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Sexo para leer

#SexoParaLeer: Mesa para tres

No se trata del típico relato erótico que siempre vemos en esta sección. Aquí más bien parece que el autor, en una suerte de crónica desenfrenada, nos quiere comunicar algo sobre su cotidianidad o la de los otros. Nos gusta pensar que la realidad es mejor que la ficción. 

Sexo para Leer: Hambrienta de sexo

Empecé a despertar, mi cuerpo desnudo recostado a su pecho, mientras su mano rodeaba mi cintura, aún me sentía húmeda y dilatada, él seguía dormido, pero su miembro todavía seguía ardiente. Había olvidado en dónde estaba, empecé a reconocer el lugar con extrañeza y recordé …

Venezuela no le teme a las tetas

Compuestas por tejido adiposo, glándulas, conductos y ligamentos: las tetas, esta mítica parte de la anatomía femenina, atrae a ambos sexos. Solo hay que voltear a una esquina de este país para desvelar a mujeres de senos exuberantes y cubiertos por milimétricos centímetros de tela

El placer sale caro en Venezuela

La inflación y el alto costo de la vida no se escapan del mercado del placer sexual en nuestro país. Los elaborados productos que se ofertan en las conocidas "sexy shops" además de que siempre fueron caros ahora están fuera del alcance del ciudadano común. Aquí te mostramos lo que vimos en la calle 

El peligro de las ETS: sexo, mentiras y malestar

Las enfermedades de transmisión sexual atentan contra la población venezolana y mundial más de lo que muchos mencionan, sin hacer distinción entre clase social, género y frecuencia (dos parejas en seis meses se consideran promiscuidad). Entérate de los peligros que puedes encontrar bajo tus propias sábanas

Sexo para Leer: ahora y donde sea

El sexo “no tiene horario ni fecha en el calendario”. “Cuando las ganas se juntan” el deseo no se controla. Una mirada basta para saciar dos cuerpos ávidos de manos, bocas, lenguas y toqueteo. No importa el lugar, solo importa lo que se quiere hacer y con quien se quiere hacer. Descubre en este relato erótico de Orina Montilla dónde y cuándo es el momento de actuar 11pm. Camila llegó al local nocturno donde se disponía a emborrachar para celebrar su graduación. Llevaba una camisa blanca ajustada y un pintoresco sombrero que decía “Licenciada”. Con un jean pegadito al cuerpo y unos tacones marrones muy altos llegó contoneando su cuerpo de lado a lado al compás de la música, una música visceral, esa que evoca movimientos pélvicos casi ancestrales, la que el cerebro réptil reconoce y relaciona con nuestro entrepierna. Jesús llevaba rato en el lugar. Él por su lado celebraba un ascenso bien merecido y se encontraba disfrutando de una noche liberadora para enfrentar el lunes siguiente las nuevas responsabilidades que le venían. De pronto la vio, miró, casi midiéndolo, el trasero de Camila y haciendo un gesto con sus manos y su boca en forma de “u” se la imaginó entre sus brazos bailando para él.

Nanutria y su mala idea de ser "Chica UB"

Víctor llegó a Caracas con el sueño de convertirse en comediante siendo ingeniero, y aunque confiesa que no le gusta la capital y su gente, esta cuidad fue la que le dio la oportunidad de hacernos reír hasta llorar en las tablas

Sexo en discapacitados: de lo que nadie quiere hablar

Esta condición los ha dejado excluidos de la sexualidad, hasta ahora. En los minusválidos, el impedimento es determinante. Sin embargo, para ellos no existen excusas a la hora de intimar con otra persona que presente una discapacidad. La minusvalía se presenta como debate cada vez con más frecuencia y ellos apuestan a que su sexualidad sea cada vez más libre 

