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Tragedia del sector salud desata nuevas protestas en hospitales del país

Nuevamente las cacerolas, las consignas y las pancartas salieron a las calles. Esta vez, el gremio médico en 19 estados levantó la voz para denunciar la crisis de salud que viven los hospitales públicos en todo del país.

Tragedia del sector salud desata nuevas protestas en hospitales del país

En una cadena de protestas, los trabajadores de los centros de salud caraqueños se organizaron. El primero fue el Hospital Vargas, que está ubicado en el centro norte de Caracas. La manifestación inició a la hora prevista, las 10:00 AM.
En las inmediaciones del centro de salud y frente a un grupo de periodistas, el sindicalista Pablo Zambrano recordó el estado actual de uno de los centros mas antiguos del país, que este 2018 alcanza los 127 años.
El «Vargas», que fue diseñado en un principio para poder atender a 1.000 pacientes, en la actualidad no cuenta con implementos ni insumos médicos para poder atender las patologías más básicas, por lo que ese predicamento pasa a ser un problema mayor debido a la falta de medicinas, el déficit de equipos por el deterioro y no reparación de los mismos y la salubridad de las instalaciones es tan decadente que la zona se ha vuelto un foco infeccioso, detalló el trabajador.
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«De esta supuesta guerra de la que el gobierno habla, el único caído ha sido el pueblo, mientras los que están con Maduro andan en sendas camionetas último modelo», expresó Zambrano, quien además considera que el problema de fondo es que el bolívar perdió utilidad y con su debacle, todo se vino abajo.
Dice con pesar que es lamentable el éxodo de trabajadores, pero que  a pesar de que la mayoría de ellos quiere trabajar en su país, no tienen cómo porque las condiciones desde hace mucho no están dadas.
Por su parte, el diputado a la Asamblea Nacional y médico internista, Carlos Prosperi, alertó que el sueldo de un médico venezolano equivale a un dolar en la actualidad, lo cual no hace más que aumentar las frustraciones de la comunidad de especialistas, porque lo único que tienen hoy en día es un estetoscopio, un lápiz y unas enormes ganas que a veces no alcanzan para brindar salud.

Condenados

La vida de Roy Pérez poco a poco se desmorona. Quiere que Yoleannis -su esposa de 19 años- esté bien, pero lamentablemente no es así. La joven lleva casi tres meses internada en el Vargas por un absceso en la zona abdominal, el cual empeoró tras ser intervenida quirúrgicamente y al no encontrar antibióticos, la infección que carcome a su mujer crece hasta el punto que los médicos le recomendaron que averiguara el costo de los servicios funerarios porque era muy poco lo que podían hacer.
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«Cada caja de pastillas cuesta dos millones de bolívares y casi no se encuentra ¿Cómo hago?» Ambos provienen del interior del país y Roy tuvo que dejar su oficio como agricultor y a sus tres hijos para dedicarse de lleno a cuidar a su pareja, con la que duerme toda las noches en la cama individual en donde está recluida, a pesar de los regaños de las enfermeras.
Por otra parte, la madre de Yaneth Sifontes proviene de Ciudad Bolívar y necesita varios insumos médicos para realizarse una operación, entre esos dos clips de operación y otros equipos que suman casi 200 millones de bolívares, por lo que se siente preocupada por la situación.
«Es la vida de mi madre pero… de dónde saco ese dineral», manifestó.

Niños entre la vida y la muerte

Las heridas de los padres del J.M de los Rios, ubicado en San Bernardino, aún están abiertas y la protesta de este 17 de abril reaviva todo. Hace dos semanas, aproximadamente, un gran número de niños fue echado a la calle porque sus madres hicieron una manifestación al frente del recinto. Esas mismas madres, ahora acompañadas por los médicos, exigen justicia y atención a los múltiples  problemas que se registran en el sitio.
El caso de Josue, un niño de siete años, es delicado. Su madre, Nellys Pineda, alertó que su hijo debe tomar medicamentos para mejorar su respiración, ya que ha sufrido 15 neumonías en menos de un año. «Mi hijo entró en remisión, pero ha tenido sus recaídas y sufre de problemas respiratorios severos».
Toma medicamentos como AirOn, que en el mercado cuesta 210 mil bolívares, mientras que las demás medicinas que debe tomar tienen precios equivalentes.
El sueldo mínimo integral propuesto por el Ejecutivo es de 1.307.646 bolívares.
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Algo similar ocurre con María Vargas. Guarda un corto silencio cuando piensa que su hija de 12 años podría morir en cualquier momento. Desde hace tres años padece de un tumor cerebral y su tratamiento ha sido inestable, por lo que las recaídas significan un paso más para una muerte no deseada, misma que puede acelerarse producto de la mala alimentación y la falta de comida.
«Es fuerte. No se si el siguiente día la tendré a mi lado, sólo la pongo en manos de Dios», dijo.
 
