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Josette Vidal: “Él me caía a golpes, lo hizo más de una vez”

Luchadoras, bien dispuestas y conscientes de lo que son: hermosas sin importar talla ni edad y exitosas en las metas profesionales que se han propuesto. Con la actriz Josette Vidal continuamos esta serie de entrevistas con mujeres que plantean el encanto de ser más que caras bonitas: te harán pensar

Josette Vidal: “Él me caía a golpes, lo hizo más de una vez”

Josette Vidal –Caracas, 1993- recuerda una infancia feliz, tal vez un poco anormal a los ojos de una familia convencional, donde los fines de semana no iban al club, ni a la playa, sino al teatro.

“Tengo un recuerdo de tener 3 años, vas a decir que estoy loca, de una obra que se llamaba ‘Showtime’ dirigida por mi papá. Tengo una imagen: mi mamá paría en una escena, daba a luz a su bebé y abría las piernas. Una actriz se le metía por abajo y simulaba ser un bebé mientras yo le decía a mi yaya (abuela) que la estaban pellizcando, que por qué le hacían daño”.

El grupo de teatro Theja hacía “Prometeo encadenado” y otras obras muy violentas que Julie Restifo y Javier Vidal nunca dejaron ver a sus hijos Jan y Josette. De hecho, Josette quisiera ver una obra de aquella época donde Vidal hacía de secuestrador.

Josette

“Nunca nos lo impusieron. Nos preguntaban y nosotros siempre queríamos ir al teatro. Me gustaba involucrarme en las conversaciones de los adultos, jugar a ser adulta. Me gustaba estar en el camerino también”.

Su madre tiene un mezclón irlandés-americano-siciliano-venezolano y su padre tiene orígenes catalanes. Se siente venezolana, pero dice no poder negar sus influencias. A lo mejor eso es lo que la hace venezolana.

“Con mis dos abuelas tengo una relación muy bonita y diferente. La yaya, madre de Javier, es la mujer más dulce y amada de la tierra. Cuando vivía acá estaba muy pendiente de visitarla, sacarla a pasear, abrazarla”.

Con su grandma, madre de Julie, tiene una conexión muy diferente que con los años ha convertido en algo interesante. La señora tuvo una infancia muy dura, con fragmentos de su vida que no ha revelado ni a su misma hija.

Con su nieta la historia es distinta, Josette dice que a su abuela materna le dio una especie de despertar donde comparte con ella ciertos pensamientos y se relacionan a través de los escritos que Josette publica en Facebook, por donde siempre le responde.

Recuerda El Placer, ese pequeño colegio de Los Samanes que amaba, donde estuvo hasta segundo año. Dice haber tenido amigos maravillosos pero buscó otro colegio para estudiar Humanidades.

“Hacía flamenco. Eso fue lo que más hice, durante 8 años, no sé si es algo de mi signo, pero hice natación, karate, un montón de cosas y me aburría de todo. Mis papás me dejaban aburrirme y eso daba paso a lo siguiente”.
En El Placer tuvo formación de teatro, asegura que siempre quiso actuar.

Fue una adolescente de carácter muy fuerte, dice que era indomable. Chocaba mucho con su mamá.

A los 13 años se involucró con el grupo teatral Skena y drenaba esa energía en otro lado. Podías entrar a partir de los 16, pero ella fue una excepción. Su hermano Jan estaba metido y Josette se iba siempre con él.

Transcurría la segunda temporada de la obra que había visto tres mil veces, había un personaje pequeño y la actriz se iba de viaje. El director se lo ofreció y así entró al elenco de “Shakespeare apasionado”.

“Me sentí increíble, fue como ‘creo que quiero hacer esto de verdad’. Cuando entré al taller mis compañeros tenían 19, veía unas mujeres desenvueltas, bailando y yo era todavía penosa. Cuando llegó la presentación de mí misma me dio un terror horrible, ‘¡Si yo no sé quién soy!’ quería gritar. Puse una canción de Bjork y me lancé”.

La normalidad y oscuridad de Josette

Sí, Josette escuchaba Bjork a los 13 años. Mientras tanto, llegaba al Madre Matilde, un colegio que no le gustaba mucho, era de mujeres, a lo cual ella no estaba muy acostumbrada.

“Primero, me pegó mucho que eran demasiado precoces, yo era muy polla, solo me había dado un beso. Unas chamas fumando, hablando de mamar güevo… Sentía que no pertenecía y me daba pena decir que nunca había fumado, que solo me había dado un beso con un noviecito. Me parecía muy violento todo. De hecho, fui la última que perdió la virginidad en mi salón, en 5to año”.

