Cama y mesa: la lengua en el sexo

Desde el muy coloquial "te tengo queso" hasta cualquier otra referencia que se te ocurra en el español abundan las conexiones entre sexo y comida y la profe Mancilla se lanza plato adentro a encontrar la sazón de este asunto

Hace un tiempo se me acercó una amiga de mi hermanito y mientras observaba detalladamente una jugosa manzana roja, me dijo:

-¿Sabes qué me parece loco y contradictorio?

(Me parecía loco que, estando en Venezuela, se estuviese comiendo una manzana, sobre todo porque la semana pasada la había visto comiendo uvas, igual le pregunté)

-¿Qué?

-Que si en la Biblia dice que Adán y Eva fueron castigados por comer del fruto prohibido y este era una manzana, ¿por qué siguió existiendo?

(Dios bendito, ¿qué le hicieron a esta generación? Muchacha gafa)

– A ver, en la Biblia no dice que ese fruto es la manzana, pero ¿sí sabes que cuando hablan del fruto prohibido, no se refieren a una fruta, verdad?

– ¿Y a qué?

– No lo sé, hay varias interpretaciones.

-¿Qué crees tú a qué hace referencia?

-A la totis.

– [risas] ¿En serio? ¿Y qué relación tiene una fruta con la vagina?

(En que ambas se comen)

-Te dije que no sé, es una simple metáfora.

Aunque muchos coinciden en que la metáfora refiere al conocimiento del bien y el mal, yo no soy la única que siempre anda relacionando sexo con comida.

Hace un tiempo apareció en Twitter una imagen que decía ‘‘Di una frase que puedas usar durante el sexo y en una cena familiar’’ y las respuestas fueron fascinantes: ‘‘Quiero un poco más de eso’’, ‘‘¿me ayudas a pelar esto?’’, ‘‘cómetelo todo’’, ‘‘no hables si tienes la boca llena’’, ‘‘no me entra más’’, ‘‘estoy que exploto’’, ‘‘ Estoy incómoda, ¿te puedes correr?’’, ‘‘¿ya acabaste?’’ y de las más comunes cuando eres un mamafruta ‘‘todo muy rico, pero tengo que irme’’. Aunque terminó siendo muy gracioso, lo que más me impresionó y me dio curiosidad es que son muchísimas las frases que pueden usarse en esos mismos contextos, pero ¿por qué en el lenguaje existe una relación tan estrecha entre el sexo y la comida?

En español tenemos muchísimas expresiones que relacionan lo sexual con lo comestible. Por ejemplo, en el caso del español hablado en Venezuela, cuando alguien nos atrae muchísimo físicamente, le tenemos queso. Si queremos flirtear, le picamos una torta o un quesillo. Incluso, si nos gusta alguien con pareja, empezamos a soplar un bistec, rasguñar la arepa o a comernos el maíz por la orilla, sin importar que alguien ya esté comiendo ahí.

Coloquialmente, al órgano genital masculino lo llamamos huevo (güevo) y al femenino lo podemos llamar bollo, bizcocho, patata, castaña, pescado, ostra, mejillón, frijol y hasta chimichurri. Si eres mujer y te gustan las mujeres, comes cachapa y si eres hombre y te gustan los hombres, haces parrilla. En un contexto sexual, al semen lo llaman leche y a la acción de tener relaciones sexuales se le dice rellenar el pavo, sin importar si estamos o no en acción de gracias, aunque si lo hacen bien, sí terminamos agradeciendo.

Este tipo de expresiones que relacionan sexo con comida no solo existen en español, al parecer es una analogía que se utiliza en más lenguas de las que pensamos. En francés, por ejemplo, los hombres no se masturban, sino que le hacen cosquillas al puerro (Se chatouiller le poireau) o le quitan la grasa al salami (Dégraisser le salami). Y en portugués, si eres una ricura, estás más bueno que el maíz (Boa como o milho) y no mojan el churro, como dicen los españoles, ellos mojan la galleta (Molhar o biscoito) como los franceses (tremper il biscuit). En holandés, si eres guapo/a, te quieren comer la tostada (Een beschuitje mer iemand eten) y en alemán, te limpias la zanahoria (Die Möhre schrubben).

¿Cuántas veces has escuchado, recibido y usado expresiones como ‘‘me quiero comer a [tal persona] ’’, ‘‘esa jeva está riquísima’’, ‘‘ese tipo está buenísimo’’, ‘‘las venezolanas están di-vi-nas’’, ‘‘le tengo demasiada hambre a ese pana’’? ¿Y cuántas veces te han dicho (o has dicho) alguna labia como ‘‘te quiero comer a besos’’, alguna nichedad como ‘‘te quiero devorar’’ o alguna babosada como ‘‘quisiera saber a qué sabes’’? Y, a menos que te lo diga Hannibal Lecter, jamás vas a pensar que quieren agarrarte, ponerte sal y pimienta blanca, una cebolla encima, salsa de jitomate, salsa inglesa, mostaza, un diente de ajo y hasta menta (¿sí sabes que la menta es lo mejor del mundo para la carne?) y meterte en un pan de hamburguesa. Y es que ni siquiera en la canción ‘‘entre caníbales’’, Soda Stereo se refiere a ser caníbales de verdad.

