Una super millenial: la nueva serie de Netflix

Girlboss es la nueva serie original de Netflix que relata la vida de Sofía Amoruso, una hipster que construye un imperio multimillonario – Nasty Gal – vendiendo ropa en eBay y usando una chaqueta de cuero pasada de moda. Esta parece ser una historia inspiradora que termina convirtiéndose en un intento desesperado de Cenicienta con una cara moderna y teléfono inteligente en mano

Una super millenial: la nueva serie de Netflix

Así es esta serie que llegó a Netflix y que no solo pretende contarnos la vida de Sofía, si no la de describir el sueño americano de una joven, que lejos de estar en la era de los millenials, decide comportarse como una. Esta se supone que debería ser la historia de cientos de mujeres alrededor del mundo que persiguen sueños, trazan metas, superan dificultades y que logran objetivos para convertirse en empresarias exitosas. Pero no.

Lo que no creyeron sus productores es que algo nos estaba contando mal. Sí, aunque es una historia fascinante, muchos no esperábamos que se desarrollara de tal manera. Sofía – la protagonista – vive en piso desbaratado en San Francisco que con deseos y excusas de no asumir la vida adulta, busca complacerse a sí misma todo el tiempo.

 

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Es la chica que todo lo puede y que con actitud irreverente cree comerse el mundo. También es la chica que come sobras de comida de la basura a pesar de tener un padre que puede ayudarle económicamente; la que empuja un automóvil en una colina empinada sin ayuda; la que reta al sistema americano de la forma más desafiante posible: pintándote una paloma.

Cuando describimos el perfil de mujeres exitosas, no nos encontramos a Sofía, ni a jóvenes superficiales, centradas en sí mismas y que a menudo se comportan de manera malcriada y desagradable. Encontramos mujeres capaces de actuar con resiliencia, con carácter fuerte pero amables y siempre a disposición del otro. En resumen, mujeres con propósitos.

Por desgracia, la serie no fue capaz de sacarle provecho a la misma corriente feminista de la narrativa real de Amoruso o del clima actual del feminismo. Todo lo contrario. Sin escapar de esa electricidad que se está entre los veinte y tantos, y el contundente mal humor; nos hubiese encantado ver el lado más salvaje de ese espíritu empresarial que vivió la exitosa CEO en carne propia.

Sofía era  solo una entrepreneur cuando decidió poner en marcha Nasty Gal – un mercado de líneas de ropa con un toque moderno – y de la cual fue CEO durante una década antes de renunciar en el 2015. Pero, ¿qué quedaba para la “Girlboss” después de eso?

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Había disfrutado del éxito de que su visión tuvo frutos en buenos términos, sin importar el número de altibajos que pueden presenciarse durante el crecimiento de una empresa. Y que muy fácilmente pudieron haber evitado con los estereotipos de la cultura pop, para llevar a los espectadores en esta montaña rusa de impredecible iniciativa empresarial.

Con una larga lista de productores ejecutivos, y la gran parte mujeres, es de suponer que la serie resultaría algo más atractiva y llena de una mayor voz de con la que se presentó. Charlize Theron. Kay Cannon y la mismísima Sofía Amoruso, se encargaron de hacernos revivir los momentos adecuados, como la celebración de un hito de éxito como empresaria mientras simultáneamente la protagonista vive oleadas de dolor personal, pero de hacernos cuestionar la representación de las mujeres amantes de la tecnología.

El perfil de ella. Una chica socialmente torpe, que usa ropa aburrida y que no puede defenderse a sí misma. ¿Por qué no crear la personalidad de un personaje que genere una luz más positiva? ¿Por qué no enseñar un mejor perfil para las generaciones más jóvenes?

Todas las mujeres en el mundo de la tecnología a las cuales tengo como referencia demuestran ser dinámicas, brillantes y elocuentes. No tengo idea de cómo una serie escrita por mujeres, que relata la historia que hace referencia a mujeres y hecha para mujeres logró llenar esa percepción negativa en una mujer.

Esperamos que futuras mujeres tengan el valor de contar historias que nos obliguen – a las mujeres – ver una mejor luz que la que nos ofrece Girlboss.

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