<iframe src="//www.googletagmanager.com/ns.html?id=GTM-K8BB9HX&l=dataLayer" height="0" width="0" style="display:none;visibility:hidden"></iframe>

Un papá perfectamente imperfecto

No parece ser muy común que un hombre ventile así las vicisitudes de ser papá. Pero aquí está. El periodista Andrés Schmucke se estrena contando sus experiencias, tetero en mano y con la pañalera equipada y llena de historias

Un papá perfectamente imperfecto

Hola, mi nombre es Andrés Schmucke, y desde que tengo uso de memoria he tenido que deletrearle mi apellido a todo el mundo a tal grado que la única forma en que yo puedo escribirlo es deletreándolo mentalmente). Este es un estigma que se pasa de generación en generación, así que mi hijo va a tener que lidiar con esto también.

Soy comunicador social, escritor, creador de contenido, pero por sobre todas las cosas, soy papá. Un papá muy lejos de ser súper, un papá muy lejos de ser perfecto, pero un papá genial (o eso me gusta pensar).

Soy un tipo que siempre quiso ser padre, un tipo que siempre soñó en estar allí para su hijo, un tipo que quiere llevar un mensaje: “Los papás contamos, los papás estamos presentes. Los exponentes de la nueva paternidad sí vamos al kiosco a comprar cigarrillos y regresamos a casa”.

Aquí en El Estímulo algo de ese mensaje llamó la atención, algo de ese mensaje resonó y es por eso que me están dando con este espacio la valiosa oportunidad de transmitirlo a otros papás (y también a mamás, porque esto no es solo para los hombres, sino también para las mujeres, la inclusión lo llaman).

Presenciar lo caóticamente maravilloso que es la paternidad desde el punto de vista de un papá, es algo que no se ve todos los días, ni en todas partes.

Si hacemos el ejercicio de recorrer las redes sociales, nos daremos cuenta de que son las mamás las que llevan la voz cantante en cuanto a ser “líderes de opinión de la maternidad/paternidad”. Y aunque eso es algo que seguramente no va a cambiar, al menos puedo estar yo allí de metido opinando y plantando mi bandera, porque a menos de que los hijos nazcan por obra y gracia del Espíritu Santo, ese hijo es 50 por ciento del papá.

Un tetero en las rocas llega no para llenar un espacio, sino para equilibrarlo. O al menos para hacer el intento. Por cierto, el nombre de esta columna es parte de ese equilibrio. Cuando se me ocurrió pensé en un personaje así bien cool tipo James Bond con un elegante smoking, tomándose un tetero. Mi esposa lo que pensó fue en un papá que sobrevive su día a día como papá con una buena dosis de alcohol (que es una realidad de la que soy un exponente).

Espero que me acompañen en esta nueva aventura donde les contaré qué hago cuando mi hijo de 2 años y medio agota mi paciencia (todos los días), mi experiencia de ser un papá a la distancia durante casi un año, los acuerdos, pero más que nada, los desacuerdos que tengo con mi esposa con respecto a la crianza de nuestro bebé, y las múltiples ocurrencias de El Matteo, el amor más grande de mi vida, quien me llena de energía y quien me deja sin ella.

Un tetero en las rocas llegó para quedarse (espero) en la medida que los berrinches y las pataletas lo permitan.