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#SexoParaLeer: En noche de brujas

Dicen las leyendas que el sexo en momentos de diversión y adrenalina es el mejor, tal vez sea cierto. Pero algo que si es cierto es que no importa en qué estación del año nos encontremos estamos dispuesto a esta acividad cuando sea y donde sea, inclusive en "Noche de brujas"

#SexoParaLeer: En noche de brujas

Era 31 de Octubre y mi mejor amigo tenía planeado la mega rumba de Halloween. Por ser su cumpleaños y día de brujas estaba todo listo para celebrar por lo alto. Habían disfraces como vampiros, hombres lobos, gatas, bomberos, conejitas, brujas, diablillos, momias y hasta de lo que menos se imaginaba. Yo llegue vestido de policía porque sabía que ese traje le encanta a muchas mujeres. Calaveras y calabazas que brillaban por las luces era lo que se podía notar por todos lados de la fiesta.

En busca de chicas lindas yo iba, pero por el antifaz poco se podía ver las caras de las personas. Una que otras me miraban como pidiendo más que una invitación a bailar, entre esas una rubia con un cuerpazo para “comérselo con los dedos”.

A las 12 am la casa iba a explotar, no cabía nadie más. Mi amigo Juan fue por unas cervezas y aproveché la ocasión para ser más directo con la que más me atraía. La invite a bailar y después de 5 cervezas podían sobrar miradas, besos con lengua y algunos picones que ella dejaba ver apropósito para volverme loco.

Su nombre era Pamela y llevaba un traje de conejita con un escote totalmente sexy, una falda de tutu tan corta que se podía ver gran parte de sus nalgas, unas orejitas blancas y un antifaz en el que solo resaltaba sus hermosos ojos verdes.

Rodeada de puras amigas se me dificultaba sacarla a bailar, pero ella entendía las señas que le hacía y venía hacia mí sin ningún problema. Por un momento una de sus amigas la sacó del baile y me agarro sin prejuicios, estaba tan borracha que me beso y lamió todo mi cuello.

Con chupones y mordiscos me termine de excitar, pero mi blanco era Pamela. Mi amigo en plena acción me dijo: “Chucho te la estas disfrutando, mi casa está a la orden hermano”. De inmediato pensé «No voy a esperar más, aquí mismo». Agarré a Pamela por su rabito de algodón y la atraje hacia mí.

Bailando pegaditos, totalmente calientes, no aguante y la bese con autoridad. Ella me respondió como toda una puta desesperada. Todo se fue dando como la canción lo mencionaba.

Se movía al son de la música, para delante y atrás una y otra vez. Sentía como mi pene se ponía más erecto al recibir el roce de su culo y eso a ella le producía total éxtasis. Metí una de mis manos entre sus piernas, me di cuenta que estaba totalmente mojada y con la otra le pellizco sus pezones erguidos.

Mientras, ella trata de bajarme la bragueta y hace movimientos sensuales de manera de poder llegar su boca a mi pene. Como había escasa luz, nadie notaba aquella aventura que nos tiramos. El roce de pieles con las demás parejas promovía una sensación aún más rica.

Tomó aquel trozo palpitante y lo besó con su rica lengua, se lo metió a la boca hasta donde más pudo y con su otra mano tocaba mis testículos. No me quedo más remedio que llevarlo al máximo. La metí en una de las habitaciones. Comencé por quitar su antifaz, al fin pude contemplarla en todo su esplendor.

Me desnudé y me recosté a un lado. Besé sus carnosos labios y cuello mientras le quite el top y la faldita. Abrió sus piernas en señal de excitación, solo murmuraba -“mmmm, ahhhhh”. Me deshice de la tanguita blanca, monté sus piernas en mis hombros, solo pensé en comerme sus muslos y los mordí suavemente. Ya listo para tomarme todo el néctar, chupé los labios y luego mi lengua pasó por su clítoris. Hundí mi rostro en aquel fluido con sus quejidos.

En posición de perrito se puso y con mi lengua abrí camino entre sus nalgas para saborear aquel misterio. Una explosión de sabor llego a mi boca acompañado de un grito de placer. Comencé por introducirlo suave y lento, pero su sexo me hizo llegar a pasar el ritmo de la música.

Completamente relajada con carita de conejita playboy, traté de recostarla, pero no lo permitió. Fue entonces cuando me tiró a la cama y de conejita pasó a una gata, besando mi pecho apasionadamente. Clavó sus uñas en señal de dejar rastros en mis hombros y el resto del cuerpo.

Se clavó en mi pene comenzando un vaivén al ritmo de la música, yo jadeaba de placer. Estallamos en un orgasmo suave y largo. Tal como Ícaro emprendió el vuelo, mi cuerpo emprendió su último vuelo dentro de ella, recorriendo cada rincón de su cuerpo con todo mi ser.

Salimos como si nada había sucedido y seguimos derrochando, esta vez más intenso. Luego bailamos unos con otros y así hasta el amanecer.

En la mañana del primero de noviembre al despertarme lo primero que veo es la cara de la Sayona durmiendo a mi lado, pegué un grito del susto. Al quitarle la máscara por suerte era Pamela la conejita con la cual tuve una noche muy rica e inolvidable.