Extrañaba su “escuelita”, como la llama y salía muy poco con sus amigas del colegio. Más bien se iba con su hermano Jan a lugares como Discovery Bar y conectaba más con esa gente, esos jóvenes que escuchan rock y esas cosas.

Pero en cuarto año se relajó un poco y conoció a tres amigas a las que bautizó como “su grupo de pollas”. No eran “las populares” y sus costumbres sociales eran un poco más de niñas.

En 5to año sí se le salió la rebeldía. Se reencontró con una de sus mejores amigas de El Placer en el Madre Matilde e hicieron dos grupos distintos pero estudiaron humanidades juntas. Josette empezó a salir con su amiga y sus amigos “cool”.

“Empecé a destaparme, a fumar marihuana, teníamos un grupito ‘mala conducta’ de humanidades. Empezó la locura y el destape en la casa. Todos los días me venía a buscar una pana diferente para fumar”.

Sus padres lo sabían porque ella misma se los dijo, aunque tal vez no sabrían la concurrencia con la que Josette fumaba.

En esa época también Josette conoció lo peor que pudo haber conocido, así lo describe.

“Fue una época chimba. Él era de lo peor de Caracas, drogadicto de verdad, es una persona que creo que tiene problemas, consumía muchas drogas, era periquero. Yo no estaba enterada ni me metía ni nada, no entendía el trip en el que yo estaba. Yo tenía 17 y el 19”.

Javier Vidal nunca le dio la mano, un “¿qué hubo?” le bastaba.

Era un loco que no le gustaría a ningún padre, pero para la Josette del colegio, que se sentía grande y era pequeña, era su rockstar, su inyección de adrenalina, su “vaina”. Fueron 8 meses de pesadilla para la familia Vidal Restifo.

“Hasta que hablé un día. Él me caía a coñazos, lo hizo más de una vez. Yo no sabía ni siquiera si estaba bien o mal, aunque bloqueé muchas cosas de esa época recuerdo un día en el que sentí que me lo merecía”.

Al agresor lo disparaban los celos, peleas o cualquier vaina. A veces su cabeza creaba todo y le daba un golpe.

“Una vez me ahorcó y sentí que me iba a morir”.

Eso para la familia fue una ruptura con ella. Luego terminó con él por contarle todo a todo el mundo. Le daba miedo hablar, la tenía atrapada, era un juego psicológico en el que Josette dice que él era experto.

“Se fue de viaje fuera del país y sentí que Dios me tocó la cabeza. Mi mamá me dijo ‘buenas noches, hija’ y le conté todo. Drogas, peleas, violencia, todo”.

Los padres no tenían ni idea de lo que estaba viviendo. Cuando llegó de viaje el sujeto empezó a perseguirla. Eso la obligó a cambiar el teléfono y hasta la cerradura de su casa, porque hasta trató de meterse a la fuerza.

“Logró convencerme de que nos viéramos otra vez para hablar y empezamos a vernos a escondidas. No sabía lo manipulada que me tenía. Pero mi mamá me descubrió con unas amigas y él”.

La encontró en un parque y la sacó de ahí. Julie le dijo a su hija: “Esto no está bien. Necesitamos ayuda profesional”.

Ahí sí terminó todo de verdad. Empezó terapia, fue al “Círculo de mujeres que aman demasiado”. Los papás de Josette querían pedir una orden de restricción, pero no fue capaz, tenía que ir a una jueza a contar todos los sucesos y dar detalles y no pudo. No quería. No entendía nada.

“El último día que me jodió la existencia nos encontramos en Suka Bar y el pana le entró a coñazos a mi novio de ese momento. Yo estaba saliendo con él y tuve que contarle de una todo”.

Josette dejó de fumar marihuana por ataques de pánico, sentía que no era lo mismo.

Los cambios de Josette

Siguió preparándose en Skena donde hizo tres talleres-montaje. Se presentaban en la sala de Trasnocho Cultural. Luego, hizo “La ola”, que fue una producción de Skena. Basilio Álvarez era el protagonista y Armando Álvarez Esáa el director, estuvieron casi un año en temporada y eso fue lo último que hizo con Skena.

Hizo una obra con el Grupo Actoral 80, con el mismo patrón de búsqueda tardía que la primera vez que la seleccionaron. “La letra” le entra rápido porque le pedían que actuara de urgencia.

