Transiciones a la democracia (VII): La transición pactada de España

En España se dieron tres elementos clave: se usaron leyes e instituciones del antiguo régimen para allanar el camino al cambio; se incluyó a diversas fuerzas políticas en la toma de decisiones; y hubo acuerdos y negociaciones clandestinas y presencia reducida de actores políticos en estas

Transiciones a la democracia (VII): La transición pactada de España

El caso de España y su retorno a la democracia, tras la prolongada dictadura de Francisco Franco, se considera una suerte de modelo de transición democrática. El caudillo, como le gustaba a Franco ser llamado, gobernó desde 1939, el fin de la guerra civil española, hasta su muerte en 1975.

Tal como lo reseña el libro Transiciones democráticas: Enseñanzas de líderes políticos, de Sergio Bitar y Abraham Lowenthal, España tuvo un conjunto de particularidades para su tránsito, como nación, de la dictadura a la democracia.

Entre estas particularidades figuran que la redemocratización española se hizo usando una ley que había sido aprobada por el propio Franco, amén de una decisión de este que sin duda marcó un punto de inflexión.

En 1947 había sido aprobada una Ley de Sucesión que además de definir a España como un reino, le daba la potestad a Franco para nombrar a su sucesor. Basado en esta ley, el caudillo propuso en 1969 al príncipe Juan Carlos como sucesor a título de Rey en 1969. Esto terminaría siendo clave una vez que fallece el dictador.

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Hay una coincidencia total en reconocer el papel facilitador que tuvo el joven monarca, actuando en general tras bambalinas, para que los actores políticos alcanzaran acuerdos para el retorno de la democracia a España.

La Ley de Sucesión, por otro lado, dejó establecido que todas las leyes fundamentales del país podían reformarse siempre y cuando dicha transformación contase con la aprobación de dos terceras partes del legislativo. Obviamente, estando Franco vivo, esto no se puso en práctica, pero luego de su muerte resultó ser una rendija para el cambio, ya que antiguos franquistas también se allanaron para negociar el retorno a la democracia.

Bitar y Lowenthal, por otro lado, señalan un factor económico y social como favorable al cambio político. A partir de 1960, España experimentó una profunda transformación de su vida económica, con decisiones que justamente impulsó el propio franquismo. El país pasó a ser fundamentalmente urbano, se vivió una industrialización y la expansión de los servicios. Todo ello contribuyó a que se consolidara una amplia y crítica clase media.

De esa forma, una parte muy significativa de la sociedad española se mostró favorable a la transición democrática, con todos sus bemoles, una vez que Franco murió.

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Entre los protagonistas principales del proceso vivido en España, el libro menciona como un hito la designación de Felipe González al frente del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que tuvo entre sus primeras decisiones desligarse de las plataformas políticas y sindicales orientadas por el Partido Comunista de España (PCE).

González levantó un PSOE que hasta ese momento era relativamente insignificante. Lo convirtió en una organización política clave de España. Poco antes de la muerte de Franco, el PSOE anunció su decisión de impulsar una Plataforma de Convergencia Democrática. Estaba dispuesto a buscar alianzas y hacer acuerdos de cara a la restitución democrática. En ese momento, tanto el PSOE como el PCE estaban ilegalizados.

La transición pactada que se alcanzó en España, según el libro que hemos usado como referencia para esta serie de artículos, tuvo varias características.

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En primer término, lo que ya hemos mencionado de cómo se usaron leyes e instituciones del antiguo régimen para allanar el camino al cambio; un segundo elemento fue la disposición para incluir a diversas fuerzas políticas en la toma de decisiones; y un tercer factor, fue el carácter secreto que tuvieron muchas negociaciones y la presencia reducida de actores políticos en éstas.

En julio de 1976, diez meses después de la muerte de Franco, el ya Rey Juan Carlos tomó una decisión que sería un punto de inflexión en este camino de regreso a la democracia. Nombró como presidente a Adolfo Suárez, quien había sido funcionario del franquismo y por tanto se interpretó su designación como una señal de continuidad.

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Suárez elaboró muy rápidamente una Ley de Reforma Política, que introdujo el voto universal, directo y secreto y la legalización de los partidos políticos.

Las Cortes españolas (el Parlamento) cuya designación había ocurrido durante el franquismo, le dieron un respaldo muy alto: 425 votos a favor y 59 en contra. Era noviembre de 1976. Pocas semanas después, en diciembre, esta ley fue ratificada por un referendo que tuvo una participación del 77 por ciento y 94 por ciento de votos favorables. Ambas votaciones se consideran el inicio oficial de la transición española.

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