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Un santo en el cielo de Caracas: así comió Juan Pablo II

Un santo en el cielo de Caracas: así comió Juan Pablo II

Después de 24 años podemos conocer qué comió el ahora santo Juan Pablo II durante su segunda visita a Venezuela, mientras permaneció en la Nunciatura Apostólica de Caracas los días viernes 9, sábado 10 y domingo 11 de febrero de 1996.

Sabemos que el Sumo Pontífice fue atendido por el personal del extinto restaurante Le Gourmet del hotel Tamanaco como lo testimonia la crónica publicada en este medio.

Pero durante los tres días que permaneció en la Nunciatura Apostólica… ¿quién preparó y cuáles fueron las comidas privadas que le sirvieron y qué fue lo que más le gustó de lo que le cocinaron a él y a su comitiva más cercana incluyendo al personal de seguridad que no lo dejaba ni a sol ni a sombra?

Santo Papa Juan Pablo II

Nunciatura Apostólica de Caracas

Frutas tropicales y chocolate

Recibimos una carta de un empresario italiano, quien de una manera diáfana, sencilla y sin aspavientos nos quiso comunicar que él se encargó de la culinaria privada que satisfizo el apetito del Papa Juan Pablo II.

Renato Fragata, propietario del desaparecido restaurante Il Cielo nos comentó que él, junto a los chefs Marc Fritz y Mario Bufalari y su equipo de cocina, se ocuparon de las comidas privadas del Sumo Pontífice, pero lamentablemente no quedó registro fotográfico de este encuentro ya que les fue prohibido por la seguridad y protocolo del Vaticano hacerle fotos y mucho menos posar con el futuro santo.

Lo primero que preguntamos es ¿qué fue lo que más le gustó a Karol Wojtyla? De inmediato supimos que tenía debilidad por el chocolate y le encantaron las frutas tropicales que le fueron presentadas en la mesa.

El Papa comió del cielo

Como una premonición, ya que su fallecimiento se produjo el 5 de abril de 2005, y 9 años después fue elevado a los altares para ser convertido en San Juan Pablo II, el Sumo Pontífice ya había probado la comida del cielo, pero del restaurante caraqueño que se encargó de elaborar los condumios para sus comidas íntimas mientras permaneció en Caracas.

Boleto áereo de Viasa a nombre de Su Santidad Juan Pablo II Foto Museo del Transporte

Todo comenzó porque el Nuncio Apostólico para aquel momento, Monseñor Oriano Quilici, era cliente del restaurante Il Cielo. Cuando sus ocupaciones se lo permitían, se acercaba a comer la exquisita gastronomía italiana que se servía en este local, ubicado en la calle Trinidad de Las Mercedes y que regentaba Renato Fragata.

Renato Fragata, propietario del restaurante Il Cielo

Pero es que Monseñor Quilici conocía los gustos gastronómicos del Santo Padre -que por cierto eran muy sencillos- ya que casualmente él ejercía como Nuncio Apostólico en Guatemala durante una anterior visita de Juan Pablo II a ese país centroamericano.

Fragata se sintió entre sorprendido y abrumado ante la petición que le hiciera el Nuncio Apostólico durante una cena, lo que recuerda con satisfacción y alegría por el deber cumplido a cabalidad:

“Una noche mientras cenaba, me comentó que estaba prevista una visita del Papa Juan Pablo II a Centroamérica que incluía también nuestro país y la posibilidad que Il Cielo realizara el servicio gastronómico en la sede de la Nunciatura Apostólica de Caracas para las comidas privadas del Santo Padre, de los cardenales que lo acompañaban y de su equipo de seguridad. Le contesté que sería un inmenso honor hacerlo. Días después, Monseñor Quilici me hizo llegar varias hojas de pergamino donde escribimos las propuestas de los menús que envió al Vaticano para su aprobación. La gran sorpresa fue cuando me informaron que Il Cielo estaría a cargo del servicio en la Nunciatura durante la visita papal”.

Questa sera si mangia…!!!

Una vez aprobada la delicada labor y cercana la fecha de la visita papal, Renato Fragata se ocupó personalmente de dirigir las compras de los víveres para cumplir al pie de la letra con la confección de los menús establecidos que ya tenían el visto bueno de la oficina que organiza los viajes papales.