Josette

Mientras se graduaba del colegio cerraba el ciclo de Skena. Ella quería estudiar Comunicación Social en la UCAB. No quedó por promedio. Pero sí entró en la Monteávila y no le gustaba, aunque su hermano estudiaba ahí.

“En ese peo de pensar qué estudiar quedé en una novela de Martin Hahn. Tenía 17 años. La novela era “La viuda joven”, hacía de una adolescente conflictuada”.

Hizo la novela y después se enrumbó a estudiar artes en la UCV. La llamaron de Televen para otra telenovela, esta vez de José Simón Escalona.

Intentaba estudiar al mismo tiempo, pero era la protagonista. Cuando mucho, le daban dos horas al día para ir a la universidad.

En el 2012, al año después de graduarse del colegio, también hizo “Tres bellezas”, su primera película venezolana.
Tuvo encontronazos con los profesores por las ausencias y decidió abandonar para seguir con su novela que duro seis meses más. En ese tiempo también actuó en dos obras de teatro: “Robin Hood” y “La ola”. A veces tenía teatro desde las 10 de la noche hasta la 1 de la madrugada.

Camino distinto

Después de ese terremoto de trabajo su amiga Graciela, la hija de Dora Mazzone, le recomendó el CDD (Centro de Diseño Digital) para estudiar cine. En ese momento no estaba haciendo nada. Vio el pensum, le gustó, la novia de su hermano en ese momento estaba dando clases ahí, todo le cuadraba.

Pero a los meses de haber ingresado los alumnos y profesores empezaron a retirarse y cerraron el instituto.
Se frustraba hasta esa vez en que decidió aceptar que su camino era diferente. Su papá no lo entendía, eran tres comunicadores sociales en su casa, pero aceptó.

Su padre la resguardó mucho en el mundo actoral, sin limitarla de ninguna forma. Supo que existían cosas como “la operación colchón” pero nunca vivió propuestas indecentes ni acoso de ningún tipo.

Josette se fue a Miami de viaje y su tía, que vivía allá, le dijo que se quedara, que pidiera sus papeles. Su novio de ese momento también se fue. Después de un tiempo se mudó a vivir con él.

Asegura que Miami es mucho plan, rumba y drogas y ella experimentó algo, pero al final no quería tener que ver con eso.

Cuando llegó conoció a un amigo de su padrino, quien es el director de arte de Nickelodeon. Hizo un casting y quedó, en teoría, pero no se sabía cuándo empezaba la serie para la que audicionó. Conectó amistosamente con Amaranta, una venezolana que hace los logos de ese canal infantil.

“Ella me dijo que trabajara en una pastelería de una amiga suya y que no me iba a pedir papeles. Fue una experiencia loquísima. Era todo vegan, gluten free. En Wynwood. Me hicieron llorar más de una vez. Una vez envolvía un paquete y tosí en mi codo, la cliente me preguntó ‘¿are you sick?’ le dije que no y me dijo que ya no quería nada”.

Eventualmente se fue de casa de su novio y terminó con él. Hizo “Toni, la chef”, la serie de Nickelodeon. Consiguió mánager, viajó a los Kids Choice Awards en Colombia y México, se los ganó y su carrera empezó a moverse.
En ese momento tenía 22 años.

Josette vs Josette

En ese intermedio de su vida, donde no tenía mucho que hacer, se fue a un retiro en Charlotesville, Virginia. En teoría de yoga. Se terminó hartando porque lo sentía como una secta. Idolatraban a Swami Satchidananda y ella nunca conectó con eso.

Pero aprendió a meditar, a estar dos horas sentada, a escuchar a todos sus demonios y hasta llegar a “querer matarse”, dice en broma, debido a lo intenso de la actividad.

Después viajó a Nueva York con unos amigos y volvió a Miami. Y volvió a Caracas en el 2016 y le empezaron a llegar otras cosas.

Ya tenía los papeles americanos y podía viajar. Hizo “Corazón traicionado”, otra telenovela en la que tenía un personaje juvenil, embarazada, uno de los que más la ha absorbido, por la exigencia.

Mientras estaba grabando la telenovela “le cayó” otra de Telemundo. Habló con los productores a casi un mes de terminar. Tuvo que rodar todas las escenas que le faltaban.

Al mismo tiempo le dio zika. Trabajaba sin descansar a pesar de estar enferma, tanto que los productores de la novela le pedían que se fuera a su casa porque estaba empezando a brotarse. Pero lo logró. A los dos días de terminar se fue a Miami.

