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Williamny Carrillo, relato de una mujer trans en Petare

Desde hace más de 20 años es Williamny, es ella. Su historia de vida en uno de los barrios populares más complejos del continente es toda una sorpresa más allá de los prejuicios

Williamny Carrillo, relato de una mujer trans en Petare

-¿Me podrías decir tu nombre completo para anotarlo? Por favor.

– ¿El de pila?

-Sí.

-William Alfredo Carrillo.

– No, dime tu verdadero nombre.

-Williamny Carrillo.

 

Una señora rubia se encontraba sentada en una silla de plástico verde a la entrada de la peluquería “La Gitana”, en el casco histórico de Petare.

Vestía camiseta azul, un pantalón pescador de tonos rosados y unos zapatos de goma que hacían juego. El pelo rubio recogido con una cola, como cualquier señora de su edad. De uñas arregladas, en su cabeza unos lentes negros por si el sol le incomodaba la vista.

La mujer vio que llegó el pequeño grupo de visitantes. Se levantó y se acercó a saludar. Y mientras esperaba al transporte que los llevaría hasta su casa, decidieron comprar refrescos en una licorería cercana.

La señora de tez trigueña que atendía la caja saludó alegremente a la rubia, con afecto, y conversaron sobre sus planes de carnaval mientras ocurría la transacción de la compra.

– ¿Así como esa señora es el resto de Petare con la comunidad trans?

-Claro vale, son personas muy abiertas, nos ven como uno más.

Williamny Carrillo es la rubia. Tiene 54 años, es una mujer transgénero desde hace más de 20 años, es estilista y hace 19 que trabaja en la peluquería “La Gitana”. Nació y se crió en Petare, pero su acento delata que fue criada por una familia oriental.

Una vez en el taxi Williamny dio las instrucciones: “Vamos para La Bombilla y no se preocupen que eso allá es tranquilo”.

 

Rumbo a La Bombilla

Williamny nació como William Alfredo Carrillo, el tercero de nueve hermanos.

Cuando era pequeño le gustaba jugar con muñecas y le agradaba compartir más con las niñas que con los varones. Su mamá, Carmen Aristimuño de Arriojes, un día decidió preguntarle la razón. La respuesta de William fue simple: él se sentía cómodo así.

Si hoy se le pregunta por la relación con su padre, da otra respuesta concisa: tuvo un progenitor biológico que le dio su apellido (Carrillo), quien jamás lo aceptó y su verdadero padre es Manuel José Arriojes Silva, quien a pesar de la ausencia del vínculo sanguíneo, siempre le apoyó en todo.

Williamny es estilista pero le hubiera gustado estudiar medicina veterinaria ya que siente un gran amor y vocación por los animales; tiene dos chihuahuas, una iguana y varios pajaritos en su casa.

Williamny Carrillo, el relato de una mujer trans en Petare

-Miren, en esa calle grabaron el video de la canción Me voy enamorando, de Chino y Nacho.

Es lo que dice Williamny apenas al bajar del taxi, señalando a un lugar en el que se ven fachadas que todavía conservan algo de los tonos brillantes que se ven en la pieza audiovisual del 2015.

La casa de Willamny tiene tres pisos, es angosta pero a la vez muy espaciosa. El primer piso de la vivienda le pertenecía a su madre, quien falleció hace siete años. Ella ocupa la siguiente planta. Los escalones son altos, los invitados suben mirando con cautela el suelo mientras que ella va caminando como una gacela despreocupada.

Desde la platabanda se podían ver las numerosas casas de bloques de color naranja. Ese día había llegado el agua en la comunidad y muchos se encontraban lavando y más de uno colgaba la ropa en los tendederos, otros ponían las prendas en el piso para que el sol las secara.

Williamny agarró un banco para sentarse y erguida, cruzó las piernas y dijo: “Puedes preguntarme lo que quieras, sin pena, adelante”.

 

La evolución social

Ella jamás se identificó con William: “No me sentía como esa persona, mis hermanos se habían dado cuenta, hasta mis padres lo percibían”.

Pero ellos no imaginaron que quería ser mujer.

Antes en Petare la percepción que se tenía sobre las personas transgénero o travestis era un tabú incómodo. Willamny recordó cómo era: “En aquel entonces eran homofóbicos, burlones. Cuando caminabas por la calle la gente te podía gritar ‘¡ese marico!’. Y cuando transitabas por Petare los buhoneros lanzaban tomates, todo lo que tenían al alcance de sus guacales”.

El trato de la policía era “malísimo, la PM (Policía Metropolitana) eran maliciosos” con las personas trans y con los gays en general. Los funcionarios hacían redadas para agarrarlos y subirlos en las patrullas, los ruleteaban por la ciudad, en ocasiones les cortaban el pelo como una manera de castigarlos e incluso los hacían compartir celda con presos comunes en las comisarías.

Willamny dijo que la explicación que daban esos funcionarios era que estaban haciendo un “operativo”, sin más detalles. Su madre más de una vez tuvo que ir “a formar un escándalo” para que la soltaran.

