<iframe src="//www.googletagmanager.com/ns.html?id=GTM-K8BB9HX&l=dataLayer" height="0" width="0" style="display:none;visibility:hidden"></iframe>

Erotismo en el cine criollo: 120 años de recato

La expresión “magia del cine” se refiere, entre otras cosas, a que los que crecimos viendo series juveniles y telenovelas sólo pudimos cumplir, en sala oscura y a pantalla gigante, el sueño largamente anhelado de ver desnudita a Daniela Alvarado en la película Una abuela virgen (2007). Por no hablar del blanquísimo lienzo de la piel de Eileen Abad en Tokio Paraguaipoa (1996) o la perfecta fantasía Brahma

Erotismo en el cine criollo: 120 años de recato

En su cumpleaños 120 que celebra este 28 de enero, el cine venezolano todavía está en deuda con su equivalente a El imperio de los sentidos, El último tango en París, 9 semanas y media, 9 orgasmos, La vida de Adèle, 50 sombras de Grey, Virgen a los 18 o lo que demonios tú, lector, consideres un clásico del erotismo.
Quizás el que más se ha acercado es el recientemente fallecido Mauricio Walerstein (1945-2016), que más o menos se especializó en el tema con películas del año del cataplún como La máxima felicidad (1982), Macho y hembra (1984) y Con el corazón en la mano (1988).
“Fui camarógrafo de Mauricio y logró cosas interesantes, pero el erotismo en el cine venezolano es memorable en el mal sentido: lo ha signado la pacatería cultural. Sigue siendo tabú, como si fuera televisión. Ni siquiera en las películas de Román Chalbaud se ha asumido la carnalidad, lo que resulta hipócrita cuando Caracas tiene más hoteles de citas que Bogotá”, sentencia Miguel Curiel, que logró desnudar a Karina Velásquez en Wayuu: la niña de Maracaibo (2012), un insólito thriller erótico-guajiro que probablemente se convertirá en cinta de culto con el paso de los años.
“Elba Escobar es la primera que asumió el desnudo sin mucho peo y no por ello dejó de ser una gran actriz. Ella es como nuestra Meryl Streep. Sin estar tan buena, tuvo personalidad. Andaba muy suelta en medio de directores que con frecuencia se autocensuraban. De Elba recuerdo una de nuestras pocas escenas de penetración anal en No hace falta decirlo (1987), de Alejandro Padrón. También hay una similar en Por un polvo (2008) de Carlos Daniel Malavé”, rescata Miguel Curiel.
Habla la reina
Para el cine erótico hecho en socialismo (o antes de él), ciertamente, Elba Escobar ha sido el equivalente a la mítica portada de Gaby Espino en Urbe Bikini: salve, reina.
“La primera escena erótica que me impactó como espectadora fue la de Orlando Urdaneta y Haydeé Balza, que hace un desnudo hermosísimo, en El pez que fuma (1977). Cuando yo comencé a hacer cine, me tocaron varias. En mi debut en La casa de agua (1983), donde fui la amante del poeta, Franklin Virgüez comenzaba a bajar por mi cuerpo, la cámara se quedaba en mi cara y yo fingía un orgasmo. Franklin fue todo un caballero. Después de que bajó, me tapó con una cobijita y se salió de la cama para que yo hiciera mi orgasmo tranquilita. Por supuesto, está el famoso ménage à trois de Macho y hembra, con Orlando e Irene Arcila, lleno de primeros planos, detalles, bocas, piel, sudor”, compendia con humildad, desde Miami, la propia Escobar.

“Rodar una escena de sexo es, antes que nada, una negociación: en Venezuela es más difícil desnudar a un hombre que a una mujer”, revela Curiel acerca de su experiencia personal. Se hace con personal mínimo (director, camarógrafo, sonidista) porque no conviene estar desnudo delante de 40 personas, y no por pudor: aquello se te convierte en una playa nudista, que es cualquier cosa menos erótica. Modestia aparte, creo que en 120 años de cine nacional no se había desnudado a una tipa como yo desnudé a Karina (Velásquez). Pero creo que la gente no vio la película sino la empelotada”, admite el cineasta.
El macho burlado
“Mi escena de sexo inolvidable sería la primera de Con el corazón en la mano”, escoge Juan José Espinoza Aguilar, coordinador del archivo audiovisual del Centro Nacional Autónomo de Cinematografía.
“Aunque estamos hablando de una prolongada violación en un baño público, disfruto especialmente la función que cumple esta secuencia en la caracterización de personajes: al terminar la violación, María Conchita Alonso se para, se arregla y le pregunta a su agresor, Daniel Alvarado: ¿Cuánto te debo? Es decir, ella parece haber disfrutado de todo el sórdido evento y el macho queda reducido a la burla por una mujer dueña de su sexualidad.
 
Violacion Corazon en la Mano
Los críticos serios llegaron a calificarla de ‘degradación excrementicia’ o ‘putrefacta basura filmada’. Yo creo que es una gran película. ¿Elle de Verhoeven? ¿Irreversible de Gaspar Noe? Yo prefiero Con el corazón en la mano de Walerstein”, se explaya.

