Gustavo Medina: música al vaivén de las olas dominicanas

Músico venezolano radicado en República Dominicana, Gustavo Medina prepara un disco que ha bautizado Pez en la Tierra compuesto por trece temas en los que experimenta con un sonido propio que asimila y hace suyos los sonidos de la isla caribeña

«Prefiero responderte ahorita porque uno no sabe lo que pueda pasar mañana», dice Gustavo Medina en la primera de varias notas de voz que me envía para este ejercicio de conversar a distancia, del que ya ambos estamos bastante acostumbrados. Su paisaje, muy distinto al mío, es el de un mar azul que se funde con el cielo hasta hacerse infinito. Sin duda, de las vistas más memorables que ofrece ese paraíso llamado Samaná.

Hace casi un año que llegó a República Dominicana, los primeros meses estuvo en Santo Domingo hasta que surgió una oportunidad laboral al noroeste de la isla. Por un par de días quedamos conectados –yo desde Buenos Aires y él desde el Caribe– para conversar sobre «Lengua de miel», el primer sencillo de Pez en la Tierra, su primer disco en solitario que espera sacar el año que viene. Este trabajo de estudio es la materialización de varios años en la búsqueda de un sonido y una voz propia. Con Cosas Pasarán, la banda de rock alternativo que formó en Caracas junto a Abelardo Bolaños y José Nuñez, la intención y el tono eran distintos: «Éramos más literales en hacer rock en español, rock experimental o alternativo, post rock, algo así».

«Lengua de miel» puede definirse como una balada intensa: una canción que empezó a construir a partir del coro hasta llegar a una secuencia cuyo ritmo invitara a bailar. De hecho, es esta misma premisa la que sostiene el disco: “Historias escritas en español para vacilar”.

El video que acompaña el single salió en agosto y muestra en loop a un pargo brillante y colorido que es constantemente empujado por las olas del mar hasta la orilla de una playa. El vaivén del agua va bañando su escamas, la espuma lo refresca de la intensidad de los rayos del sol. Está sonriendo, como si el desplazamiento fuese placentero o voluntario pero no lo es: la criaturita está atrapada. No puede volver al mar y tampoco termina de secarse en la orilla.

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“El contraste es que es una canción de amor”, comenta Gustavo y agrega que a ratos él también se ha sentido así: «Es como estar en una situación que no quieres vivir o no quieres experimentar pero de alguna forma te terminas acostumbrando y a pesar de ello, echas pa’ lante. En mi caso echar pa’ lante es aprovechar las experiencias que he vivido y convertirlas en canciones. Eso es todo.”

-¿Ya pudiste empaparte un poco de la movida musical en Santo Domingo?

-Musicalmente no tuve la oportunidad de experimentarla. No tuve chance, estuve apenas 4 meses y de ahí nos mudamos (él y su esposa Luciana Quintana) a Samaná que es un pueblito turístico, un paraíso. La movida es mucho más relajada acá pero mi idea es poder tocar en la capital.

Durante este tiempo se ha dedicado a investigar proyectos musicales, artistas y creadores que vayan en la misma línea que él. En este sentido, las redes sociales han sido la ventana para acercarse al trabajo de dominicanos talentosos «que arreglan y producen sus propios temas» como Riccie Oriach o La Marimba. De a poco, Gustavo se ha ido contagiando con la estética y la plasticidad -especialmente en las letras- de estos artistas y otros mucho más consolidados como Vicente García o Rita Indiana. «Ellos hacen música tradicional dominicana pero en la parte lírica tienen algo más. Es una nueva camada donde las letras de las canciones están mucho más desarrolladas».

La calma de Samaná le ha dado la tranquilidad de pensar en la música más a menudo y desde un lugar donde conecta con la emoción de lo nuevo, de lo desconocido. Aunque hacen falta los amigos, confiesa, “que al final, siempre es lo más importante”.

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La idea del video era enlazar el título del disco (Pez en la Tierra) con el significado de la canción. El pargo brillante y colorido lo hizo Luciana, extraordinaria ilustradora que también sumó aportes al concepto estético del proyecto. De ese proceso surgió la idea de asignarle un pez característico de Venezuela a cada tema. La animación estuvo a cargo del artista audiovisual dominicano Pedro Justiniano. El loop fue un recurso para darle cuerpo al tema, estuvo inspirada en algunos artistas urbanos, comenta Gustavo.

-¿Cuándo tienes pensado sacar Pez en la Tierra?

-Para terminarlo solo me falta hacer la mezcla de una canción. Son 13 temas. De aquí a la masterización, pienso ir sacando sencillos hasta que el disco esté listo.

República Dominicana baila en una línea donde descubre y construye su idiosincrasia dentro y fuera de su territorio: escarbando en sus propias grietas hasta llenarlas con música y literatura. Del ejercicio de ir atando las contradicciones que la definen ha surgido una nueva generación de artistas con un discurso potente, honesto y propio. La mirada del outsider de Gustavo está atenta a este movimiento, toma nota de lo que resuena en él sin alterarse y lo contrasta con la incomparable belleza de Samaná. Así construye su día a día, en la rutina que sostiene la vida del migrante. Por eso no titubea respecto a lo que quiere: tocar más, conocer más gente y dar a conocer su música. El imaginario de Gustavo flota sobre las olas pero está arraigado en suelo firme, no en arena, («Tu corazón de tierra se podrá sembrar») y en la medida en que sigan naciendo canciones de esa incomodidad, las posibilidades se hacen infinitas.

 

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