<iframe src="//www.googletagmanager.com/ns.html?id=GTM-K8BB9HX&l=dataLayer" height="0" width="0" style="display:none;visibility:hidden"></iframe>

Las corbatas de Dan Lee

Un relato con interferencia que suena desde la mala señal de un televisor RCA de 1985. Plaza Las Américas. Ska y medias de rombos

Las corbatas de Dan Lee

Hace pocas semanas “Dan Sar” mejor conocido como Danel Sarmiento, posteó una foto de su colección de corbatas. Una imagen sin orden aparente de sus prendas personales aglutinadas ahí, una al lado de la otra, tiradas sobre lo que parece una mesa. Sin mayor producción ni efectos, en definitiva, una impresión muy honesta de algún momento de su cotidianidad.

La foto me cautivó. No solo por la variedad en los estampados y diseños, los colores, los motivos, el detalle de que todas tienen el nudo armado, sino por el hecho de que la haya publicado Daniel. Danel. Dan-Lee. Dan Sar. Para quien todavía no sabe, el baterista y fundador (Junto a Caplís Chacín y Horacio Blanco) de la banda más reconocida, constante y legendaria de la música joven de Venezuela. Aunque sus miembros ya no sean tan jóvenes.

desorden 2
Inventores, embajadores, precursores, descubridores y oráculos de eso que llaman “El ska de acá”. Soy de los que piensa que si Desorden Público no hubiera existido, jamás hubiera llegado el ska. O al menos no de la forma en que se transformó en un robusto movimiento que abrió el camino a decenas de bandas de la capital y el interior del país.

El hecho es que Danel abrió esa ventana íntima y personal. Para sus amigos en Facebook y para los que también lo somos fuera de las redes sociales y las relaciones cuaternarias.

Me quedé contemplando. Estático. Observando en detalle. Algunas eran a rayas, otras con bacterias, la infaltable de cuadritos blancos y negros, las de colores chichones y una con el dibujo de un rumbero con maracas que llamó particularmente mi atención.

A donde voy con todo este asunto es que ahí estaba ilustrada parte de la historia del underground venezolano. Tendencias, etapas, ciclos, períodos y sobre todo “Modas”. Creo que hasta pude divisar la corbata con la que el mismísimo caballero en cuestión sale en la carátula del primer disco de Desorden Público. Creo.

La estampa me hizo recordar cómo era el mundo antes de la globalización. Antes de Starbucks y de Caitlyn Jenner. Antes de urbebikini.

De pronto era un niño. Un púber quizás. Estaba en mi cuarto del edificio Fonseca en Santa Rosa De Lima sentado viendo mi televisor RCA de 1985 muy atento al estreno del nuevo videoclip de Desorden Público: “Mal Aliento”.

Me llamaba la atención lo vanguardista de aquella música y particularmente quedaba fascinado con los atavíos que llevaban. Hasta el momento nunca antes había visto algo parecido en tiempos cuando la moda masculina se limitaba a bluyines y chemises, si acaso el popular “Safari” para los adultos jóvenes.

Lo más asombroso de todo aquello era que estos tipos eran venezolanos pero sonaban y lucían como una banda del extranjero. Así se veían las cosas en ese momento.

Sin redes sociales, sin internet, sin teléfonos celulares y sin siquiera tener la posibilidad de volver al ver el videoclip de Desorden Público en ningún lugar – en mi casa aún no había Betamax– procuraba no perder de vista ni por un segundo la pantalla del RCA para poder escuchar lo que decían y fijarme en detalle en las modernas ropas y accesorios.

Cerca de mi casa no había ninguna tienda que vendiera esa ropa. ¿De dónde salía?, ¿Es traída del exterior?, ¿Dónde puedo conseguir unos tirantes como los de las películas de vaqueros? ¿y unas medias de rombos?

El tema comenzaba a obsesionarme y poco a poco fui descubriendo lugares claves: en Concresa hay una tienda que se llama “Oxido”, al tiempo apareció “Neutroni” hasta que el centro comercial Plaza Las Américas se erigió en reducto definitivo de la modernidad” caraqueña. A otros locales más under como la tienda de Jorge Campderá en el Centro Comercial Chacaíto había que llegar con pistas.

El poder de la imagen es incuestionable. No solo como desencadenante de evocaciones y recuerdos sino como elemento comunicacional.

La foto de Dan Lee refleja inequívocamente la personalidad de su creador. Como documento de vida, pero también como elemento forjador de su propia identidad.

La impronta estética de Dan es parte de la historia de Desorden Público pero también es un elemento patrimonial de nuestra pequeña cultura pop local.

El sombrero, la pajarita y el tartán escoces tienen su cara. Y las corbatas deberían estar en un hard rock café.