<iframe src="//www.googletagmanager.com/ns.html?id=GTM-K8BB9HX&l=dataLayer" height="0" width="0" style="display:none;visibility:hidden"></iframe>

Marcel Rasquin: “No me iría demasiado”

El cineasta venezolano comenta acerca de sus nuevos proyectos, da su visión mágica del arte cinematográfico y explica por qué prefiere el caos caraqueño en lugar del glamour de Los Ángeles, CaliforniaPor César Cortez Méndez

Marcel Rasquin: “No me iría demasiado”

Rusia. EEUU, España, India, Finlandia, Noruega, México y Argentina. Al culminar el largo periplo llevando su ópera prima por todo el mundo, Marcel Rasquin siente que cumplió un ciclo. Luego de ser aclamada en varios idiomas, Hermano será distribuida en España e India y se estrenará comercialmente en EE.UU. Si hay algo más parecido al éxito para una producción cinematográfica venezolana, de seguro todavía está por ocurrir.
De vuelta en Caracas, Rasquin no se durmió en los laureles de los festivales. Fundó la productora Tres, en compañía de sus amigos de toda la vida Joe Torres y Juan Antonio Díaz, que le sirve de plataforma para sus nuevas iniciativas comerciales y artísticas. El gran público ya vio el comercial del chico venezolano que le devuelve la canhariña a Kaká y disfruta sus aportes audiovisuales en la obra de teatro Sexo, pero eso no es lo único.
Marcel tiene unas cuantas revelaciones por hacer.
UB:¿En qué andas?
MR:Me voy a hacer una franela que diga “Estoy conspirando”. Como siempre, estoy conspirando.
UB: ¿De qué se trata?
MR: Ahora trabajo en dos largometrajes. Estoy escribiendo la adaptación para cine de la novela La otra isla de Francisco Suniaga, que será la ópera prima de Joe Torres. El otro es un proyecto muy loco que si finalmente se da, será mi primera película en inglés. Se llama Monkey Room.
UB: ¿Por qué te interesaste en La otra isla?
MR: Cuando la leí por recomendación de Joe Torres, La otra isla me conmovió profundamente. Creo que es una novela tan maravillosa como difícil de llevar al cine. Más allá de la idea del salitre que carcome las vidas y el fascinante tema de los gallos, me atrajo la relación entre Benítez y Wolfang. Constantemente las personas luchan con el valiente y el cobarde que llevan adentro. Ese es un planteamiento que me carcome la cabeza, en la novela y en mi vida.
UB:¿Luego de una ópera prima tan exitosa, no temes al fracaso?
MR: Sé que empieza a convertirse en una presión, la expectativa que pueda tener la gente acerca de mi próximo trabajo, pero tengo la certeza de que es el mejor problema que pudiera tener. Más complicado sería haber hecho una primera película dudosa.
Yo hago el esfuerzo de no dejarme llevar por las expectativas. Lo que me impulsa y lo que me frena están dentro de mí. Voy por mi camino con la seguridad de que no siempre me irá bien y con la certeza de que equivocándome y arriesgándome también aprendo.
UB: ¿Qué te atrajo del proyecto Monkey Room?
MR: No se parece en nada a Hermano, salvo en el sentido de que es una historia muy honesta sobre un drama personal con el cual yo conecto particularmente en este momento. Es el tema del individuo versus el grupo. Habla de cómo sopesar el verdadero valor de ambos y explorar en qué se están volviendo los individuos para formar parte del grupo. Esa es la filosofía detrás de la historia. Se trata de un tipo del cual se esperan muchas cosas y que se encuentra estancado. Él está a punto de lograr una hazaña tecnológica muy grande, solo que en definitiva no es algo bueno.
Marcel-Rasquin-septiembre2014-2
UB: ¿Incursionas en la ciencia ficción?
MR: Es como ciencia ficción pero actual. Lo que más me atrae del proyecto es su carácter exótico. Me gusta que mi primera producción en inglés sea una película rara. Tiene mucho de Spike Jonze, Andy Kauffman y algo surrealista al estilo de David Lynch.
UB: Es un reto hacer una película con esas referencias
MR: Cualquier película que no se ha hecho es un reto. En el oficio del cine siempre se vuelve al kínder. No importa todo lo que hayas hecho bien, los premios, los aplausos o la taquilla. Nada de eso se convierte en ladrillos para el nuevo proyecto. Siempre empiezas de cero
