Exclusiva con Ulises Hadjis: “ahora vivo en México”

Todos deberíamos alegrarnos del éxito de Ulises. Es la victoria del niño “raro”, ese al que no le sobraban los amigos. Es el triunfo de las canciones, finalmente. Un nuevo disco de Hadjis es una razón para alegrarnos, por él, por nosotros, por todos. Y así parece demostrarlo él también, en esta entrevista exclusiva para UB

Exclusiva con Ulises Hadjis: “ahora vivo en México”

-En este álbum, “Pavimento”, aparentemente hay una mayor atención con las letras de las canciones. ¿Es así?.

-Sí. Siempre me preocupé por hacer buenas letras en los discos pasados, pero en la mayoría de los casos era un “storyteller”, contaba historias a lo McCartney, eso era lo que me interesaba. En este tercer disco, quise que las letras hablaran de mi, y al girar el foco, eso hace que tengas que ver con una lupa que pones. Tuve varios letristas que me ayudaron: Willy McKey, Natasha Tiniacos, Esteman, Juan Pablo Vega, Vicky Gastelo y Heberto Añez. Fui a España a hacer una residencia en la SGAE y noté la gran importancia que le dan a las letras allá, eso también fue influencia.

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-Leyendo sobre ti, en distintas fuentes, se nota un interés personal en hablar o compartir sobre tu experiencia académica. ¿Esa experiencia tiene alguna influencia o presencia en tu música?.

-Abre nuevas interrogantes, y principalmente hago música por curiosidad. Pero no me interesa ser un “cantautor intelectual”.

-Parece que en este momento estás en un límite entre lo “alternativo” y la industria musical. ¿Es complicado hacer ese balance?.

-Sí, es raro. Siento que no pertenezco propiamente a ninguna escena: muy raro para el mainstream, muy calmado para la escena venezolana de rock nacional, muy ruidoso para la escena de cantautores iberomericana post-trova, muy poco hipster para la escena indie. Sin embargo creo que soy bien recibido como invitado en todos esos sitios. No me quejo. No me veo como en un balance, nunca digo “hare esto mainstream, y luego esto indie”. Siento que tengo mi propio camino, no soy un artista generacional y no soy de una escena clara. Vivo con lo bueno y malo de eso.

-¿Cuál cliché es peor?. ¿Etiquetar a cualquier tipo de música o resistirse a usar etiquetas para describir cualquier tipo de música?.

-Evitar el uso de etiquetas. Es absurdo, es como si fuera a una librería y tuvieran a Marcel Proust y a Bolaño en el mismo sitio. El consumo humano siempre tiene etiquetas, son relativas a un momento histórico pero necesarias. Las veo como guías momentáneas no como una bandera de militancia.

-¿Existe alguna diferencia notable entre “Pavimento” y cualquier otro disco anterior?.

-Sí, es el primero que hago sin Roberto Rincón y el primero que hago con Andrés Levin. Es el primero que centro en mis propias reflexiones, que hago desde el “ser” adulto.

-¿En que consistió el coaching vocal del mexicano –Torreblanca-?.

-Juan es uno de mis mejores amigos. Aparte de coproducirlo conmigo y Andrés Levin, ayudó con las voces. Cuando uno graba voces usualmente pierde la perspectiva muy rápido, o todo te suena mal o todo te suena bien. Juan estaba desde afuera opinando cuales tomas estaban mejor, y a las que estaban peor que les faltaba, afinación, dicción, emoción, colocación de la voz en cierta parte, etc.

-Tus discos parecen ser el resultado de una colaboración amistosa, casi fraternal, entre tú y otros músicos. ¿Esa puede ser una seña de identidad de tu música?.

-Quizás es una compensación a mi pasado geek, sin amigos. En bachillerato todo el mundo tenía una banda menos yo, a nadie le interesaba tocar rock en español. El primer disco lo grabé casi todo yo, mas que por un gesto de mostrarme virtuoso ante el mundo, como resultado de mi timidez. Siempre mis invitados son artistas con una sensibilidad distinta a la mía que hacen cosas que a mi nunca se me habrían ocurrido.

-Este año tocaste en el Festival Estéreo Picnic y en “Pavimento” colaboras con varios músicos colombianos. ¿Es un mercado que se está abriendo para ti?.

-Sí, se ha dado de manera natural, me gusta mucho ir.

-Al nombrar a tu disco “Pavimento”, quisiste enmarcarlo dentro de un contexto urbano o ¿es algo casual, sin intención?

-El nombre hace referencia al camino y al tiempo. Al ser inmigrante y a la nostalgia que eso conlleva.

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-¿Eres el músico más Indie de Venezuela?.

-¡No!, para nada… creo que ese título puede llevárselo mi hermano Roy Valentín o Presidente Boris.

-¿Tocas más fuera de Venezuela o dentro del país?.

Sí, ahora vivo en DF. Pero antes de eso también. He tocado en más ciudades de Colombia, USA, España y Ecuador que de Venezuela. Es en gran medida mi responsabilidad y de las circunstancias del país.

-Tu caso es muy particular en el contexto musical venezolano: tocas con frecuencia fuera del país, has sido nominado o premiado por la “gran” industria musical, pero tu música no está dentro de los “clichés” comerciales a los que solemos estar acostumbrados. ¿Estás conciente de eso o es algo en lo que no piensas nunca?.

-Sí, a veces me pregunto cómo me ven los demás. Es algo muy freak. Hay un “aura” de respeto hacia mí, pero no sé en realidad a cuanta gente le gusta mi música o le interesa. La semana pasada me conseguí a un venezolano en una heladería y sabía quien era. Me sorprendió, mi novia dice que todo el mundo sabe quien soy, pero yo no creo.

-¿Por qué decidiste trabajar con Andrés Levin?. ¿Qué aportó al disco?.

-Pues lo admiraba mucho por su trabajo con Arto Lindsay y Moreno+2 (Proyecto Musical de Moreno Veloso, guitarrista e hijo de Caetano). Luego supe que también había producido Caribe Atómico de Aterciopelados y Loto Fire de Ely Guerra. Mi plan original era trabajar con Roberto Rincón, pero al se le complicó la agenda. Al necesitar productor mi manager Luis lo contactó y las cosas se dieron.

Andrés tiene una visión muy completa de un disco, todo el tiempo en su cabeza tiene presente la relación letra-música, la relación con las otras canciones, naturalidad, originalidad, etc. Es muy disciplinado y generoso. Aprendí mucho de él.

Por: Bortis Felipe