a los padres de los amigos con quienes sale su hijo”.

Burke asegura que los jóvenes, de la mano de las redes sociales, cometen el error de notificar su locación mediante Snapchat, Facebook, Twitter, Instagram, Foursquare, entre otras plataformas. “Es una vulnerabilidad bastante grande (…) el delincuente común tiene una data que va dirigida al perfil de víctimas que están buscando e inconscientemente le suministran la información de dónde van a estar” concluye Andrew.

 

– ¿Esto es lo que se merecen los jóvenes venezolanos? –

Queda claro que Venezuela tiene una generación de muchachos que no está aprovechando su juventud al máximo. Disfrutar de la urbe en toda su extensión es una ilusión para el joven venezolano que, en la actualidad, no se imagina materialzándola en su país, sino en el exterior sea cual sea su destino.

Lo que puede disgustar, es el tiempo que se perdió por unas políticas públicas que empeoraron sus estilos de vida y arrinconaron a los jóvenes venezolanos a lugares en donde la sensación de seguridad es más obvia: casas, apartamentos o residencias cerradas. Esos refugios, evitan la construcción de una sociedad cohesionada y articulada para formar una mejor Venezuela.