Stop Wars: "may the fourth be with you"

Amilcar Ortega, mejor conocido como Hefner, puntualiza sobre las siguientes producciones de la franquicia cinematográfica más famosa de todos los tiempos

Stop Wars: "may the fourth be with you"

¿Es de suponerse que me emocione por una nueva entrega de la legendaria saga ahora que se sabe que Disney producirá una al año hasta que explote la tierra? Pues predigo que el público en general se cansará cuando lancen la diecisiete; y personalmente, como siempre un paso por delante de todos ustedes, guardaré túnica y sable laser y dejaré de marcar el calendario desde ya. Igual veré “The Last Jedi” para tener algo de qué hablar con familiares y amigos que no consideran posible la existencia de Atlántida, pero blergh….

 

La primera película de Rian Johnson, director de la próxima entrega, que se cruzó en mi camino fue “The Brothers Bloom” y, a pesar de que me pareció una imitación del estilo Wes Anderson, inmediatamente reconocí la marca de un autor con algo que decir, un director con punto de vista, un escritor que comprendía los misterios. Adquirí su ópera prima y me voló la cabeza, “Brick” es una película como ninguna otra, con cero presupuesto y un montón de jóvenes produjo una de las independientes más respetadas de lo que va de siglo. Años después apareció “Looper”, ciencia ficción de alto concepto y llena de acción y comprendí: este tipo puede hacer cualquier cosa, cada obra es totalmente diferente.

Cuando lo anunciaron como el director de la segunda de la tercera trilogía de Star Wars, me deprimí. Algo parecido acababa de pasar con Duncan Jones y la olvidable “Warcraft”, dos autores perdidos en un corto período. Pasé tres días pateando piedritas en las aceras, pensando en cómo todo está perdido. Otro director de vocación artística absorbido por el sistema, otro que invertiría varios de sus años más productivos en una película que poco tiene que ver con su visión, en la cual tiene cero poder de decisión, parte de una saga cuya misión actual es complacer a la gran mayoría a como de lugar. Otro vendido.

En esos días, en Twitter, Rian y Duncan intercambiaron una serie de “chistes” en los que develaron los temores y frustraciones que vienen con venderle el alma al diablo.
Hablemos de “Rogue One”, una película perfectamente competente, bien dirigida y de preciosa producción. Sin embargo, sin alma. Una película que expande el Universo, rellena los espacios vacíos y repara los huecos en la historia original. Sin embargo, no transmite mucho. Una película que incorpora a todas las razas en la aventura principal – un latino, un indio y dos chinos – y nos brinda otra protagonista femenina. Sin embargo, blergh. Con los años el público en general recordará la escena de Darth Vader y poco más.

Hablemos de “The Force Awakens”, un nuevo comienzo, un nuevo ciclo, una nueva esperanza… ¿lo entienden? Es gracioso porque es exactamente igual a “A New Hope”. Contiene buenos chistes pero, a pesar de ciertos cambios, el argumento y los personajes coinciden con los de la película que lo comenzó todo. La diferencia fundamental entre ambas obras es que cuando George Lucas y compañía cambiaron el mundo en 1977, el fenómeno era sorprendente, no había nada de ese calibre en el mercado. Ahora es aún otra franquicia de Disney.

En cierta entrevista el señor Lucas cuenta con horror que ejecutivos de la megacorporación le informaron que descartaron sus guiones, los cuales venían incluidos con la compra de Lucasfilm, porque querían producir una película para complacer al público. Y se agradece que las nuevas mantengan la estética de las originales, y utilicen aquí y allá efectos prácticos en vez de CGI, pero es precisamente en argumento y escritura que carecen de integridad. Son aventuras decentes, pero no pasarán el reto del tiempo como sus predecesoras.

Apartando que su público objetivo es la temprana juventud, los niños seguro las disfrutarán, las nuevas películas carecen de visión y no ofrecen mayor estímulo intelectual porque las diseñan en comité. Son cero riesgo y pura fórmula. Antes de estrenarlas las enfrentan a mil focus group y si algo molesta más de la cuenta, lo cambian sin compasión. Si algo es difícil de entender, lo diluyen. Y transmiten siempre los mismos mensajes, una y otra vez, sin posibilidad alguna de que se colee algo interesante. Igual que todas las canciones en la radio.

Conociendo la maquinaria publicitaria de Disney, su inversión centillonaria y que ya para este momento tienen todas las variantes fríamente calculadas, no cabe duda de que el público en general las esperá con ansias y salivará cuando se acerque el estreno en el calendario. Un servidor, sin embargo, pone una raya en la arena. Hasta aquí llegué. Aunque igual veré “The Last Jedi” por razones anteriormente expuestas.

P.D. Aclaro que en la realidad en la que se desarrolla este artículo, las precuelas no existieron.

Amilcar Ortega comparte esta y otro tipo de opiniones y pareceres en su blog: Eduardo Próspero