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Un paradigma en los modelos de gestión del fútbol

En una reciente entrevista ofrecida por el presidente de Atlético Venezuela, Rubén Villavicencio, a un conocido programa radial, el mandatario del joven club revelaba que el traspaso de Yangel Herrera al City Football Group (propietarios de Manchester City, New York City, entre otros importantes cuadros en el mundo) servía para recuperar la inversión hecha por los dueños en los últimos cinco años. Un gran ejemplo de gestión económica en medio de la crisis.

Un paradigma en los modelos de gestión del fútbol

Es muy mercantilista revisar el proceso que ha llevado al futbolista más prometedor del país sin reconocer todas las aptitudes, dentro y fuera de la cancha, del joven nacido en La Guaria para dar este paso tan trascendental. La venta, que según algunas fuentes oscila en aproximado a los tres millones de Euros, representa, quizás, el paradigma del deber ser en la rentabilidad de una empresa deportiva, sobre todo en Venezuela, donde los equipos de fútbol históricamente han sido sacos rotos económicamente hablando; donde los mecenas y entidades gubernamentales se han caracterizado por destinar sus recursos al fútbol de manera, filantrópica para los primeros y proselitistas en los segundos.
Pocos equipos que hacen vida en el fútbol rentado de Venezuela tienen un propósito establecido, una misión o una visión planteada, tal cual aprende uno en las aulas de clase como modelos de gestión empresarial. Haciendo el ejercicio de revisión en las distintas páginas webs oficiales de los equipos de la Primera División del país, en ninguna se encuentra este tipo de formulación de objetivos. Los mismos, son manifestados de manera verbal en las ruedas de prensa. Vaya usted a saber si a lo interno están perfectamente planificados.
Lo cierto es que en Atlético Venezuela han pregonado un objetivo desde que en 2011 tomara las riendas la actual gestión: “ser un modelo de gestión deportiva en Venezuela”, partiendo de la promoción de jugadores provenientes de sus divisiones formativas. Ha quedado registrado en las intenciones manifiestas por sus directivos y en el trabajo que han realizado en poco tiempo (el club cumplirá apenas ocho años de fundado) que la idea central no será convertirse en el equipo que absorba a toda la fanaticada de la ciudad donde hace vida, Caracas, destronando al club homónimo, sino ser una entidad que promueva el fútbol de las bases y la autogestión surja de la venta de sus futbolistas.
Ha costado. Mucho, pero la inversión hecha por la directiva desde que el equipo ascendió a Primera en 2012 ha sido concienzuda, sin despilfarros ilógicos que apuren la idea de alcanzar algún logro deportivo inmediato, más allá de aquel reajuste hecho en la economía del club cuando la actual directiva asumió el control de un equipo que navegaba en las aguas de la deriva de las deudas y el abandono.
Desde entonces y progresivamente, en aquel tiempo dirigidos por el actual seleccionador Sub 17 José Hernández (quien aún es un asesor indispensable en el seno del cuadro nacional), el equipo fue armando una estructura ordenada de categorías menores. El nombramiento de jóvenes pero muy bien preparados técnicos para las diversas categorías, fue el primer paso dado. En el seno del club se han formado jugadores que hoy despuntan como Marco Farisato y Cristian Cásseres hijo, pero el mayor activo lo tienen hoy día en el equipo de Primera División, que suele tener entre siete y ocho jugadores que han pasado por las categorías formativas en las convocatorias de cada encuentro. Con el gran arquero Jesús Briceño a la cabeza y un promedio de edad que ronda los 23 años, Atlético es el equipo más joven de todos en la Primera División, algo que no se lograría si no contara con un técnico como Ignacio “Nacho” González, un novato DT argentino que tiene en su vasta experiencia como jugador la autoridad posible para confiar en la sangre novel.
En esa atención, se construyó el Centro de Entrenamiento en el Fuerte Militar Tiuna. Una modesta cancha de césped artificial que ha sido el fortín de operaciones propias del equipo. Una pequeña construcción que ha abaratado los costos de rentar campos en una oferta tan limitada como la que ofrece la ciudad capital.
Atlético Venezuela se ha enfocado en mirar otros lugares del país para, con pinzas, descubrir el talento del futbolista criollo. Su ojo visor se ha montado en Maturín, específicamente en la academia Escuela Mejía, de donde surgió Yangel Herrera. Jugadores con biotipo extraordinario, son aprovechados por el club capitalino por el acuerdo de colaboración que suscribió con esa entidad, de donde ya trajo a chicos que ahora cumplen su formación integral en el Atlético, como el arquero Ismael Caría, los volantes de selección nacional Carlos Rodríguez y Luis Ramos y el enganche José Requena.  
La clave del éxito de este equipo modesto, que ya disputa Copa Sudamericana gracias al buen desempeño deportivo en el Clausura de 2016, es precisamente la paciencia y la confianza en darles importantes responsabilidades a sus valores juveniles. El título actual de campeones nacionales Sub 20 tras derrotar al gigante Deportivo Táchira en la final de diciembre pasado, es la mayor demostración del crecimiento que desde las bases ha surgido en el Atlético. Atender las categorías menores, no dejar de monitorear el fútbol menor del todo el territorio y “cazar” los talentos en el momento indicado, es el sencillo proceder.
Que Yangel Herrera haya hecho recuperar a los dueños de Atlético Venezuela la inversión hecha en el club durante los últimos cinco años expresa la importancia que debe tener en la esencia de los equipos del país la formación de jugadores y el interés por utilizar los recursos en prometedores futbolistas. Algunas apuestas salen, otras no. Atlético pudo haber tenido suerte, pero en el mundo de los negocios, esa es una palabra que no existe.]]>