Vecinos de La Vega piden ayuda a la Cruz Roja para acabar con la violencia

Habitantes de la comunidad entregaron un documento en la sede de la Cruz Roja ubicada en la parroquia La Candelaria, en el que informan sobre la grave situación en la que viven como consecuencia de los enfrentamientos entre grupos hamponiles y los cuerpos de seguridad. Aseguran que han muerto 10 personas inocentes en lo que va de año

Vecinos de La Vega piden ayuda a la Cruz Roja para acabar con la violencia

Yuraima Díaz, era enfermera y madre de dos hijos. El pasado 14 de junio perdió la vida al ser alcanzada por una bala perdida, proveniente de uno de los tiroteos que ya son habituales en la zona de La Vega, en Caracas.

Los testigos señalan que el proyectil hirió de muerte a la enfermera cuando se encontraba en una cola para poner gasolina a su carro, en una estación de servicio en la redoma de La India.

Yuraima Díaz, cursó sus estudios de bachillerato en el liceo Andrés Eloy Blanco, ubicado en Catia, en donde contaba con un grupo de amigos que siguieron unidos con el paso de los años.

Joel Flores era uno de esos amigos con quienes Yuraima mantenía el contacto por el grupo de whatsapp que habían conformado los antiguos liceístas. Dice que en sus últimas conversaciones Yuraima le había confesado su miedo por lo que estaba pasando en La Vega, los continuos tiroteos, las ráfagas de disparos que se escuchan a cualquier hora del día o de la noche, el temor de estar en la calle y que comenzara un enfrentamiento.

Explica Joel Flores, quien vive fuera del país hace varios años, que su amiga lo mantenía informado de los problemas en Venezuela y que ella sufría en carne propia, pero no imaginó que su compañera de bachillerato sería una de esas víctimas de las bandas hamponiles que operan en Caracas.

Morir en casa

Vivir en la parroquia La Vega se ha convertido en una situación de alto riesgo. La gente se mantiene encerrada en sus casas, hay toque de queda las 24 horas del día, los comerciantes tienen temor de abrir sus negocios y el transporte público ha dejado de funcionar.

“En La Vega los vecinos no tenemos vida. Hemos tenido que cambiar nuestra forma de vivir, no nos asomamos por las ventanas, cuando comienzan los tiroteos nos resguardamos en los baños y no salimos, nuestros apartamentos se han convertido en nuestras cárceles”, dijo un vecino que prefirió mantener su identidad resguardada.

Otro de los residentes de la zona, que se dedicaba a la venta de café y empanadas, dijo que ya dejó de trabajar pues no se puede andar en las calles ya que no saben a qué hora puede comenzar un nuevo tiroteo.

“Aquí o nos mata el covid-19, o nos mata el hambre o nos matan en los tiroteos entre policías y malandros. Aquí no estamos seguros ni en la calle, ni en nuestras casas. Ya hay casos de vecinos que han perdido la vida estando dentro de sus hogares. Por mantener protegido a sus hijos hay padres que se han ido del barrio, se han mudado a otros sectores, hay un desplazamiento importantes de personas por los hechos de violencia”, dijo otro de los residentes.

La Vega

(Cortesía)

Diego Alejandro Rivas tenía 16 años de edad, el pasado 24 de mayo se encontraba dentro de su casa durmiendo cuando fue alcanzado en la cabeza por una bala, mientras ocurría un enfrentamiento en la calle Andrés Eloy Blanco y San Rafael, en el sector La Capilla de La Vega.

Con la urgencia del caso, el joven herido fue trasladado hasta el hospital Pérez Carreño, donde permaneció cuatro días hospitalizado, pero al final no resistió la intervención a la que fue sometido y falleció.

Van 10 muertos

Ante la grave situación que se presenta en la parroquia La Vega, un grupo de vecinos decidaió solicitar a las autoridades de la Cruz Roja Internacional su intervención para acabar con la violencia en la zona en la que -aseguran- 10 personas inocentes han perdido la vida en lo que va de este año.

El profesor Andrés Bello encabezaba el grupo de vecinos, no solo habitantes de La Vega, también de El Paraíso y Antímano.

“En La Vega se ha declarado una guerra entre las bandas delictivas y los funcionarios del Estado, en cuyo conflicto los que están pagando son los vecinos. Podemos señalar que por lo menos 10 personas han fallecido al recibir disparos producto del fuego cruzado que se puede producir en cualquier momento, que genera una situación de riesgo tanto si te sorprende en la calle caminando o dentro de tu casa, como así le sucedió a mi amiga Violeta Orellana”, explicó Bello.

Recordó que la señora Violeta Orellana, de 64 años de edad, el pasado 24 de mayo se encontraba en su vivienda, ubicada en la calle El Rosario, cuando comenzó un tiroteo cerca de allí y una bala la hirió en el abdomen. Orellana estaba sola, su hijo intentó comunicarse con ella, pero nunca contestó las llamadas y al trasladarse a la vivienda la halló sin signos vitales.

“Hasta ahora no se ha determinado si la bala que acabó con la vida de nuestra vecina Violeta Orellana fue disparada por las bandas delictivas o por los organismos de seguridad del Estado, pero lo que sí sabemos es que no queremos seguir viviendo en esta situación, por lo cual acudimos ante las autoridades de la Cruz Roja Internacional para pedir su intervención y acabar con la situación de violencia en que vivimos”, señaló el profesor Andrés Bello.

Indicaron los vecinos que, lamentablemente, los operativos policiales no han logrado su objetivo de devolver la tranquilidad en la zona: “al contrario, las intervenciones policiales nos traen más zozobra y miedo pues comienzan los tiroteos, siempre con el miedo que algún inocente pierda la vida”, dijo otro de los denunciantes.

Señalaron los vecinos que no dejan de asombrarse por las armas que tienen los delincuentes, pues son de primer nivel, muy sofisticadas.

Explicaron que muchos padres han decidido mandar a los niños a vivir en casas de familiares y amigos, por la situación de violencia desatada. “Los niños y ancianos, se encuentran muy afectados por la situación de violencia, los que han podido se han mudado, pero la gran mayoría de los vecinos permanece en la comunidad, donde se ha decretado un toque de queda las 24 horas del día, en donde se sale de ser estrictamente necesario. Cuando comienzan los tiroteos, nadie entre, nadie sale y La Vega se convierte en una zona de guerra”, dijo otro de los denunciantes.