“La policía te atropellaba, te trataba mal, si aún existiera la PM no podrías estar así”, dijo mientras se señalaba a sí misma: “Y me atrevería a decir que el 50% de esos policías abusaba de ellos”.

 

La dinámica con la pareja

Cuando se hizo mujer muchas de sus parejas de antes ya no lo aceptaban por el temor de qué diría la gente. “Antes cuando era ‘seriecito’ (hombre) nadie se daba cuenta, pero en el momento que haces el cambio es más notorio quién te gusta, y ya con eso ellos se cohibían”.

Williamny tiene una pareja estable desde hace 20 años. Dice que su relación es muy bonita. Cuando se conocieron él estaba casado, luego transcurrió el tiempo, él se separó y formalizaron lo que tenían.

Su novio la conoció como Williamny. Siempre la aceptó como era, jamás fue una relación escondida, han hecho su vida como cualquier otra pareja: “Claro, hay cosas que nos las reservamos para la intimidad y en la calle siempre somos respetuosos con las demás personas”.

Él actualmente vive en Bucaramanga, Colombia. Ella viaja constantemente para la ciudad vecina y su novio también la visita. Su pareja quiere que Williamny se mude para allá, pero a pesar de la crisis que está atravesando Venezuela ella no se quiere ir todavía.

 

El legado de Carmencita

Hace 19 años que trabaja en el mismo lugar. La Gitana es su otra casa. Y se siente afortunada: “Es un despelote y una locura trabajar allí. Soy demasiado bochinchera, la más grosera allí soy yo”, dijo entre risas: “En La Gitana hay una familia, cuando alguien tiene un problema, todos lo tenemos”.

La relación con sus clientes también es buena. Tanto que asegura que no se ha ido de la peluquería por ellos. Una de las clientas que la marcó fue Carmen Claro, mejor conocida como Carmencita.

“Carmencita fue mi cliente por 25 años, eventualmente se convirtió en mi amiga. Nos enteramos de que tenía cáncer cuando se hizo unos exámenes porque le dolía mucho la cabeza. Para esa época yo tenía un carrito y ella me pidió que la llevara a buscar los resultados en la Clínica Vista California”.

Cuando regresó con los resultados Carmencita se sentó en la parte de atrás del carro y se puso a llorar. A Williamny le temblaban las piernas por los nervios. Su amiga le dijo que la prueba de cáncer era positiva. Inmediatamente la rubia le dijo que debía calmarse, que había mucho por hacer porque fue diagnosticada a tiempo.

Williamny recordó cuando Carmencita estuvo internada en el Hospital Domingo Luciani.  Maritza, la hermana de su amiga no podía acompañarla y le pidió ayuda: “Como ya me veía como mujer, tenía que intentarlo”.

En la sala donde estaba internada su amiga solo podían estar mujeres. Williamny pasó porque “ya me percibían como mujer” y pudo cuidarla. Carmencita jamás se imaginó que Williamny lo lograría.

Su amiga falleció hace seis años, ella se enteró cuando estaba almorzando y recibió un mensaje de texto con la noticia. Le costó procesar la información y cuando lo hizo se fue hasta la casa de Carmencita. El cuerpo de ella estaba en su habitación.

Mientras recordaba, se le quebró la voz y los ojos se le pusieron llorosos: “Me acerqué hasta su cuarto, la vi, le di un beso en la frente para despedirme de ella. Carmen era mi mejor amiga. No quise ir a la funeraria porque quería recordarla por lo que fue. Su familia se volvió parte de la mía. Ese fue su legado”.

 

¿Peluquera o psicóloga?

 Williamny dice que una peluquera de alguna manera es como una psicóloga: los clientes se sienten en confianza y deciden contar cosas de su vida privada y dependiendo de la cercanía que exista, una estilista puede dar uno que otro consejo.

Ella recuerda que una cliente acudió para que la aconsejara. Le dijo que su hijo le confesó que era gay y no sabía qué hacer, por eso fue a la peluquería para que la orientara. Williamny le dijo que si amaba a su hijo tenía que aceptarlo y respetarlo.

-¿Qué prefieres, tener un hijo gay o tener un hijo malandro y que la policía llegue a tumbarte la puerta de la casa para buscarlo?

La mujer ha ayudado a varios jóvenes de la comunidad LGBTIQ a integrarse e incluso conseguirles empleo como asistente de estilista para que puedan ir aprendiendo de esa profesión.

“Ellos se acercan a mí porque han visto que soy una persona muy trabajadora, que no ando saliendo de noche y no hago espectáculos. Luego de que decidieron salir del clóset han mantenido contacto conmigo. También he dado cursos de peluquería en mi casa para ayudar a esas mujeres que quieren trabajar como peluqueras”.

 

La interacción con la autoridad

 -¿Cómo es el tema legal con respecto a tus papeles? Al momento de presentarte y ver que tu identificación no coincide con quien eres, ¿te has sentido discriminada?

-Ay, estoy cansada de eso *se ríe a carcajadas*.