Resulta que tener sexo también es comer y no, no hablo ni de los alimentos afrodisiacos ni mucho menos del sploshing, me refiero a las palabras que usamos para referirnos tanto a la descripción del acto sexual y sus participantes como al antes, durante y el después. Cuando describimos un acto sexual y a las personas involucradas, usamos la lengua de cierta manera y no me refiero a la lengua como órgano muscular bastante movible (aunque esa la usamos también, unos mejores que otros), sino a la descripción metafórica y al lenguaje en sí.

Es importante tener en cuenta que una metáfora es una figura retórica que expresa una realidad o concepto mediante otra realidad o concepto completamente distinto, pero la metáfora no solamente es un aspecto formal del lenguaje, es decir, no son solo palabras y comparaciones. Las metáforas nos permiten estructurar conceptos en nuestro cerebro, ¡es algo cognitivo! Así que el sexo y la comida entran en el mismo paquete (¡ja!).

Así como al sushi o a la pizza, a las personas también les tenemos ganas. Por eso usamos la metáfora de la comida: tener relaciones sexuales es comer. Alguien nos da hambre, quedamos satisfechos (o no), probamos algo apetecible. Las metáforas son conocimientos del mundo. Nuestro cerebro metaforiza, ya que por medio de metáforas logramos entender situaciones que quizás no siempre puedan percibirse de manera tan directa o explícita. Hay conceptos (como el sexo) que deben metaforizarse para entenderse mejor.

Las metáforas no son solo fenómenos estéticos, sino también fenómenos cognitivos, puesto que estos involucran nuestra manera de ver el mundo. Y nos ayudan a entender conceptos abstractos a través de conceptos más concretos. Esto no quiere decir que tener sexo no sea algo concreto (a menos que solo ocurra en tus sueños, qué triste). Las palabras pueden tener significados iguales aunque pertenezcan a realidades distintas, pero ¿qué tan distinto es comer y tener sexo? ¿Por qué usar una metáfora? Bueno, el sexo y la comida están netamente relacionados a los mismos sentidos y necesidades: vemos, probamos y olemos; y también a las mismas acciones y sentimientos: tenemos un estímulo (hambre), cazamos una presa, saciamos el hambre. La comida o las personas pueden ser deliciosas y dulces, dependiendo de esto resultará apetecible, buscamos la manera de acercarnos (sin rayar en el acoso, porfis) y ñomi ñomi.

Y esto no es algo que se inventó recientemente, en el Kamasutra (siglo III d.C) se señala que ‘‘Las acciones relacionadas con el amor tienen la misma naturaleza que la comida, ya que contribuyen al sostenimiento del cuerpo’’. Además, sobre esto hay varios estudios. Muchos antropólogos han estudiado lenguas donde hay un apareamiento (¡ja!) entre el sexo y la comida. Bronislaw Malinowski escribió «La vida sexual de los salvajes» (1929). Claude Lévi-Strauss, un antropólogo francés, escribió ‘‘Lo crudo y lo cocido’’ (1968); Peter Farb y George Armelagos, ‘‘Antropología de costumbres alimentarias’’ (1985); Jesús Contreras, «Antropología de la alimentación» (1993) y un largo etcétera.

En yoruba, comer y casarse son el mismo verbo. Si un ghanés dice ‘‘dzi’’, no sabremos si está diciendo que comió o que se acostó con alguien. En Australia, si un aborigen te pregunta ‘‘¿utna ilkukabaka?’’ puede estar preguntando si comiste o si tuviste relaciones sexuales. En quechua, guaraní, hua, swahili, tikopia ‘‘comer’’ y ‘‘tener sexo’’ comparten mismas palabras, incluso si eres virgen aún ‘‘estás crudo’’ o no te han ‘‘pasado por la cacerola’’, ¿vieron? ¡Tener relaciones sexuales es una manera de alimentarse!

Sé que muchos se están preguntando, sobre todo, qué pasa en el caso de la mujer ¿quiere decir que nos están cosificando en todas esas lenguas? Yo creo que no hay que tomárselo tan personal porque la lengua es el reflejo de nuestro sistema conceptual. Si vemos a las personas como comida, lo hacemos por algo más cognitivo, el sexo y la comida producen un mismo tipo de placer. Quizás esto que diré sea políticamente incorrecto, pero sí, en la cama nos ven como un trozo de carne (o de lechuga, si se trata de una persona vegetariana) y eso tal vez está bien mientras no nos pongan a asar.

Además, ¿quién no quiere ser el postre de alguien que nos parece apetecible? Definitivamente, el sexo es comer y así como la comida, también hay gente que nos intoxica y nos da indigestión. Mosca, tampoco es bueno estar hablando tanto, tenemos que recordar que el que come callado come dos veces. Recuerden que al sexo también debemos ponerle sazón y así evitar ser unos huevos sin sal. ¿Saben qué? mejor ni le pongamos siempre el mismo relleno a la arepa, no rayemos (¿o rallemos?) ni en lo aburrido ni en lo pussylánime.