UB: ¿Empezar siempre de la nada resulta difícil?
MR: Es duro pero lo considero valioso. Para mí el trabajo creativo y de comunicación tienen que ver con la oscuridad, con no saber. Me aburro cuando sé para donde va lo que estoy inventando. Prefiero la incertidumbre, es el caldo de cultivo para las cosas nuevas.
UB: ¿No es complicado asumir una producción con una visión así?
MR: Por supuesto que uno trabaja con mucho rigor y planificación, todo lo que se pueda preparar con antelación es sumamente valioso. Sin embargo, yo trabajo con la convicción de que la película que uno tiene en la cabeza, no es la película. La película es la que tienes enfrente, la que estás haciendo. Debes atravesar proceso importante de incertidumbres, de mirar hacia adentro, hacia todo lo que tienes delante y contrastarlo para identificar a la película y lograr participar en ella.
UB: Hablas del cine como una manifestación, en lugar de una creación artística
MR: Claro, es magia. Existe una parafernalia relacionada con lo técnico y la puesta escena que se maneja de una forma en específico. El trabajo del director es sobreponerse a la parafernalia para dejar que suceda la magia. La idea es que se te ponga la piel de gallina porque pasa algo que es inesperado pero que al mismo tiempo representa lo que crees. La parafernalia del cine es una gran mentira usada para encontrar la verdad.
UB: ¿El tema comercial siempre es una presión para la libertad artística?
MR: Siempre me acuerdo de un profesor que decía: “tu trabajo como director de cine no es poner culos en la silla, tu problema es que salgan satisfechos de la sala”. Yo comulgo con eso. Claro, en países como Venezuela los directores de cine tienen que ocuparse de todo pero de ese tema hay que encargarse cuando la película está lista.
UB: Uno de los aspectos más difíciles de hacer cine es el largo periodo que toma hacer una película.
MR: Para cualquier realizador es importante entender que los proyectos cinematográficos son de largo aliento. Se parecen mucho más a un maratón de obstáculos que a una carrera de velocidad. Debes saber que el vínculo con el proyecto evolucionará a medida que pase el tiempo. Entonces necesariamente el proyecto debe conectarte profundamente, perturbarte de una forma tal que no te deje dormir. Ese martillazo en la cabeza es lo que se va a convertir en la gasolina y el motor del proyecto.
UB: Es una especie de relación de amor-odio. ¿Te pasó con Hermano?
MR: Por supuesto. Hermano pendió de un hilo desde el día que se gestó hasta el estreno. La condición natural de la película era estar a punto de caerse y engavetarse. En un tiempo estaba harto de que me preguntaran: “¿Cómo va la película?”, “¿Cuándo estrenas?”. Quería que la gente se olvidara de todo.
UB: Hermano ha sido aplaudida en todo el mundo. ¿De dónde viene el éxito?
MR: Siempre me sorprendió como pese a tener un público con bagajes culturales tan diferentes al nuestro, la realidad que presenta Hermano se encarga ella sola de agarrar a la audiencia por el pescuezo y la sacude. La película se conecta con una esencia universal. Hermano habla del amor, la familia, la solidaridad, la insensatez, la venganza y la tristeza que genera la imposibilidad de lidiar con las cosas que te parten el corazón y te dejan un boquete. Esas cosas las pueden entender en cualquier parte del mundo
UB: ¿Te irías demasiado?
MR: No me iría demasiado de Venezuela. Aunque en mi vida profesional se han abierto muchas puertas, yo escojo estar acá por más de una razón. Quizá las más egoísta es que me diferencia no ser uno de los tantos directores que vive en Los Ángeles, si no uno que opta vivir en este peo llamado Caracas, y va y viene. En Venezuela me mantengo conectado con las cosas vitales de la existencia y no me ando mojoneando con las rumbas y las oficinotas. Me interesa permanecer conectado con la tierra. No es tener los pies en la tierra, sino la vida enchumbada de tierra. De allí salen las historias que necesito contar.]]>