El ex director del centro médico, Huniades Urbina, se sumó a los manifestantes y recordó que según la Federación Farmacéutica Venezolana (Fefarven) hay un déficit de 80% en medicinas, mientras que los tomógrafos, resonadores y maquinas de rayos x no funcionan dese hace más de un año. A esto le agrega que el éxodo de venezolanos no excluye a los profesionales. «Cada vez tenemos menos expertos para atender los casos, pero cómo se hace con un sueldo que ronda los 400 mil bolívares», denunció.
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El galeno aprovechó la oportunidad para confirmar que hay un paciente dentro del J.M de los Ríos que sospechoso de portar el virus H1N1, conocida también como la gripe porcina, así como cuatro casos de sarampión.

Convertirse en madre en los pasillos

La historia es igual en la Maternidad Concepción Palacios, en donde el pasado lunes 16 de abril tres madres dieron a luz en uno de los pasillos debido a la falta de camas para atender a las parturientas, lo que evidencia el colapso del centro de salud. Es una realidad recurrente que se escapa de las manos de los especialistas.
Enfermeros
Desde la azotea del edificio, un grupo de enfermeras y pacientes sacan cacerolas y animan a los manifestantes en la avenida San Martín, que durante la actividad estuvo custodiada por la Policía Nacional Bolivariana (PNB). Desde las alturas, los trabajadores le gritaban consignas como: «Pedimos medicinas y nos traen policías».
No es la única que versan, hay una en especial para Luis López, ministro de Salud: «Ministro genocida, queremos medicinas».
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Las enfermeras exhiben sus zapatos llenos de huecos y con la suela despegada. «Hay días que no nos alcanza ni para el pasaje. Estamos cansadas», comenta Carmen López, enfermera de la maternidad con 18 años en el centro. Ella recuerda cómo desde la llegada del nuevo gobierno en 2013 las cosas han girado de rumbo. «En los últimos cuatro años las cosas empeoraron», dijo.  Sus sueldos no llegan ni a quinientos mil bolívares, por lo que hasta la opción de tomar una camioneta se piensa.
Hay médicos con pocos años de experiencia como Simón Lobo, que ven con preocupación cómo sus compañeros de estudio abandonan con más premura el país. Él sabe que tiene una formación de calidad, pero por mucho conocimiento que se tenga, es casi imposible laborar porque no hay los equipos, ni los insumos. «Trabajamos como se trabajaba hace cincuenta años», explicó.
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La desidia desde adentro

En las distintas entradas del Hospital Dr. Miguel Pérez Carreño el gremio médico hace las mismas exigencias. El panorama de la crisis se vive en cada centro público de salud  de la capiral -y del país-. Gracias a unos trabajadores, quienes prefirieron mantener sus identidades ocultas, el equipo de El Estímulo ingresó al hospital y constató las fallas de distintos equipos.
En el sótano se ubica el área de medicina nuclear, y de gastroenterología. El lugar esta lleno de cámaras de seguridad y la limpieza es relativa. El color blanco de las paredes y el suelo influyen. Todo se ve luminoso, pero el personal de limpieza son las mismas camareras que atienden a los pacientes en los pisos superiores; arrastran bolsas llenas de desperdicios o cajas, que luego de recorrer varios pasillos las arrojan en un rincón en donde proliferan las moscas, a la vez que deambulan pacientes.
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Cada habitación con equipos especializados parece abandonada, los tomacorrientes fueron arrancados. La fuente apunta a los milicianos quienes custodian el lugar a toda hora. «Estas máquinas tienen como cuatro años dañadas», explicó uno de ellos.
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Los baños que no están condenados funcionan a medias: o no tienen tapa, o están sucios o les falta el agua. «Esto es un caos y eso que no has visto la emergencia, pero ahí la seguridad es mayor». Entrar a esa zona fue imposible.
En las escaleras que llevan hasta la planta principal, la suciedad se percibe acumulada: tapabocas, servilletas y papeles sucios, ademas que los escalones están manchadas de excretas humanas. No huele mal y hasta pasan disimulados por la penumbra, debido a que muchos de los bombillos se dañaron. Es una pequeña muestra de lo que en un hospital venezolano se vive. Del mismo modo se repite el ejemplo en otros más, sin embargo, acceder a ellos es complicado por el control que tienen las autoridades sobre ellos.
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