El advenimiento de la Caracas fancy

La noche caraqueña es muchas cosas, incluso un pequeño y singular rincón en Chacao cuyas paredes se han convertido en una improvisada galería fotográfica

Redefinición del concepto rumba. Me declaro un personaje residual y radiactivo, poco agradable, por demás está decir. En muchos lugares persona non grata. Para mí la semana es de lunes a viernes, puesto que en mi disco duro de la IBM setentera el sábado y domingo eran otra cosa, días dedicados al dancing y al don’t stop.

En la actualidad existe un lugar en la calle Páez de Chacao, un pequeño cuchitril donde danzan las chiripas y la cerveza es fría.

No lo reseñarán esas páginas mojigatas de viajeros internacionales, por supuesto que manipulados por el pensamiento de nerds bien acomodados, profesionales y periodistas, que no han descubierto que un artista o bohemio no es algo que se lee en los cuentos de Alejandro Jodorowsky. Aunado a la estampida de gente que hacían el baluarte noctambulo y artístico de Venezuela (sin resentimientos ni nostalgias), los que de raza criolla y escoria que pretendíamos ser de un gueto neoyorquino, nos vemos mendigando ahora cervezas, entablando conversaciones con estos atletas del yoga, de cómo pescan y conquistan adeptos. Periodistas como Iván Zambrano derrochando algo indescifrable, pero encantador al mismo tiempo.

Café Inés, atendido por su dueña la señora Bernardette, es la respuesta de este tiempo y la crónica viva de cómo a nosotros todo lo que estamos pasando nos importa una mierda. “El café de los fotógrafos” –como le dicen- está tapizado de los trabajos materiales e inspiración de muchos profesionales, dejando plasmados a manera de documentales creepies, momentos de la historia reciente de la ciudad.

Por ejemplo: las guarimbas del año 2017 en Chacao, tres meses de muertos, bombas lacrimógenas, sangre derramada por la libertad, ansiedad, incertidumbre y pare de contar. En las fotos pegadas en las paredes los asistentes al bar de Inés así como en una película, ven con cervezas en mano la trifulca, se ve el humo de las lacrimógenas, pero la gente sigue tomando. Así piensa la burguesía con la que podemos contar en Venezuela.

La barra que está localizada en la calle Páez de Chacao ocasionalmente tiene música, si llevas tu cornetica. Hay buena conversa. Si te arrastras, hay desde encuentros amorosos hasta cruising neo-mercantilista, pero por sobre todo, Café Inés es un resuelve semanal, el reflejo de Caracas y de bolas que con las pocas opciones post, existe la posibilidad de que en la hora menguada de la rumba de la ciudad de los techos rojos uno termine un viernes borracho y culto tipo 12:00 en punto los viernes y declarándote intelectual y borracho los sábados a las 10:30.