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Después de todo esto

En estos tiempos imaginamos mucho. Aquí dejamos una visión futurista sobre las cosas que nos planteamos (y las que no) con la pandemia

“¿Quieres café?”, le grité a mi abuela desde el piso de abajo. Con todos mis tíos y mi papá infectados no queda nadie más que la pueda cuidar y ayudar a hacer sus cosas.

Me dice que sí. Igual yo quería, así que ya lo estaba montando. Mi abuela no ha salido de su casa en 1 año y 3 meses. Antes casi no salía, pero por lo menos la gente venía los sábados, los domingos.

Ella se cocina. Lo hace arriba donde le instalaron una cocina nueva, con mucho esfuerzo. Es lo que la mantiene viva. Se hace lo básico, una arepa, una pasta, carne, a veces sopa o caraotas, cuando se siente más gourmet. Ya no se consiguen muchas otras cosas. Yo hago el café con guantes y la greca recién lavada porque ella disfruta que lo haga, no le importa que me quede malo.

Me pregunta por las noticias todas las mañanas. Por mi trabajo y porque mi vista joven me facilita leérselas.

“Siendo USA el dueño de la patente de la vacuna, hay un alza histórica en el mercado americano”. Un artículo de opinión realza la importancia de que Estados Unidos esté comercializando “la cura”, para ellos y el mundo. Rusia y China se ven obligados a negociar con el líder del mundo libre, para acceder a ella. Maduro “se restea”.

A Venezuela llega por contrabando, ya que no la han solicitado por vías oficiales. El ministro de salud recomienda moringa y habla de los milagros del jugo de patilla. Mis tíos esperan recuperarse para acceder a ella (a la vacuna, no a la moringa) y dársela en algún momento a mi abuela, para que vuelvan las comilonas del domingo. Ojalá pronto.

“Cristiano Ronaldo hace un gol desde el saque de meta”. El titular deportivo habla de la hazaña del portugués, en un partido de la Juventus versus el Real Madrid. Aunque Europa se recupera poco a poco, los “asistentes” al evento lo hicieron de manera virtual, con estos lentes que antes se usaban para jugar o ver porno. Las entradas costaban entre 50 y 800 euros.

“Coca Cola reduce capital humano bajo alianza con Boston Dynamics”. La transnacional que vive desde hace más de una centena gracias al refresco más popular del mundo realiza despidos masivos, aunque con paquetes de jubilación y seguros prometedores (medida impuesta en la convención internacional de países vía HouseParty). Aseguran que gracias al Covid-19 entendieron que la industria de refrescos de soda es sostenible casi a 90% a través de la robótica, contando con poco personal para tareas administrativas y de recursos humanos. La compañía de Boston hace millones y sus acciones suben gracias al desarrollo de personal obrero robótico.

“Holograma del difunto Papa Francisco dirige misa en el Vaticano”. Mi abuela es muy religiosa. Es un titular que le duele. Discutimos si vendrá un nuevo nombramiento pronto o no. También si el papa era comunista o no. Terminamos la discusión porque nos acercamos a pelear y paso al siguiente titular.

“Uber Eats vende máquinas de teletrasportación para evitarse el delivery” La compañía que una vez fue de repartidores de comidas, ahora vende un aparato que al instalarlo en tu casa hace que te llegue tu McDonald’s, Pizza Hut o cualquier “gordada” que hayas pedido. Simplemente aparece ahí. Nadie sabe cómo. Y no piensan explicarlo.

Después de la lectura post apocalíptica, mi abuela me anuncia que se va a bañar. Yo lleno un termo de agua potable, oxigenada, carbonatada, pasteurizada y desinfectada, desde un filtro que por ley se instaló alrededor del mundo. Pienso en el genio que inventó el filtro.

Me monto en la bicicleta y doy un par de vueltas por La Trinidad. Un policía me detiene y me pregunta por mi carnet de sanidad.

Coño, pienso mientras me reviso, se me quedó en la casa.

-Pana, te lo juro que se me quedó en la casa, le digo apelando a su empatía.
-Bueno ciudadano, ya sabe lo que procede.
-Sí, debo acompañarlo al Farmatodo más cercano para realizar la prueba y pagar un nuevo carnet.
-No bueno, lo puedes resolver con par de frescos y un monchi que llevamos todo el día aquí.

Hay cosas que no cambian.

Comprándole el triste soborno al policía hambriento, aprovecho para pedir otras cosas. Como solo funciona a través de autofarmacia los conductores me ven raro al pasar en bicicleta.

Hoy en día la gente le teme a las bicicletas.

La lista es sencilla. Dos expectorantes de emergencia inyectables, una cápsula de recarga de respirador para mi abuela (tenemos muchos, por si acaso), unas mancuernas lavables de 20 kilos, unos platanitos y una recarga de 1 millón de bolívares para un Bam de Movistar (el mundo avanza pero el internet de Venezuela no).

Paso el celular por el punto, cosa que ya existía en otros países, monto la caja desinfectada de productos entre el volante de la bicicleta y yo, le entrego sus cositas a los policías trabajadores y regreso a casa de mi abuela.

Saco un Marlboro Desinfected 100% pure y lo prendo en el jardín. Los árboles están distintos, creo que respiran más.

Estoy por hablar con “la chamita” en holograma, en 20 minutos me baño y pongo “pepito”. Compré un aparato que permite “hacer cosas” a través del nuevo Skype con holograma. Tú me entiendes.

No todo es malo.

Dicen que pronto será igual que antes, que saldremos y tendremos menos cuidado, que volveremos a la normalidad. Pero tal vez esto es un avance, solo que no lo vemos. Nos estamos cuestionando cosas que no hubiésemos hecho antes, del mundo y de nosotros mismos.

Hay que entregarse a los cambios, el que se resiste se vuelve loco.