“Hablaba en mexicano, era otro ritmo de trabajo, sentí que trabajaba afuera por primera vez, porque Nickelodeon era parecido a lo que ya conocía. Esto era otro peo. Terminé esa novela y me salió otra en Telemundo”

Por esto pasó todo el año 2017 en Miami, hasta que se terminó la segunda novela.

En octubre de ese año tenía la boda de una amiga en Venezuela y tenía que venir para acá. Nunca sentía que se iba a estabilizar en Miami, ni se veía allá haciendo cosas. Le faltaba estabilidad, se sentía como una gitana: Josette Vidal en dos años vivió en más de cinco casas.

“Volví con mi novio en ese momento, al que considero el primer amor real de mi vida, aunque cada vez nos alejábamos más por cuestiones laborales”.

No se dio el chance de conocer el amor propio porque no tuvo un proceso de sanación entre su primer novio y este. Empezó a entenderse y entender lo que había vivido, a sentir que no sabía poner límites ni decir que no.

Todo esto, según sus reflexiones, viene de un tema de sentirse desvalorizada desde que empezó a tener relaciones personales.

No sabía cuál era su fondo. En enero del 2018 estaba agotada de sentir, de hablar, de querer ayudar a gente que no quiere ayudarse. Dejó a su novio por esto.

Fue una época muy dura para ella porque se enfrentó a sí misma, empezó a hacer reiki, a meterse en yoga, a descubrir sus demonios. Reiki es una especie de sanación con las manos y alineación de chakras, asegura que es liberador.

Tampoco estaba haciendo nada profesional y no estaba preocupada. Para la activa actriz, no hacer nada significa que hizo una película en Maracaibo llamada “Sad face”, que aun no la han estrenado. Al mismo tiempo se presentó con “Escrito y sellado”, una obra de Isaac Chocrón, dirigida por Javier Vidal.

¿Pasadita? No sabía

Ya habiendo vivido ese proceso emocional, pensó en irse a México, harta de esperar que le llegaran nuevos proyectos.

“Había trabajado con mexicanos en Telemundo y me decían que mi físico iría muy bien en México. Empecé a mover los papeles y a llamar a mujeres que estaban allá”.

Una de ellas le recomendó que se fuera pautando con una agencia de modelaje. Habló con la agencia de ella y a ellos les gustó Josette. Parecía un buen trato: le iban a dar los papeles y se los pagaban luego, le daban una habitación también, de la agencia. Compró su pasaje y comenzó la aventura mexicana.

Entró por una puerta equivocada, según ella, que es el modelaje. La conocieron y le dijeron: “Tienes que adelgazar bastante. ¿Eres buena, rápida, adelgazando?”, de una vez. Que tenía el culo muy grande, que estaba pasadita de peso.

“Empezaron unos peos horribles porque me creí que tenía que adelgazar. Me volví una chama súper insegura e iba a los castings así. Además, se me empezó a brotar la cara. Las jevas de la agencia me veían y me decían ‘¿Y la cara? ¿Cuándo se te va a arreglar?’”

Vivió mucha humillación en los castings. Recuerda una vez que le dijeron que tenía que ir en traje de baño, se fue “sport” y recuerda la cara de los involucrados riéndose. La vieron y solo le dieron las gracias.

“Yo trataba de no dejarme aplastar. También me reí”.

No quedaba en nada, el dinero se le estaba acabando y tenía que pagar deudas. No estaba pasando nada profesionalmente en su vida. Cada vez se sentía peor, se daba unos atracones de comida como nunca antes había experimentado, ansiedad y ataques de pánico. Empezó a fumar cigarrillos. Para rematar, estaba engordando.

Intuitivamente iba en contra de lo que le indicaban, tal vez porque sabía que no era lo correcto.

“Me sentía desprotegida, sola. Estaba identificándome con mi cuerpo también. Se me olvidó mi talento, yo iba antes a un casting y me decía ‘tu virtud es que eres actriz. Tú puedes hacerlo’ pero se me fue a la mierda eso. En estos castings me decía, en cambio, ‘soy la gorda del lugar’”.

Eso es lo que reflejas, según Josette. Lo que te crees. En medio de todo esto consiguió mánager y hacía castings de actuación. Tampoco quedaba.

No quedó en ningún casting de modelaje. Se cansó y se quedó en cero. No tenía nada de dinero.