Sexo para Leer: Polvo rosa

Algunos lo llaman polvo rosa, otros polvo vainilla, lo cierto es que de polvo no tiene mucho. El romanticismo, la delicadeza y las caricias suaves suelen quitarle la pasión al sexo. Sin embargo como seres de cuerpo y mente, a las mujeres siempre nos hará falta eso que cursimente llamamos “hacer el amor El sexo me encanta, tirar, sentirlo adentro, la fricción, el sudor, el choque de cuerpos. Extrañamente también me gusta un roce delicado, un camino de besos, dedos bajando por mi espalda dejándome la piel erizada. El problema es que muchos hombres no toman en cuenta este tipo de cosas al tener sexo, o al menos no logran el equilibrio entre estas dos líneas de comportamiento: la sexual y la amorosa. Algunos tiran, lo meten, lo sacan, lo meten y lo sacan otra vez; y eso me gusta, eso es exactamente lo que me gusta. Otros se enfocan en caricias y lo hacen con delicadeza para no hacer sentir como una puta a su pareja. A caso, ¿no puede haber un equilibrio entre estas dos cosas? Así, comienza mi fantasía con el hombre perfecto. Uno que sabe darme una buena nalgada y al mismo tiempo me besa la espalda danzando vertebra por vertebra. Santiago, así lo llamé, es la mezcla de dos amantes que me han marcado. Uno desenfrenado, no le importaba tratarme como una prostituta, yo era su perra, su feliz perra; el otro cariñoso, me trataba como una princesa, besaba cada parte de mí como si fuera un lugar sagrado. Una tarde llegué del trabajo cansada, me senté en la cama para quitarme los tacones. Santi me pidió que no lo hiciera, porque así me veía más sexy. Le dije que estaba exhausta y que necesitaba relajarme. Me miró y tapó mi boca con uno de sus dedos, su delicioso dedo índice. Me levantó suavemente y besándome me quitó la chaqueta despacio, bajó el cierre de mi falda y la dejó caer. Desabrochó mi camisa bruscamente y me dejó allí parada, entaconada, con un hermoso juego de ropa íntima. Retrocedió unos pasos y saboreando me miró de arriba abajo. Yo extrañamente no tenía muchas ganas de juguetear, estaba dispuesta a abrir mis piernas para dejarme penetrar y finalmente poder descansar. La tendría difícil. Reconociendo mi actitud, me rodeó dando pasos sigilosos. Ya detrás de mí posó sus manos en mis hombros y moviéndolas circularmente me masajeó bajando hasta mis senos. Pellizcó mis pezones, los jaló y recostó su miembro entre mis nalgas. Con una mano en mi cuello me reclinó dejando mi trasero a su disposición. Me tiró en la cama y comenzó a besarme dulcemente desde el talón hasta el coxis, allí abrió un poco mis piernas, introdujo un dedo dentro de mí y jaló la cola de caballo que llevaba puesta. Besó mi cuello, respiró oliéndome el pelo, metió las manos delante de mí y me manoseó. Paró, besó mis costillas una por una, haciéndome cosquillas, me volteó, tomó mi vientre y pasó la lengua desde mi pelvis hasta mi pecho. Flexionó mis piernas y las separó, sacó su pene y tocó con la punta mis labios vaginales, metió la punta, solo la puntica. Una vez húmeda me rozó con sus dedos tomando un poco de mi “vainilla” para extenderla por toda la zona. Metió de nuevo una parte de su miembro y haciendo círculos empujaba una y otra vez mi clítoris haciéndome derramar más jugo. Retorciéndome en la cama, con los tacones aún puestos tomé fuerzas para pararme e invertir posiciones. Tomé su miembro erecto y lo metí entre mis senos, los masturbé, a lo rusa, mientras sacaba mi lengua para tocar la sabrosa punta de su pene cada vez que subía y bajaba. Así lo hice acabar, me llenó los pechos, la boca y parte de la mejilla de semen. Me paré aún sedienta, desnuda y en tacones me solté la cola que llevaba amarrada, él enseguida se acercó a mí, metió sus dedos entre mi pelo masajeando la parte de atrás de mi cabeza y besando mis ojos y mi frente tiernamente. Me cargó y me montó sobre él, pasó lentamente sus dedos por mi espalda erizándome toda. Besó mi boca por partes como indicando los puntos cardinales. Llegó a mis nalgas y me dio con la palma un azote preciso y me apretó. Comenzó a moverse dentro de mí mientras su lengua rodeaba mis pezones. Yo arqueada no hacía más que gemir y dejarme llevar por la terapia de relajación que Santi me estaba dando. Tomándome por las caderas me alzó cinco veces seguidas. Una, con el cuerpo hacia atrás sentí su pene muy dentro de mí. Dos, la capuchita que lo recubre se bajó casi en cámara lenta creando rozándome toda. Tres, sus bolitas tocando mis nalgas rebotaron dándome rico. Cuatro, pegada a su cuerpo y con los tacones guindando se me escapó un grito de placer y cinco… metió sus manos por detrás de mis muslos y me abrió desde allí dejándolo entrar un poco más… eso bastó para abrirme un chorro de placer. Mis fluidos se unieron con los suyos y nuestros gemidos no paraban. Los tacones cayeron al suelo y caímos acostados en la cama. Cansada pero liviana posé la cabeza en la almohada y caí rendida de sueño, relajada y feliz por tener al hombre perfecto en la cama, uno que me azota y me besa a la vez. Por esto un polvo cariñoso, sea rosa o de vainilla muchas veces viene bien.

5 historias inéditas de sexo en Venezuela

Conversaciones en bares, restoranes y heladerías, correspondencia vía E-mail, chats y llamadas telefónicas interminables. Preguntas aleatorias, indiscretas, o simples insinuaciones que destapan secretos inconfesables. Con este método de investigación errático pero confiable, recopilamos historias de aventuras sexuales y confesiones morbosas de las personas más inesperadas que ves en la calle. Descubre el primer estudio sobre el comportamiento sexual alternativo que se hace en Venezuela de la mano del equipo de expertos de UB. Agarrate duro y aprieta las muelas