Espinoza, por cierto, es de los privilegiados que ha leído el guión del que hasta ahora es un proyecto maldito del cine nacional: la inconclusa El orgasmo Sternberg, del joven cineasta Gregory Escobar, acerca de un grupo de amigos que lanzan una web porno venezolana. En la propuesta llena de escenas full explícitas, que nunca ha pasado de la etapa de preproducción (¿por qué será?), estuvo involucrado el actor Alexander Leterni.
En los 120 años de cine nacional, otras memorias de nuestro
tímido erotismo:

– Rodolfo Izaguirre, padre nuestro que estás en el cielo de todos los críticos de cine: “El cine venezolano por lo general es ajeno a las expresiones eróticas. Aún Considero como el momento cumbre del erotismo cinematográfico venezolano y mundial la olvidada secuencia de Al sur de Margarita (1954), de Napoleón Ordosgoiti, en la que Gilda Magdaleno, una aventurera que solo desea las joyas de la Virgen del Valle, escucha la apasionada declaración de amor de Aldo Monti, un honesto pescador que le hace ver la ruda y difícil vida que le espera si acepta quedarse con él. La acción tiene lugar en la playa entre redes de pesca. En el instante de mayor apasionamiento, cuando se escuchan los violines de una insólita orquesta de cuerdas, ella, arrobada, responde: “¡No importa, José Francisco, sarna con gusto no pica!”.
– Solveig Hoogesteijn, autora de la película Macu, la mujer del policía (1987) y directora del Trasnocho Cultural: “Pienso en el cine de Mauricio Walerstein: Macho y hembra, Con el corazón en la mano, Móvil pasional. Tienen escenas de un erotismo bastante desencadenado. Cuando hice Macu, una de mis principales metas fue lograr una escena de sexo gozosa, bella, plena y feliz, porque Eros, la alegría de vivir, también es contraposición a Tánatos, la muerte. Nuestro erotismo cinematográfico casi siempre es violento”.
– Luis Bond, crítico de cine: “Sin lugar a dudas, el trío de Macho y hembra. Omitiendo lo perverso del setting de la historia, que es la clásica fantasía de cualquier hombre, ver a Elba Escobar e Irene Arcila en su esplendor, la música, la penumbra, Orlando Urdaneta disfrutando al verlas y luego uniéndoseles… En fin, creo que es un punto MUY difícil de destronar. Además, para la época fue un palazo y todavía en el cine contemporáneo no vemos una escena así”.

– Héctor Palma, cineasta: “La escena que hacen Dayra Lambis y Juan Pablo Raba en Secreto de confesión (2013), de Henry Rivero. Aporta la información necesaria para volarte la tapa de los sesos, con el perdón de Dayra. De las que yo he dirigido, recuerdo una de Ni tan largos ni tan cortos, con Marisa Román. El camarógrafo, la maquilladora y el director de arte me decían: ‘Se tardan demasiado en besarse, si yo estuviera solo con una tipa así en su casa en esa circunstancia, no perdería tanto tiempo, no es verosímil’. Tuve que mentir descaradamente que lo arreglaría en edición para que me dejaran rodarla. Luego cuando vieron el resultado entendieron que dilatar el primer roce entre ellos era crucial”.

– Moraima Blanco, conductora de Cinesquemas en Mágica 99.1 FM: “Debido a lo difícil y traumática que resultó para ambos personajes y sus catastróficas consecuencias, la de Armando (Alfredo Castro) y Elder (Luis Alejandro Silva), los dos protagonistas masculinos de Desde allá, de Lorenzo Vigas”.

– Diego Rísquez, director de El malquerido (2015): “En general el tratamiento del erotismo en nuestro cine no ha sido elegante, aunque no todo erotismo tiene porqué serlo. En mis películas lo he trabajado pero sutilmente. En Amérika Terra Incognita (1988), por ejemplo, filmé una parodia de Las Meninas de Velázquez con una princesa europea que se masturba en el espejo”.
Nota de redacción: para ese filme histórico-pictórico que recreó un Descubrimiento de América a la inversa, Rísquez recurrió a María Luisa Mosquera, la inolvidable adolescente de Macu, como la princesa de la corte europea, aunque al parecer su plan inicial era contar con Nastassja Kinski e incluso Estefanía de Mónaco. Mosquera también protagoniza una escena memorable de un polvazo en la hamaca con el cacique indígena.
Sergio Monsalve (crítico): “Hay pocas escenas dignas de mención. Las recuerdo borrosamente, como gestos de un cine blandiporno, medio exploitation, medio kitsch-artie-amateur. Lo más interesante el género resultó ocurriendo fuera de campo y posteriormente filtrándose: el pornovideo de Roxana Díaz con Jorge Reyes. Su constitución en escándalo representa parte de la problemática antes referida, la de un país provinciano fácil de sacudir con un simple desnalgue”
Cinco desnudos memorables:
1. “El primero del cine venezolano: el de Juanita en el documental de Reverón de 1934” (Rodolfo Izaguirre)
Juanita-UB
2. “Gladiuska Acosta, la recordada Coconaza, haciendo de malandra en Huelepega (1999)” (Juan José Espinoza)

3. “Imposible no irme por lo seguro: Mimí Lazo en El pez que fuma” (Luis Bond). “Mimí Lazo en El pez que fuma, una escena donde estuve yo” (Miguelángel Landa, actor)
4. “Kenji Sato en guayuco. Era el protagonista japonés de Tokio Paraguaipoa. Los técnicos de la película decían que tenía una macana XXL” (cineasta masculino que prefirió reservar su nombre)
5. “Pedro Lander en calzoncillos, creo que en Colt Comando 5.56. Tenía tremendo cuerpo” (Alejandra Szeplaki, cineasta)]]>