Venezuela tiene 35% de casos de malaria en América y hace muy poco al respecto

Un reciente informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que había pasado bajo la mesa, revela que Venezuela es el país americano con menos avances en la lucha contra la malaria o paludismo, una enfermedad ya endémica que amenaza a 14 millones de habitantes, la mitad de la población.

Venezuela tiene 35% de casos de malaria en América y hace muy poco al respecto

Venezuela sigue siendo el país americano con mayor incidencia de malaria o paludismo, y marcha a contracorriente del resto del mundo en los esfuerzos por acorralar esta enfermedad infecciosa potencialmente mortal y con enormes costos para la sociedad.

Según el más reciente informe de la Organización Mundial de la Salud “Reporte Mundial de Malaria”, Venezuela es uno de los pocos países del mundo donde la epidemia de esta enfermedad se mantiene firme y sin señales de reducción por causas atribuibles a políticas públicas.

En la llamada “Región de las Américas” en la clasificación de la OMS, los casos totales sumados se redujeron en un 58% (al caer desde 1.5 millones a 650.000)  y la incidencia de casos en un 67% (de 14 a 5 por cada mil habitantes) entre los años 2000 y el 2020.

“El progreso de la región en los últimos años se ha visto afectado por el importante aumento de la malaria en Venezuela, la cual tuvo cerca de 35. 500 casos en el 2000, llegando a más de 467.000 casos en 2019”.

La OMS difundió este informe en diciembre pasado, con resultados mundiales de un año antes. Pero los datos pasaron desapercibidos en Venezuela, un país donde hay poca comunicación entre regiones y donde las autoridades sanitarias a cargo del gobierno no suelen abordar estos temas.

El régimen chavista suele ocultar los datos de enfermedades endémicas y epidémicas, así como las causas de muertes por  enfermedades tratables, porque su aumento es mala prensa e ilustra el fracaso de la llamada revolución bolivariana.

Problema de salud pública

No obstante, en 2020 en Venezuela los casos se redujeron en más de la mitad en comparación con 2019, hasta 232.000.

Pero esto se debió «a las restricciones de movimiento durante la pandemia de COVID-19 y a la escasez de combustible, lo que afectó a la industria minera, que es el principal contribuyente al aumento reciente de malaria en el país”, explica el documento.

Las restricciones de movimiento también pudieron haber afectado el acceso a la atención y, por lo tanto, la detección de casos, agrega.

En América, Venezuela, Brasil y Colombia responden por el 77% de todos los casos en la región.

Dentro de ese 77% está Venezuela con 35%, el ocho veces más poblado Brasil tiene 26% de todos los casos y Colombia, con casi el doble de la población y una geografía similar a la venezolana reportó el 16%.

En total, la región registró 602.476 casos, con 108 muertes, lo que supuso un descenso en estos indicadores de 11% y 43% comparado con el año 2010.

Las tres cuartas partes de los casos se debieron al parásito P Vivax, transmisor de la forma más leve de la malaria.

Un enemigo de cuidado

La literatura médica explica que el paludismo o malaria es una enfermedad febril aguda provocada por parásitos del género Plasmodium que se propaga a las personas a través de la picadura de mosquitos del género Anopheles hembra infectados.

«Hay cinco especies de parásitos causantes del paludismo en el ser humano, siendo dos de ellas –P. falciparum y P. vivax– las más peligrosas. P. falciparum es el parásito del paludismo más letal y el más prevalente en el continente africano. P. vivax es el parásito dominante en la mayoría de países fuera del África subsahariana», explica la OMS.

Cerca del 25% de los casos reportados en Venezuela son causados por el P. falciparum.

En el informe se detecta que los financiamientos propios del Estado venezolano para luchar contra esta epidemia son cero. Lo que hay es un pequeño aporte de donantes  internacionales.

Así, Venezuela aparece en el penúltimo lugar, seguida de Guayana Francesa, en aporte de fondos propios por cada persona en riesgo de contagio entre 2018 y 2020.

La mayoría de las políticas de salud pública contra los zancudos o mosquitos vectores del paludismo en Venezuela «no existen», están descontinuadas o existen y se supone que deben comenzar a implementarse este año.

Estrategias ya probadas

La forma más común de atacar la enfermedad incluye el uso de insecticidas dentro de las viviendas para matar su vector, el anopheles. También hay en el mundo programas de distribución de medicamentos preventivos para embarazadas en riesgo de contraer la enfermedad.

Organizaciones como Médicos Sin Fronteras mantienen proyectos estables en la lucha contra el paludismo o malaria en Venezuela.

Son 14,2 millones de personas, poco más de la mitad de la población actual del país (calculada por la ONU en 28,435 millones de personas tras la diáspora) las que están expuestas a contraer la enfermedad y entrar en sus estadísticas de incidencia y mortalidad.

De ese total, casi seis millones están en «riesgo alto».

Solo aportes de donantes

En el año 2000, cuando hubo 31.000 casos, eran 12 millones de personas que estaba en riesgo.

El estancamiento en la lucha contra la enfermedad contrasta con el hecho de que según el informe Venezuela es el país americano que más ha recibido donaciones internacionales para luchar contra esta epidemia. Hay un aporte de 12 millones de dólares anuales, similar al lo que que recibieron algunos países africanos y de Asia.

Este aporte está documentado por The Global Funds, una plataforma mundial de donantes que reúne a gobiernos, empresas privadas, sociedad civil y agencias técnicas especializadas, para luchar contra la malaria, el VIH y la tuberculosis.

Según las estimaciones de este último Informe Mundial sobre el paludismo de la OMS, en 2020 hubo en todo el mundo 241 millones de casos de paludismo y 627.000 muertes causadas por esta enfermedad, lo que supone un aumento de unos 14 millones de casos y 69.000 muertes en relación con las cifras de 2019.

«Aproximadamente dos tercios de estas muertes adicionales (47.000) tienen que ver con interrupciones de los servicios de prevención, diagnóstico y tratamiento del paludismo durante la pandemia», explica la OMS.

Síntomas

Los primeros síntomas (fiebre, cefalea y escalofríos) suelen aparecer a los 10-15 días de la picadura del mosquito infectante y pueden ser leves y por lo tanto difíciles de reconocer como propios del paludismo.

Si no se trata, el paludismo por P. falciparum puede degenerar hasta manifestarse de forma grave y producir la muerte en un período de 24 horas.

En 2019, casi la mitad de la población mundial corría el riesgo de padecer paludismo.

«Algunos grupos de población corren un riesgo considerablemente más elevado que otros de contraer la enfermedad y presentar manifestaciones graves: los lactantes, los niños menores de 5 años, las embarazadas y los pacientes con VIH/Sida. También, las personas con una baja inmunidad que se desplazan a zonas con una intensa transmisión malárica, como trabajadores migrantes, viajeros y grupos de población itinerante», explican documentos de la OMS. OL