 Para su entorno, para su barrio, para su gente es Willamny Carrillo. Para el resto de la sociedad y para el gobierno es William Alfredo Carrillo.

Una vez le tocó renovar la cédula de identidad en la sede de Los Ruices: “Llegué al lugar como soy y cuando fue mi turno me obligaron a quitarme el maquillaje, hasta remover el color de mis cejas y recogerme el pelo, porque según la cédula era hombre y les decía que ya no lo era e igual insistían con eso”.

Cuando le tocó retirar la cédula y un funcionario dijo “William Carrillo”, ella inmediatamente fue a buscar la identificación, pero el funcionario le decía que se devolviera porque no era con ella y estaba llamando a un hombre, a William.

Williamny le demostró que era la misma persona del documento y el empleado público apenado se la dio.

«Me ha pasado en el banco y con otras diligencias que tengan que ver con eso, pero eventualmente resuelvo”. A pesar de los inconvenientes, asegura que ya no se da mala vida y acepta que William Alfredo continuará apareciendo en sus documentos.

-Desde tu experiencia, ¿cómo ha sido el trato del gobierno actual hacia la comunidad LGBTIQ?

– Una cagada.

Williamny considera que todo lo que ha dicho el gobierno sobre la comunidad LGBTIQ ha sido para beneficiarse nada más y no para ayudar a la gente: “Solo buscan perjudicar a todos, tanto al hetero como al gay”. Tampoco ha visto trabajos concretos al respecto.

Williamny Carrillo, el relato de una mujer trans en Petare

“El consejo comunal lo que ha hecho es buscarnos para grabar nuestros testimonios para ayudar a la comunidad de Petare y de otros sitios más, pero nunca hacen nada”.

¿Y les ayudan para modificar sus documentos de identidad? “Al menos en mi caso eso no ha ocurrido”. Agregó que no ha visto que ayuden a las personas que han tenido que volverse trabajadores sexuales a que se reinsertan en el mercado laboral: “más bien los atropellan y cuando los meten presos les hacen maldades, les hacen bullying e incluso hasta abusan de ellos”.

-Yo tengo una amiguita trans que la agarraron en la avenida Baralt porque era trabajadora sexual, y en vez de llevarla al comando la metieron en una de las celdas del módulo, le quitaron toda la ropa y la obligaron a desfilar desnuda. ¿Cuál es el apoyo que nos pueden dar ellos? Ninguno.

 A pesar de las experiencias amargas, ella se siente querida y respetada por su comunidad. Williamny colabora en las jornadas gratuitas para cortarle el pelo a los adultos mayores. Ha buscado que los jóvenes sean más inclusivos con la diversidad de género.

 

El camino hacia la transición

 –¿A qué edad decidiste hacer el cambio?

-A los 30 años.

 Cuando llegó al “piso tres” decidió empezar con el tratamiento hormonal. Le tocó tomar dexapostafen, minigynon. Recuerda que los síntomas que empezó a manifestar: mareos, vómito, y cuando tenía relaciones sexuales con su pareja le costaba llegar al orgasmo. Uno de los primeros cambios que tuvo fue cuando le empezaron a crecer los senos y recuerda que el dolor era insoportable.

Su tono de voz nunca cambió, siempre la mantuvo, pero vio que su pelo comenzó a ser distinto, recibía elogios por su cabellera. Durante el proceso lo tenía de color negro azabache.

Algo que impactó a la gente fue cuando empezó a maquillarse. También se tatuó las cejas, se inyectó los labios.

Mientras se iba gestando el cambio físico de Williamny recibió apoyo de su familia, tanto sus hermanos como sus padres y sus compañeros del trabajo.

También le tocó hacerse exámenes médicos para evaluar cómo iban sus niveles hormonales. Cada seis meses debía hacerse ese chequeo hasta que el doctor le dijo que ya estaba apta para proceder con la cirugía de la reasignación de sexo. Williamny asegura que se siente cómoda con su cuerpo y no se operó.

Sin embargo, en la playa se siente incómoda por cómo la percibe la gente. Eso, sin embargo, no la frena: “Me pongo mi traje de baño, me coloco un pareo y disfruto de la playa. No te creas, estando allá la gente es muy divina con uno. He viajado con mis amigos de la peluquería, nos ponemos a tomar con la gente y la pasamos muy bien”.

Williamny Carrillo, el relato de una mujer trans en Petare

Antes de salir de la casa para hacer algunas fotos Williamny muestra el retrato de su madre,  Carmen Aristimuño de Arriojes: “Muchos maltratan a las suyas, yo ya tengo siete años sin ella, siempre me apoyó en todo y puedo decir que jamás la desamparé, siempre hice lo que pude”.

En la calle las vecinas se divertían viéndola posar. Y todas tenían palabras amables para ella, la más expresiva del lugar: “Solamente ella sería capaz de tomarse fotos así en la calle, así es ella. Así la queremos”.

Williamny Carrillo, el relato de una mujer trans en Petare

*La entrevistada dio su autorización para utilizar el nombre legal para este texto*