¡Un dos tres! Capriles resucita los “flashmob”

Esta vez no se trata del pollito inglés, ni de la ere paralizada, ni del escondido. La nueva estrategia de la oposición para enfrentar lo que la conseja define como una dictadura, -con un presidente que califican de “ilegítimo” pero al que llaman Presidente aunque supuestamente ya lo despidieron a través de la Asamblea Nacional-, es el “flashmob” o manifestaciones relámpago, en las autopistas de Caracas.

En este tiempo tan vertiginoso en el que nos envuelve la tecnología, los “flashmob” se han quedado viejos. Para los que se incorporan ahora este capítulo, habremos de recordar que hace unos 10 años eran populares en las ciudades del mundo estas expresiones irreverentes y asombrosas que se basaban en el poder de convocatoria de las plataformas digitales. Y eso que en esa época no existían Twitter, ni Instagram.

Algunos años después, la oposición venezolana ha agotado la fórmula de convocar marchas hasta el centro de Caracas para desafiar el poder. Es que ya es fama que la policía y los militares, junto con Jorge Rodríguez y sus secuaces, tienen prohibido a los opositores pisar esas calles si andan en grupos.

Pero en la mañana de este histórico 24 de enero, una pequeña multitud (la figura es una contradicción) desafió a Nicolás Maduro, a Diosdado Cabello, a los militares de Padrino López, al CNE y al Tribunal Supremo cerrando por unos minutos la autopista Francisco Fajardo de Caracas. Lograron escapar tan sorpresivamente como vinieron, de modo que se salvaron de engrosar la lista de los presos políticos del ¡Reeegimen!.

La protesta pacífica fue definida como “una nueva etapa” en la lucha para que el ministerio de las Elecciones (¡perdón! el Consejo Nacional Electoral) reciba a los venezolanos y fije fecha para los comicios, aunque sea de gobernadores.

Tras el fracaso telegrafiado de la convocatoria a referendo en 2016, la oposición resucita su interés por unas elecciones de gobernadores y alcaldes… «Agarrando aunque sea fallo», dicen en las filas de unos partidos que hasta hace pocos meses admitían que los mandatarios regionales y municipales de la oposición -como la Asamblea- son unos jarrones chinos, con muy poca cancha para trabajar, con un gobierno oficialista, que al estilo Jalisco «si no gana arrebata».

El lunes 23 de enero la marcha opositora tuvo más gente de lo que se esperaban los propios convocantes, a sabiendas de que la gente anda entre asustada, amedrentada y cansada.

Obviamente, había casi más policías y guardias desplegados que manifestantes, por lo que como siempre, el rector Luis Emilio Rondón acudió en moto a la frontera final de la protesta a recoger el sobre con las peticiones, para tal vez llevarlas a su destino final: el archivo o el cesto de la basura de Tibisay Lucena, la ministra de las elecciones.

“Las 4 señoras de este organismo tienen que habilitar la oficina de recepción para que cualquier venezolano pueda hacer una petición. Cada acción del gobierno como la de ayer (lunes, cuando impidieron la marcha), tendrá una reacción sorpresa hasta que entren en el hilo constitucional y respeten los derechos de los venezolanos”, dijo Capriles, según sus servicios de prensa, al anunciar más manifestaciones relámpago.

La inefable Wikipedia, ese dechado de «cultura» instantánea, observa que en un ‘flashmob’, un gran grupo de personas se reúne de repente en un lugar público, realiza algo inusual y luego se dispersa rápidamente” y además “no tienen ningún fin más que el entretenimiento, pero pueden convocarse también con fines políticos o reivindicativos”.

“Una de las particularidades de estas «tribus temporales» es que no requieren contar con el apoyo de los medios de comunicación de masas para comunicarse, coordinarse y actuar de manera conjunta, ya que su comunicación funciona a través de redes sociales virtuales”, agrega la Wiki.

Este último atributo parecería atenuar el hecho de que en medio de un fuerte censura y autocensura, los llamados medios de comunicación masiva, como la radio y la TV, no se atreven ni de vaina a informar sobre ninguna convocatoria opositora a marchar.

Entonces queda el poder de los SMS, de los chat de Whatsapp, de los portales independientes de noticias y de las redes sociales.

En efecto, el oficialismo tiene entre sus filas expertos entrenados en Cuba y en Rusia (y rusos y cubanos) capaces de hacerle frente al mismísimo Snowden o al Agente 007. Por eso es bastante dudoso que la policía política y los cuerpos de seguridad no descifren tarde o temprano de esta posición adelantada de los manifestantes.

Un usuario frecuente del Metro, que vive en el malogrado oeste de la ciudad, le manda un mensaje a Capriles y a la pequeña multitud relámpago la idea de que se pongan de acuerdo, y como un una coreografía de películas de acción, antes de agotar la autopista, se monten en un tren, se bajen en la estación Capitolio (inclusive Henrique Capriles podría ir disfrazado de viejito indigente, aprovechando que las calles están pobladas de estos seres caídos en desgracia) y desplegar su protesta relámpago en las entrañas del monstruo, en el territorio comanche del centro de Caracas…

Claro siempre es bueno que le avisen a algunos periodistas para consagrar ese irrepetible momento Kodak.