Venezuela 4-1 Bolivia: el estreno soñado, sin mácula

Carlos Domingues analiza la inobjetable victoria de la Vinotinto: "En Barinas, todo lo que se esperaba que pasara, pasó: cambio de actitud, compromiso, unión, ganas, seriedad. Todo bajo lo más importante: concentración"

Venezuela 4-1 Bolivia: el estreno soñado, sin mácula

Para que la ilusión del nombramiento de José Pékerman como seleccionador fuera completa, faltaba en el campo se mostrara el cambio positivo que se necesita. En este comienzo, así fue. Nada salió mal en la fiesta del debut.

No se puede decir que es muy temprano para ilusionarse porque desde que la Federación Venezolana de Fútbol (FVF) apostó por el argentino, esa sensación o sentimiento, como se quiera calificar, ya estaba calado en el país futbolero. Y en Barinas, todo lo que se esperaba que pasara, pasó: cambio de actitud, compromiso, unión, ganas, seriedad. Todo bajo lo más importante: concentración.

En conferencia de prensa el día previo al partido, Pékerman destacó el talento individual y las capacidades del futbolista venezolano, pero advirtió que era necesario que cambiara de actitud. Que fuera capaz de desarrollar eso que envidiamos de los futbolistas del resto de Suramérica que es la sangre competitiva, la concentración, la actitud en cada partido.

Ante Bolivia, ya se apreció esa idea. No vengo a decir que ya ese cambio se hizo porque será el proceso y el trabajo desde la formación de los más jóvenes, que esto podrá darse en un futuro, pero al menos contra los de César Farías ya hubo algo de eso: todos aportando al colectivo, haciendo el trabajo exigido.

El abrazo de Josef Martínez con Salomón Rondón es una muestra de que todo se reseteó. Un tipo de la alcurnia de Pékerman era el único que podía limpiar la casa y reiniciar las cosas. Así Soteldo y Salomón fueron convocados otra vez, fueron titulares y respondieron a la exigencia. Dos ausentes recientes que tanta falta hacen en la Selección, estuvieron y fueron protagonistas. Saben quién es Pékerman y éste sabe a quiénes dirige. Esto es vital.

En lo futbolístico, Venezuela poco varió en cuanto a los últimos tiempos. Me atrevo a asegurar que solo la presencia de un enganche (Rómulo Otero), algo que se cantaba por los gustos del nuevo seleccionador, fue el único cambio en la figura táctica. De resto: mismos protagonistas, diferente actitud.

Me gustó la responsabilidad que en el equipo van a tener los laterales: Ronald Hernández y Oscar González hicieron un partidazo contra un equipo que usó dos carrileros. Eso hay que destacarlo. Además, se comprobó que no hay que mirar para otra parte: esos son los laterales.

Ver a Soteldo, Machís, Otero batiéndose en dura pugna en zonas defensivas habla de la responsabilidad que tienen que asumir todos en cualquier faceta de juego. Sin desatenciones, sin riesgos innecesarios. Todos saben que no hay espacio para un fallo porque están bajo la mirada del extranjero que mejor conoce nuestro fútbol. Había que estar a la altura del respetado entrenador y todos lo estuvieron.

Los lances iniciales de pelotas bombeadas al área para Rondón fueron dando paso a la creación. Pékerman sabe que hay suficiente buen pie para ser peligrosos por abajo y por el medio y así fue. Venezuela mostró múltiples alternativas para ser peligrosa y lo logró. Sí, es Bolivia el rival, pero si se es superior hay que hacer bien el trabajo, aplastar al rival, demostrar la superioridad. Eso hizo Venezuela en Barinas.

Y como un colofón que el resultado permitió, Pékerman nos dijo a todos que la savia nueva tendrá presencia desde ya mandando a los imberbes Telasco Segovia y Yerson Chacón al campo. Debutaron en la Selección los dos mejores futbolistas del campeonato pasado, lo que indica que al argentino no le tiembla los prejuicios de voltear a ver a casa para sacar provecho.

Ahora viene Uruguay en Montevideo. La exigencia obviamente será mayor, pero la declaración de intenciones dejó tan buen sabor que miedos no hay para el choque ante la Celeste sino la expectativa de ver de qué será capaz la Venezuela de Pékerman.

Disfrute. Usted también merece una alegría.

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