Previa a la llegada del Santo Padre a la avenida La Salle de Los Caobos, donde se encuentra la Nunciatura Apostólica, el Comandante de la Guardia Suiza, oficial Alois Estermann, inspeccionó la cocina y el comedor y conversó con Renato Fragata acerca de la cena informal que serviría esa primera noche, tanto para el mismo Papa, su secretario personal, los cardenales que lo acompañaban y el personal de seguridad.

Nunciatura Apostólica

Fragata le explicó que tenía previsto Spaghetti al pomodoro fresco y basilico y Centro de lomito a la mediterránea. Al escuchar estos condumios, el oficial Estermann se comunicó por radio con el resto del personal de seguridad y exclamó en tono jocoso: Ragazzi questa sera si mangia…!!!”.

El comentario de alegría y satisfacción ante la cena que les esperaba obedecía a que venían de Guatemala y estaban ansiosos de comer buenos platos auténticamente italianos con sazón mediterránea.

Casualmente, el oficial Alois Estermann, Mayor de la Guardia Suiza Pontificia, estaba casado con la venezolana Gladys Meza Romero. Esta pareja tuvo un final trágico ya que fueron encontrados asesinados en su apartamento en la Ciudad del Vaticano en 1998 junto al guardia suizo Cédric Tornay. El caso no quedó del todo resuelto.

Sin protocolo

Para atender al Jefe Supremo de la Iglesia Católica, las Hermanas Canonesas de la Cruz tienen la responsabilidad del buen funcionamiento de la Nunciatura Apostólica y, por lo tanto, se convirtieron en las principales aliadas de Renato Fragata y su personal del restaurante Il Cielo.

Restaurante Il Cielo

Atentas, diligentes y disciplinadas, esta congregación de monjas no dejó nada al descuido. Todo estaba planificado para que el trabajo saliera lo más cercano a la perfección. Lo lograron, especialmente en la cocina y el servicio de las comidas.

En aquella ocasión, la mesa del comedor de la Nunciatura, cubierta con mantel blanco de hilo y servilletas a juego, estaba dispuesta con 13 puestos, quizás para rememorar la última cena de Jesucristo y sus 12 apóstoles.

Obviamente la cabecera la ocupaba el Papa y en los 12 asientos restantes estaban los cardenales, el Nuncio Apostólico, el Secretario Privado, sin ningún protocolo especial, a excepción de una oración previa.

La indicación fue: “Su Santidad no espera a nadie para comer”. Una vez finalizada la comida se retiraba.

La mesa está servida

La primera comida del día fue bastante frugal ya que sirvieron frutas criollas muy frescas, troceadas y dispuestas en platos individuales donde destacaban lechosa, cambur, piña, mandarinas, mango y fresas de la Colonia Tovar.

A continuación, una selección de tartaletas, también de frutas frescas. Té especial para el Papa, preparado por las hermanas de la Nunciatura, café, jugos e infusiones para el séquito eclesiástico.

Seguidamente el Sumo Pontífice viajó a Guanare, estado Portuguesa, para bendecir e inaugurar oficialmente el Santuario Votivo Nacional Nuestra Señora de Coromoto, en el lugar de aparición de la Virgen Santísima al cacique Coromoto de la tribu Los Cospes.

Programa de la visita del Papa Juan Pablo II a Venezuela 9 al 11 de febrero de 1996. Colección Alberto Veloz

A su regreso, los chefs Marc Fritz y Mario Bufalari, bajo la dirección personal de Renato Fragata, quien metió la mano directamente para elaborar alguno que otro plato, tenían preparado el almuerzo que consistió en una humeante Stracciatella alla romana que consiste en un sustancioso consomé de gallina con queso parmesano rallado, huevo batido, hojas de perejil y un toque de nuez moscada para aromatizar.

La pasta no podía faltar y en aquella ocasión les fue servido Fettuccine al filetto di pomodoro e basilico, cintas de pasta elaboradas a mano y condimentadas con salsa de tomates naturales aromatizada con hojas de albahaca frescas.

Como plato principal Pesce al sale. El más fresco conseguido para ese día fue un hermoso pargo ojo amarillo de la cercana costa de Vargas, preparado con la técnica de cobertura de sal y cocinado al horno, acompañado con papas aromatizadas al romero.

