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Valle de los Caídos: el más polémico de los monumentos españoles

Han pasado casi 45 años de la muerte del general Francisco Franco, pero la Guerra Civil (1936-1939), la dictadura que impuso (1939-1975) y la pervivencia de los símbolos ideológicos de su régimen, sobre todo el polémico Valle de los Caídos, siguen sacudiendo a la sociedad y la política españolas.

Valle de los Caídos: el más polémico de los monumentos españoles

Los debates, muchas veces apasionados, se repiten periódicamente sobre el sentido y futuro del monumento, exaltado aún por los nostálgicos del franquismo, pero despreciado profundamente por los que padecieron la dictadura.

Miles de víctimas de ambos bandos de la contienda y el mismo Franco, que murió en 1975, tienen sepultura en el Valle, un gran complejo monumental construido por presos, con una cruz de 150 metros de altura, y que está rodeado aún de algunas incógnitas. El dictador mandó crearlo en un paraje boscoso de la Sierra de Guadarrama, 50 kilómetros al noroeste de Madrid.

El Tribunal Supremo español decidirá este martes sobre la posible exhumación del dictador y su traslado a un cementerio de Madrid.

Varios generales, entre ellos Franco, se rebelaron contra el Gobierno de la II República el 18 de julio de 1936. Así comenzó un conflicto armado de casi tres años, que ganaron los sublevados y dejó cientos de miles de muertos y heridos de ambos bandos y otros cientos de millares de exiliados y represaliados republicanos.

Y Franco, jefe del Estado, dispuso el 1 de abril de 1940 -justo un año después de terminar la guerra- la construcción de una basílica y un monasterio (posteriormente abadía benedictina) para «perpetuar la memoria de los caídos en nuestra (sic) Gloriosa Cruzada» -contra el marxismo y el ateísmo- y honrar a sus «héroes y mártires», es decir, los vencedores.

Sin embargo, en enero o febrero de 1939, antes de terminar la guerra, el servicio franquista de propaganda ya manejaba un proyecto conmemorativo de este tipo, explica Gutmaro Gómez Bravo, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid.

Pero su fin era, en el fondo, perpetuar la memoria de Franco y su régimen. «Está construido realmente con ese sentido -confirma el especialista universitario-, todo el diseño representa el poder, la mejor representación del franquismo, del nacionalcatolicismo y su vinculación entre religión, política y su propia visión de la historia» y del pasado imperio español.

Ni su grandiosidad ni su ubicación fueron caprichosas. Está a pocos kilómetros del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, construido en el siglo XVI, declarado Patrimonio de la Humanidad y donde tienen sepultura los reyes de España, recuerda Gómez Bravo.

Tardó 18 años en levantarse y Franco lo inauguró el 1 de abril de 1959. Sin embargo, finalmente también fueron enterrados allí miles de republicanos, los perdedores.

Son los restos registrados de 33.833 personas de ambos bandos (12.410 de ellas, desconocidas), depositados en columbarios individuales y colectivos después de ser trasladados desde «fosas y cementerios» de casi todas las provincias de España entre 1959 y 1983, ya en plena democracia, según informa la web del Gobierno español sobre memoria histórica.

Gómez Bravo, investigador de la Guerra Civil y del franquismo, reconoce que es todavía un enigma por qué se ordenó que también los restos de republicanos fueran llevados al lugar.

Una hipótesis, explica, sería la de querer transmitir una idea de «reconciliación» al cumplirse «25 años de paz» con Franco después de la guerra, así que «había que integrar a los vencidos».

Pero los traslados se hicieron sin pedir el consentimiento de los familiares, tampoco de las víctimas del bando vencedor, apunta.

El proyecto y las obras

En tono trascendente, el decreto franquista de construcción se refiere a la basílica como el «templo grandioso de nuestros muertos». Una cruz gigantesca de 150 metros de altura y esculturas colosales de los cuatro evangelistas coronan la roca donde está excavada, de 262 metros de largo.

La compra de terrenos y la construcción serían con parte de «la suscripción nacional» abierta durante la guerra, es decir, con la «aportación voluntaria» de los españoles.

Pero de acuerdo con Gómez Bravo, no está claro cuánto costó realmente porque falta documentación o, principalmente, porque «no está accesible» para la investigación.

Según la web oficial de memoria histórica, el Valle fue construido por «miles de represaliados políticos» -junto a personal técnico- sometidos a «duras condiciones de trabajo».

El profesor universitario apunta que más de 33.000 personas trabajaron en algún momento en el lugar; la mayoría eran prisioneros de la Guerra Civil; había un contingente «importante» de presos políticos, que así reducían condena, y empleados libres contratados por las empresas.

Los obreros presos residían en lo que hoy llamaríamos «infraviviendas», en condiciones insalubres y con dieta baja de calorías, añade.

Franco en el Valle

La sepultura de Franco está a los pies del altar mayor del templo y también la del fundador del partido fascista Falange Española, José Antonio Primo de Rivera, fusilado por los republicanos en noviembre de 1936.

¿Y por qué Franco fue enterrado allí, si él no fue víctima de la contienda? Al parecer, nunca dijo que lo quisiera así o, al menos, no consta ningún documento que lo atestigüe.

Pero el programa político de la dictadura, que ensalza su figura como «caudillo de España», enterrarse junto a Primo de Rivera y la simbología del monumento son señales de cómo quería «pasar a la Historia», explica Gómez Bravo.

Según otras teorías, sería enterrado junto a su esposa, Carmen Polo, en un panteón a las afueras de Madrid. Pero el presidente del Gobierno español en 1975, Carlos Arias Navarro, decidió que fuera llevado al Valle y el rey Juan Carlos, entonces Príncipe de España, debería dar el «consentimiento» o al menos «conocerlo», pues sería el siguiente jefe del Estado, según este especialista.

Hoy la legislación española prohíbe los actos políticos o de exaltación franquista en el monumento, donde subsisten símbolos como escudos del régimen franquista labrados en piedra.

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