Una prueba más para la Vinotinto y los expertos

La ausencia de Juan Pablo Añor y Alejandro Guerra de cara a los duelos ante Bolivia y Ecuador constituye, además de un reto para Rafael Dudamel, una magnífica oportunidad para que los mal llamados analistas revisen su forma de comunicar el balompié.

Una prueba más para la Vinotinto y los expertos

El fútbol es una actividad colectiva dinámica; el fútbol es acción. Esta disciplina tiene tanto de físico como de emocional, y es este aspecto el que por complejo e imprevisible, es desechado por quienes asumen una posición de conocedores, casi de expertos. El pensamiento complejo nos enseña, entre otras cosas, a que es imposible identificar cuál componente de un sistema es más importante o influyente que otro, porque aislarlos, sacarlos de su contexto, los desnaturalizaría y haría imposible cualquier análisis. Entonces, asumiendo nuestra propia ignorancia, hay que convenir que lo físico, lo emocional, lo táctico, lo estratégico y lo técnico tienen el mismo una misma importancia en un sistema dinámico, es decir, en un equipo de fútbol.

Este punto explica como ningún otro aquello de que un equipo de fútbol es un ser vivo, y como tal debe adaptarse a situaciones típicas de cualquier organismo.

A partir de esto podemos empezar a identificar la frivolidad con que muchos encaran sus reflexiones acerca de este deporte. Cuando hacemos un recorrido por las estaciones radiales, los diarios, los programas especializados y transmisiones, nos encontraremos con expresiones que lejos de analizar y profundizar acerca del funcionamiento de un ente al que denominamos equipo; abundan los lugares comunes, apoyados en módulos tácticos que, aunque les cueste reconocer, poco y nada dicen sobre ese colectivo. Aquello de los 1-4-4-2, 1-4-3-3, etc., o expresiones como «se ve clara la línea de cuatro» no ayudan a la comprensión del juego sino al crecimiento del ego, demonio indomable y destructor, de quien pronuncia esas expresiones tan fatuas como innecesarias.

Lo expresado en estas líneas no es más que una invitación a reflexionar sobre el escenario Vinotinto en la próxima jornada de las Eliminatorias Sudamericanas. El presente criollo es cuando menos cautivador, claro está, si pensamos que los retos, personificados en esta ocasión en la ausencia de dos jugadores vitales como Guerra y Añor, son oportunidades para desarrollar respuestas que seguramente aportarán al crecimiento del equipo, pero también al de quienes se venden como conocedores de esta actividad.

Imaginemos que Dudamel, entre las diferentes opciones que maneja para enfrentar la baja de los jugadores antes mencionados, decida que Adalberto Peñaranda y Rómulo Otero salgan como titulares; mantenga la dupla Rondón-Martínez en el ataque, y estos sean acompañados por Dani Hernández, Roberto Rosales, Oswaldo Vizcarrondo, Wilker Ángel, Mikel Villanueva, Tomás Rincón y Arquímedes Figuera.

La primera conclusión sería que el seleccionador nacional, a pesar de las ausencias, mantiene firme un 1-4-4-2, sentencia que escucharemos y leeremos en todas y cada una de las plataformas en los próximos días.

Esa revisión, simplista y reduccionista, aleja al público de la comprensión de lo que realmente sucede en este deporte, porque no existe tal cosa como dos jugadores idénticos. Aún cuando se le asignen roles iguales, cada futbolista es un mundo de posibilidades y probabilidades, que se originan en su interacción con el resto de sus compañeros, con el contexto, con el rival, y de todos estos con él. Cada momento y cada situación es irrepetible, y al identificar la particularidad que se menciona, se acepta a la incertidumbre como protagonista principal de esta y todas las actividades humanas.

Otero, más allá de sus magníficas cualidades, entraría a cambiar ese organismo llamado equipo, que a la misma vez lo modificaría a él. Esto quiere decir que el futbolista depende de sus compañeros tanto como ellos de él, y su aparición en la dinámica colectiva producirá nuevas y distintas dinámicas, imposibles de prever hasta por los mismos protagonistas.

El ejemplo puede trasladarse a cualquier equipo. Es el caso de Colombia, que para esta ocasión contará con el retorno de Radamel Falcao García, o de Argentina, que ante Brasil contará con el regreso de Lionel Messi. En ambos ejemplos, la dinámica grupal será modificada, como también el futbolista como individuo será cambiado.

Hay que agregar además que, más allá del plan inicial, el futbolista no se posicionará en el campo exclusivamente según las instrucciones de su entrenador. La comprensión del juego, así como la naturaleza del mismo, puede llevar, por ejemplo, a que Otero deba, en algún momento del duelo contra Ecuador, alejarse de los delanteros para acercarse a Rosales, o a que Rondón baje para abrir un espacio que pueda ser aprovechado posteriormente por Peñaranda.

Todo esto no es más que la explicación de por qué el dispositivo táctico inicial es una  una simple referencia que sólo debe tenerse en cuenta antes del inicio del partido. Lo realmente trascendental pasa por identificar los roles de los futbolistas, las consecuencias de sus interacciones y las nuevas emergencias que nacen de la naturaleza dinámica de este deporte. Por ello afirmaba que ciertas expresiones del experto de turno no son sino galletas para su ego.

Cuando Argentina visitó Mérida tuve la oportunidad de preguntarle a Edgardo Bauza si entendía la ausencia de Messi como una oportunidad para desarrollar respuestas grupales a semejante baja. Su respuesta fue decepcionante, y es que el seleccionador argentino respondió que al mejor jugador del mundo no se le puede sustituir, demostrando un alarmante desprecio el análisis propio de su labor. En el caso venezolano no nos queda sino desear que Dudamel, ante el panorama que ya todos conocemos, demuestre una mayor flexibilidad para comprender las pruebas que el juego pone.

Aún cuando los expertos se esfuercen en decir lo contrario, nadie puede hacer de nadie que no sea su propio ser. La grandeza de este juego reside en que con cada puesta en escena se presentan miles de situaciones distintas a lo planificado, que demandarán respuestas y reacciones imprevistas y novedosas. No en vano, a pesar de ciertos hilos comunicantes, el pasado, por más reciente que sea, poco tiene que ver con el presente. Y en el fútbol, a pesar de estar todo inventado, los futbolistas, protagonistas y creadores, nos recuerdan que nada será igual a lo anterior, mucho menos parecido a lo que queremos que sea.

En días en que los lugares comunes y las medias mentiras invadirán los medios, preguntémonos si lo que vemos es lo que nos dicen o si en el fútbol pasan muchas más cosas de las que algunos, con su interesada visión, nos quieren hacer creer.

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