El sueldo se hace polvo en los moteles de Venezuela

Novios, esposos, amantes o infieles son también víctimas de la inflación galopante. A la par de la súbita desaparición de métodos anticonceptivos, los precios de las habitaciones de "alta rotación" en las zonas más céntricas de la capital, han impactado los hábitos sexuales del venezolano. El sexo ya no es casual. Sino caro

El sueldo se hace polvo en los moteles de Venezuela

No es cuestión de ver el lado malo de las cosas ni de  convertirnos en profetas del desastre, pero la cuestión sí da para hacer algunas reflexiones.
Lo que recogemos en la calles y lo que nos dicen nuestros lectores son temas a los que no se les puede sacar el cuerpo. Y es precisamente el cuerpo de los venezolanos el que, en éste caso, está siendo perjudicado.
El desbordamiento inflacionario, la paralización del aparato productivo nacional y los altos índices de criminalidad en las principales ciudades del país, han impactado negativamente en el ocio y entretenimiento para los que vivimos en este terruño. La vertiginosa caída de los hábitos de consumo en torno al “sexo casual”, comienzan a revelar sus afecciones en la psique nacional. Aquello del “levante” del fin de semana o el “almuerzo” con la secretaría en plena jornada laboral, parece estar quedando en el pasado.
“No queda otra mi pana. Ahora tiramos menos, se nos hace imposible pagar, (2) dos veces a la semana, el hotel a donde íbamos en Plaza Venezuela” asegura Oscar, estudiante de la Escuela de Nutrición de la UCV, quien prefirió no revelar su identidad, pero no dudo en confesar que ahora pelea más con su novia. “Hay chamos que se van al Jardín Botánico o al parque Los Caobos, pero nosotros no nos arriesgamos  y tuvimos que sincerarnos con mi suegra. Entonces a veces yo me quedo a dormir en su casa”. Asegura el entusiasta de 22 años que desborda en sus ojos cierta desesperación. Como si fuera una bomba de testosterona a punto de estallar. “No sabes lo que me ha ayudado UB”, remata entre risas, quien es seguidor confeso de esta marca.
A la par de la escasez galopante en métodos anticonceptivos de todo tipo – desde preservativos hasta píldoras y esponjas- los precios de estos productos le pueden quitar “las ganas” a más de uno. Un paquete de condones de tres unidades, oscila alrededor de los 300 Bs. mientras, que una caja de pastillas anticonceptivas -desaparecidas de todos los anaqueles y boticas del país- puede llegar a costar Bs.400.
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Por si fuera poco, dueños de moteles, hostales y albergues de “parada rápida”, que se ubican casi siempre al borde de las principales vías terrestres de la geografía nacional, han visto cierto decrecimiento en la rotación de huéspedes, “pero las parejas siguen viniendo, aunque en otros horarios por el problema del hampa”. El dueño de una famosa cadena de moteles- quién, por razones obvias, tampoco quiso revelar su nombre- asegura que si bien ha bajado la clientela,  “ahora tenemos mucho movimiento tempranito en la mañana, de lunes a viernes”.  Igualmente confiesa que se han visto en la necesidad de cerrar ciertos módulos del motel por la falta de insumos de todo tipo: “Desde papel toillet hasta jabón para lavar las sábanas”. Lo que asoma, sin duda, un problema serio de salubridad, sobre todo en este tipo de establecimientos con altísima afluencia de huéspedes que no van en plan de pernocta.
El costo de las habitaciones temáticas se ubica alrededor de Bs. 2500 hasta Bs. 4000, esto sin contar todo el imaginario envolvente necesario para eso que llaman “el preludio amoroso”. Desde juguetes sexuales hasta la lencería erótica- un conjunto puede alcanzar los Bs.30.000- velas aromáticas, aceites y lubricantes, pasando por el costo de una cena romántica para dos, a la luz de las velas,  el presupuesto puede representar perfectamente,  la totalidad del sueldo mensual de un profesional promedio, joven y soltero (a) en plena cumbre de su plenitud sexual. Una estadística que incide negativamente en la llamada “suprema felicidad” a la cual, supuestamente, estamos destinados todos los venezolanos.
“A veces tengo que resolver en unos antros de mala muerte”, comenta un profesional del volante (taxista), quien no quiso dar más detalles de su vida personal. Refiriéndose -éste- directamente, a pequeñas pensiones de casa viejas, que son más comunes en el oeste de la capital. Por el momento, los venezolanos parecen que se están “absteniendo” más que en épocas anteriores, en donde incluso había que llamar con días previos para la reservación de estos populares “Drive -in-hotels” criollos. Lo que si es cierto es que la vida puede ser muy corta y el cuerpo esta para ser usado como dice el refrán.
 
 
 
 
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