La sección dulce tuvo dos tiempos: Sfogliatina di fragole, delicadas tejas de almendras, acompañadas de crema chantilly y fresas naturales. Seguidamente Mousse di cioccolato.

Después del almuerzo, el Secretario Privado del Papa, Monseñor Stanislaw Dziwisz, indicó que el Santo Padre quería saludar al personal, lo que constituyó un recuerdo inolvidable y un inmenso honor para Renato Fragata y sus asistentes. Previamente había preguntado por los nombres de los encargados de la comida.

“Su presencia emanaba mística y santidad. Cuando me acerqué y conversamos brevemente en italiano, me preguntó por qué estaba en Venezuela y en qué región de Italia había nacido. Le contesté que en Sicilia. Me respondió que para ser siciliano era muy alto, me dijo: sei un normanno (eres un normando) refiriéndose a mis características físicas. También me sentí inmensamente honrado cuando el Papa Juan Pablo II me invitó a visitarlo cuando estuviera por Roma”.

Santo Papa Juan Pablo II

Su Santidad Juan Pablo II

“Posteriormente se acercó Mario Bufalari -continúa Fragata- quien tenía un libro en sus manos que deseaba enviárselo como sorpresa a una tía en Italia, monja en la región de Le Marche. Inmediatamente le indicaron que el Papa no firmaba ningún papel o documento. Haciendo caso omiso a esa premisa, Su Santidad amablemente le firmó el libro. Luego se acercó a Marc Fritz, lo saludó recordando su nombre, Marc es haitiano y de religión protestante, ese gesto de conocer su nombre lo emocionó mucho y se le salieron las lágrimas. Fue un momento muy emotivo para todos”.

Elogio a los cocineros

La otra cena estuvo signada por dos situaciones, entre la angustia de los tiempos de cocción del soufflé y los elogios de Karol Józef Wojtyla, elevado al Santoral Católico para convertirse en San Juan Pablo II.

santo papa Juan Pablo II

Siguiendo instrucciones precisas del Vaticano y por recomendaciones alimenticias, esta comida fue bastante ligera ya que consistió en Bigné ripieno di salmone, masa tipo choux rellena de salmón.

Como plato principal Cernia alle fine erbe al vapore. En esta ocasión el pescado más fresco fue un mero a las finas hierbas cocinado al vapor.

Lo que coronó la noche y motivo de encomio por parte del Papa fue el Soufflé di cioccolato e arancia, soufflé de chocolate y naranja.

Antes de servirlo, Renato Fragata preguntó al asistente privado si el Sumo Pontífice podía esperar porque el soufflé es un postre que requiere ser cocinado al momento.

Fragata recuerda con cierta angustia aquellos minutos que parecieron eternos: “Su secretario me miró y amablemente me dijo: “ … el Papa no espera!¨, pero igual se acercó a Su Santidad y le comentó, a lo que este le respondió que esperaría al saber que se trataba de chocolate. Todos comprendimos en ese momento cuánto le gustaba”.

Una vez finalizada la cena, el personal permanecía en la cocina y desde el comedor, que está a poca distancia, el Papa dijo en voz alta: “¡Renato, bravo, dieci punti!”.

Fragata recuerda con emoción esos momentos: “Su secretario entró a la cocina y me comentó que nos quería saludar esa noche. Me indicó que el encuentro seria de forma casual, mientras el Papa se desplazara hacia el ascensor que lo llevaría a su habitación. Así lo hicimos. Me acerqué, lo saludé en italiano e igualmente hicieron mis colaboradores, los cocineros Marc Fritz y Mario Bufalari. El Papa los saludó y nos agradeció”.

Moneda conmemorativa de la visita del Papa Juan Pablo II a Venezuela

En 1996, durante tres días, Caracas fue escenario por segunda vez de la visita de un santo que fue elevado a los altares en muy corto tiempo. Lo que nunca sabremos cuánto tiempo tendrá que transcurrir para que otro santo nos visite, o al menos otro Papa.

Como homenaje a San Juan Pablo II ofrecemos El Peregrino cantada en vivo, en la misa papal, por Adrián Guacarán con motivo de la primera visita a Venezuela en enero de 1985.