Venezuela

Pañuelos para el dolor de patria

En 1991 hubo un seminario en Cartagena, Colombia, al que asistieron empresarios y políticos de toda Iberoamérica. Una de las ponencias que reclutó más gente fue la denominada “¿Cuándo se jodió Colombia?”, dictada por el colombiano Plinio Apuleyo Mendoza. En aquellos momentos nadie pensó que a pesar de los problemas que confrontaba Venezuela, se jodería como se jodieron otros países de la región.

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Fotografía: Cristian Hernández Fortune

Pero como somos un país de superlativos, cuando nos tocó jodernos nos jodimos por todo el cañón. Al año siguiente, Hugo Chávez apareció en el panorama con sus fallidos golpes de estado. Ése sólo fue el comienzo.

Hace tres días leí un informe que me sacó lágrimas de dolor, de impotencia, pero sobre todo, de rabia. Fue publicado por una de las mejores escuelas de negocio del mundo, Wharton School of Business de la Universidad de Pennsylvania y publicado en el portal web http://knowledge.wharton.upenn.edu/article/how-venezuela-fell-apart/?utm_source=kw_newsletter&utm_medium=email&utm_campaign=2016-07-12.

El artículo comienza hablando de la Venezuela de principios de los años 50, cuando la economía mundial estaba luchando para recuperarse de la Segunda Guerra Mundial. Venezuela era el cuarto más rico de todos los países del mundo, con un PIB per cápita de $ 7.424 sólo superado por los Estados Unidos, Suiza y Nueva Zelanda. De hecho, el ingreso per cápita de Venezuela fue casi cuatro veces mayor que el de Japón ($ 1.873), casi el doble que el de Alemania ($ 4,281) y más de 12 veces mayor que la de China ($ 614), de acuerdo con NationMaster.com , un sitio de estadísticas económicas. Para el año 2012, el PIB per cápita de Venezuela se ubicó 68º en el mundo, según el Foro Económico Mundial. Imagínense qué lugar ocuparemos ahora, si las cifras del Banco Central que son de Alicia en el país de las maravillas estiman que la caída será del 7,1% en 2016 sobre las caídas de 2012 hasta ahora. Rejodidos, pues, aún con cifras maquilladas.

El profesor William Burke White de la Escuela de Leyes de UPenn usa a Venezuela como un patético ejemplo: «En Venezuela tenemos los tipos de escenas que jamás esperamos ver en una economía moderna relativamente desarrollada y uno de los mayores productores de petróleo del mundo. El presidente Hugo Chávez y su sucesor, el actual presidente Nicolás Maduro, construyeron una economía basada en la suposición de que serían capaces de generar suficientes ingresos del petróleo para financiar un sistema integral de prestaciones sociales. Pero una vez que los precios del petróleo se desplomaron, el modelo se vino abajo, el país se vio afectado no sólo por dificultades económicas, sino por el hambre masiva que hay en las calles. Con el colapso de su economía, el gobierno ha estado imprimiendo y pidiendo dinero prestado para cubrir los gastos. La inflación se ha disparado y la moneda, esencialmente, no tiene valor. Así que no sólo Venezuela no produce alimentos: no puede comprarlos. Y no tiene los ingresos del petróleo para apoyar las compras de alimentos del extranjero”.

Kevin Casas-Zamora, investigador principal y director del programa del Diálogo Interamericano, Peter D. Bell sobre Estados de Derecho, asevera que «no se ha visto en ningún lugar de América Latina una implosión en todos los ámbitos de la forma en que la estamos viendo en Venezuela”. Ni siquiera en el Chile de Allende o en el Perú de Velasco Alvarado, ejemplos de por sí patéticos. «Ningún país -ni siquiera los más violentos del norte de América Central, que siempre han manejado muy mal la seguridad personal- ha experimentado en la última década o década y media el deterioro de la seguridad pública y personal que Venezuela ha sufrido».

Pero Maduro y su combo insisten en que el caos es el resultado de una guerra económica y siguen culpando a los pocos empresarios venezolanos que quedan, los Estados Unidos, a Colombia, a Rajoy y a todo aquel que no alabe el desastre que vivimos.

Los expertos ven sombrío el futuro: aún asumiendo que Maduro acepte que se equivocó y vire la economía en 180 grados, o que renuncie y haya un nuevo gobierno, o que a través del referendo revocatorio se logre la válvula de escape para evitar un estallido social de grandes dimensiones, nos tomará de 10 a 15 años empezar a ver luz. Mientras, seguirá el éxodo de profesionales que han ido a enriquecer a otros países.

Así las cosas, no nos queda más que servir de portavoces para que todos nuestros compatriotas entiendan que no hay paños calientes que resuelvan esto. Que las medidas tienen que ser drásticas, que se exigirán aún más sacrificios de todos nosotros, que NECESITAMOS ayuda humanitaria y sobre todo, que Maduro es absolutamente incapaz de manejarlo. Y siempre tengan sus pañuelos a mano para secar las lágrimas que produce este dolor de patria tan intenso, tan sentido, tan desgarrador.

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