Una señorita tuberculosa en el Panteón

De este claro indicador de la miseria, como es la tuberculosis, y su duplicación en el último año no se hicieron eco los “medios de comunicación” del Gobierno | por Milagros Socorro

El mismo día, 7 de noviembre, aparecen dos notas en los periódicos que aún quedan en Venezuela, así como en medios digitales.

La primera hacía referencia al recién aparecido informe global de tuberculosis de la OMS (Organización Mundial de la Salud), según el cual en 2019 el país registra una tasa de 47,80 enfermos por cada 100.000 habitantes. Y dado que, según la misma fuente, en 2015 habíamos presentado 28 aquejados del antiguo mal por cada cien mil habitantes, resulta que la ominosa tasa se ha duplicado. Más que duplicado.

Tales números, advirtió el médico infectólogo Julio Castro, “pueden ser catalogados de epidémicos”; y añadió que esas cuentas derivan de información suministrada por el INE, que no toma en cuenta la migración, tragedia inexistente para el régimen. “Por lo tanto, los cálculos de los últimos dos años pueden tener incrementos de 3-8 puntos en la tasa”.

El informe especifica que los más afectados son hombres jóvenes, en especial los presos, más vulnerables por el hacinamiento y, en general, las condiciones violatorias de derechos humanos de la reclusión en Venezuela. Lo más terrible es que, al aludir a estas cifras, los expertos y observan con desolación que, ante el deterioro del sistema de salud en Venezuela, la falta de alimentos y medicinas, el permanente estrés a que está sometida la población y el colapso de los servicios públicos, en dos años la tasa puede aumentar a 74,21 por cada 100.000 habitantes.

—La tuberculosis, -escribió Meridith Kohut para The New York Times, en marzo de 2018- una enfermedad que hasta hace poco parecía estar bajo control en Venezuela, está resurgiendo de manera agresiva, en momentos en que el descompuesto sistema de salud no está preparado para esa contingencia, según médicos y especialistas en enfermedades infecciosas. (…) El programa de prevención y control de la tuberculosis del gobierno de Venezuela alguna vez fue de los más sólidos en el hemisferio y la nación tenía una de las tasas más bajas de infección en Latinoamérica.

De este claro indicador de la miseria, como es la tuberculosis, y su duplicación en el último año no se hicieron eco los “medios de comunicación” del Gobierno, que constituyen una gran mayoría en el espectro informativo nacional. La epidemia y la incapacidad del Estado -para no decir desinterés- de hacerle frente no fue televisada. En cambio, los portales y la miríada de cuentas oficialistas en redes sociales publicaron notas sobre el 30 aniversario del traslado de los restos de Teresa de la Parra al Panteón Nacional, donde reposan desde el 7 de noviembre de 1989. Este es el segundo hecho anunciado en la primera línea.

Hay contenido alusivo al hospedaje de los restos de la autora de Ifigenia en el Panteón en las cuentas en Twitter de la zona operativa de defensa integral n° 31 Apure; de la vicepresidencia de las mujeres del PSUV; del destacamento Nro. 815, Anaco, “Faja Petrolífera del Orinoco Hugo Rafael Chávez Frías”; del CZE81 Faja Petrolifera del Orinoco H.R.C.F. D-812 Morichal, Protectores del sur del Estado Monagas; del área de defensa integral 434 Zamora (Guarenas-Guatire-Bolívar) edo. Miranda… y así muchas más. La mayoría de los acentos en estos nombres son, por cierto, cortesía de esta humilde cronista. Los community managers deben considerarlos mañas burquesas, tics de apátridas.

Ninguno especifica la tuberculosis que llevó a la tumba a la señorita que escribía porque se fastidiaba en la actualidad hace macuare en Venezuela. Tampoco hacen referencia al hecho de que la mudanza del cementerio de Almudena, en Madrid, primera morada de Teresa en la muerte, tuvo lugar en 1947, once años después del deceso; y que estaría en la cripta familiar Parra Sanojo hasta 1987, cuando, en ocasión del centenario de su nacimiento, la democracia de Venezuela la escoltó hasta el Panteón. Y ninguno alude a la obra de la trasladada. Dicen que fue escritora, pero no dedican ni una letra a las de la inquilina de Altagracia, vecinita de Bolívar.

Nos quedamos, pues, con las ganas de leer las observaciones literarias de los tuiteros de la Aduana Principal el Amparo de Apure adscrito al @SENIAT_Oficial, o de de la División de Medios de la Milicia Bolivariana del estado Falcón. Qué dirá el alcalde @willy_casanova, autor de la “cuenta oficial de la Alcaldía Bolivariana de Maracaibo”, sobre Memorias de Mamá Blanca.

Habrán advertido, quienes llevan la cuenta del Servicio Nacional de Contrataciones de la República Bolivariana de Venezuela, la manera en que, antes de recalar en el frío monumento, Teresa de la Parra encontró la manera de representar el agobio de las dictaduras en la vida cotidiana de la gente.

Qué interpretación harán los encargados de @mspenitenciario (Ministerio del Poder Popular para el Servicio Penitenciario) del expolio que hace el tío Eduardo de la finca que le pertenecía a María Eugenia por herencia paterna.

Ni una palabra sobre la obra de Teresa de la Parra, sus aportes a la literatura venezolana. Eso no cuenta para, por ejemplo, Escuadrón de policía aérea de base Aragua, ni para INCESPortuguesa, mucho menos para VTCCanal 8. Ninguno se detiene a preguntarse por qué, de los 46 años de vida de la del Panteón, solo 15 transcurrieron en Venezuela. ¿Tendría alguna significación la circunstancia de que, mientras ella fue adulta y pudo decidir su residencia, el país estaba oprimido por una tiranía feroz?

Basta ya de preguntas inútiles. El chavismo usa la historia de Venezuela como un archivo mustio de anécdotas, de donde cada cierto tiempo espiga hechos aislados para eviscerarlos y, una vez despanzurrados, manipularlos y despojarlos de todo valor y significado.

Los 30 años de Teresa de la Parra en el Panteón tendrían sentido si se hubiera hecho una reedición de su obra; si las universidades tuvieran energía para celebrar seminarios de investigación de su obra; si los venezolanos pudieran leer a su escritora y encontrar en ella un espejo de su alma… En vez de eso, el aniversario de la reinstalación de Teresa en tumba de mármol coincide con la divulgación de los datos que muestran a Venezuela como un erial mefítico y a los venezolanos como víctimas indefensas de una epidemia que ataca con la garra de la tiranía.