Pidió prestado a sus amigas porque para ella es “antes muerta” que pedirle a sus papás. Una tía la salvó, otra amiga le prestó y pudo salir adelante. Un amigo muy querido le dio la plata para pagarle a la agencia.

La estaban volviendo loca, sentía que les pertenecía.

“Nunca he sido raquítica, siempre he tenido mis curvas, mi culo de mi papá que es enorme, catalán”.

Las amigas le dicen “si tuviera tu culo”. Pero a veces se pone un pantalón y se ve muy provocativo y esa vaina “se la corta”. Capaz si tuviera otra personalidad le funcionaría, pero a veces no quiere ser provocativa. Siente los ojos ahí y no quiere que pase.

“Yo no me siento explotada, mega fitness, tampoco sé si quiero estarlo. Hoy en día me gusta lo que soy y me gusta verme”.

Computadoras y Menudo

Sin otro trabajo, empezó a “matar tigres”, a ser una especie de promotora en discotecas, donde la llamaban para que fuera por ser linda. Salía cinco veces a la semana y pagaba la renta así.

Después de un tiempo luchando por cubrir lo mínimo volvió a Miami. Fue un descanso para ella y un amigo, el que había cubierto su deuda le dijo “¿qué hace Josette sufriendo? Vente para Miami, quédate en mi casa y trabajas conmigo”. Le hizo caso.

Para ella se acabaron la actuación y el modelaje en ese momento. Quería ganar dinero.

Empezó a ser asistente de sus amigos, a sacar números, trabajar con excel. Estando en Miami le llegó una propuesta de Michelle Haussman de una obra de teatro escrita por Karin Valecillos, un buen trabajo le tocaba la puerta otra vez.

“Pensé ‘mierda, ¿será que soy actriz todavía?’ Tampoco quería perder mi trabajo y le pregunté a mi amigo, que me dijo ‘o nosotros o el teatro’. Y bueno, elegí la obra”.

A semanas de empezar la obra sus padres fueron a visitarla. Javier, su papá, también participaría en la obra con ella.

“Mi mánager de México me llamó en medio de los ensayos. Me dijo ‘hay un casting en el que te quieren ver para una serie para Amazon’. Mandé el video sin ganas y segura de que no iba a quedar”.

Siguió en lo suyo y la llamaron a los dos días: “Josette, quedaste. En un mes te tienes que venir a México a grabar”.

“Le dije ‘no, yo estoy en una obra’. Me dijo que lo pensara, que era Amazon y era una de las protagonistas”.
Era la serie de Menudo, producida por Amazon.

Lo consultó con su mamá y Julie le dijo “hija, ya tú sabes cuál es la respuesta”.

“Me fui, grabé mi serie, fue otra experiencia con México, fue bonito. Me sentí valorada como actriz y me reconecté con la actuación. Por Menudo pagué todas las deudas que tenía”.

Terminó la serie y se devolvió a Miami, hizo un unitario ahí llamado “Decisiones” y después pensó que quería seguir haciendo cosas. Sus cosas.

Regresó a Venezuela en octubre del 2019.

“Donde yo puedo hacer los proyectos que quiera es en Venezuela”.

No es final, pero es feliz

El tema económico de la Josette de hoy es como el de muchos venezolanos: vive de su trabajo. Aunque le ha fluido. Ahora va a hacer dos obras de teatro, Él en mi cuerpo, dirigida por Julie Restifo y Madres, siendo su próximo ingreso. Sueña con una marca de ropa, eso es lo que quiere emprender aquí. Va de la mano con el amor propio.

También se muere por hacer cine aquí y siente que se va a dar. Y le gustaría hacer algo con danza y prepararse más en canto.

En Venezuela no ha parado de trabajar, todos los días. A Josette no le gusta nada estar detenida, dice que la vida le ha desarrollado mucho la intuición y ahora siente que todo le está saliendo bien aquí.

RONDA PING PONG

Libro: Tokyo Blues, de Murakami
Actriz venezolana: Claudia Rojas
Comida favorita: Pescado frito con tostones y ensalada
Lugar de Venezuela: El Paují
Lugar del mundo: Barcelona
Artista: Amy Winehouse

Vestuario: Geraldine Alarcón @geraldinne.alarcon

Hair Styling: José Rojas @soyrojas17

Maquillaje: Gabriela Policarpio @gabypolicarpio

Trajes de baño: Wave addict swimwear (@waveaddict_swimwear)

Beatriz Ticali también participó en la serie «Luchadoras», léela aquí