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Ventetú de la diáspora: venezolanos arman orquesta para conquistar Madrid

Una plataforma tecnológica y una orquesta de inmigrantes quieren servir de trampolín a los venezolanos en Madrid. Silvano Fiumara, Maracaibo, hace música en la calle; Manuel Jurado, Puerto Cabello, trabaja en un salón de juegos; Yancris Betancourt, Guanare, hace música en la calle; Lisbeth Leal, Guárico, es docente; Aurora Hernández, Caracas, desempleada; Carmen Vega, Barquisimeto, docente; Luis Torres, desempleado; Kevin Merchán, estudiante.

Ventetú de la diáspora: venezolanos arman orquesta para conquistar Madrid

Todos salieron alguna vez de Venezuela a reinventar su vida en otra parte. Forman parte de una diáspora que algunos estiman hasta en seis millones de una «nación venezolana» repartida por el mundo. El pasado domingo 20 de octubre se dieron cita en la Plaza de Colón de Madrid. A las seis de la tarde ofrendaron un concierto sinfónico a la ciudad que los recibió.

Porque Silvano es empresario y cellista, Manuel, director de orquesta sinfónica, Yancris toca la viola, Lisbeth, Kevin, Aurora y Carmen son violinistas, y Luis es percusionista. Junto con otros emigrados, forman parte de la Orquesta Sinfónica Carlos Cruz Diez y la mayoría proviene del mundialmente aclamado sistema de orquestas venezolano creado por José Antonio Abreu. Ahora, con su orquesta de emigrantes, todavía en etapa de formación, inician una serie de conciertos de fogueo antes de su lanzamiento.

La ocasión fue la presentación en público de la Fundación Código Venezuela , una organización de la diáspora venezolana en España cuya misión es servir de plataforma de contacto entre los venezolanos en este país y ayudar a su inserción en su nuevo hogar.

Beatriz Octavio, su directora, con apenas un año en Madrid, sostiene que al llegar, mientras buscaba descubrir en qué nicho de mercado probar suerte, reparó en los repartidores que pasaban por su casa: “Cuando abro la puerta pues resulta que eran médicos, eran ingenieros, eran abogados, uno era director de una gran clínica venezolana”, -continúa- “tenían postgrado, doctorados”.

Se dio cuenta de que la necesidad de mercado que estaba buscando estaba “en la puerta de mi casa. Y esto es lo que yo quiero hacer. O sea, yo quiero luchar por que el abogado pueda ser abogado, el médico pueda ser médico y el músico pueda ser músico”.

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Podría decirse que el mundo de las plataformas es en el fondo lo que se llama un ventetú. En Venezuela, esta voz -cuyo origen se encuentra en las partidas improvisadas de músicos- tiene muchas veces una connotación negativa de improvisación. Pero en realidad este es justamente el punto de partida de la creatividad.

Así la génesis de la Orquesta Cruz Diez, tal como la cuenta Beatriz Octavio:

“Cuando nosotros desde la fundación estábamos atendiendo un músico y…conversando con otro músico, se nos acerca Manuel Jurado con su gente y nos dijo ‘nosotros estamos en lo mismo, formando una orquesta’. Y le dijimos: nuestro código es sumar, y aquí estamos haciendo este proyecto todos juntos”.
Código Venezuela arranca con un personal mínimo que trabaja pro bono. “En la época en la que estamos, tenemos que tratar de maximizar la oportunidad que da la tecnología de llegarle a mucha gente con un coste muy eficiente”, dice Charles Leonard, director de tecnología y segundo a bordo de la fundación.

“La forma más económica de armar una estructura tecnológica es tomar lo que ya está hecho…hacerle un par de ajustes para usarlo uno y conectarlo con otras cosas”. Sobre todo, en lenguaje startup, esto permite iterar y pivotar, o (en castellano) poder probar distintas opciones y cambiar rumbo de ser necesario.
“Estamos enfocados en tres áreas de acción: Educación, empleo y emprendimiento”, dice Beatriz.

“Comenzamos tocando puertas para conseguir alianzas de cooperación con fundaciones, universidades, universidades digitales, y centros de formación para buscar becas, líneas de crédito, o ayudas para los estudiantes venezolanos. En esta plataforma hay un portal de empleo, allí se registra cualquier venezolano que esté buscando empleo, coloca su currículum, y los ayudamos a que estos curricula sean como esperan los españoles y las empresas en España… y luego vamos a la otra punta para tratar entonces de que haya ofertas de empleo en este portal laboral”.

“Estamos arrancando”, comenta Charles. “Aun así ya se han conseguido becas, se ha conseguido colocar gente…”. A esto se agrega el aspecto de la ayuda legal. Beatriz dice que los trámites que se tienen que hacer “antes de llegar a España y después de llegar a España” están en la página web, “con infografías que puedes imprimir, y además tenemos alianzas de colaboración con abogados o con tarifas preferentes para tratar de acompañar en el proceso de solicitud de asilo, visas, etcétera”.

Charles Leonard agrega que quienes se registran en la página y tienen algún planteamiento o buscan ayuda, pasan a una base de datos automatizada que permite hacer seguimiento a cada caso y saber si está cerrado o pendiente. “Emigrar siempre cuesta. Cuesta emocionalmente, cuesta financieramente, cuesta desde todo punto de vista”.

“La OEA habla de cinco mil venezolanos que salen cada día del país”, sostiene Beatriz, “está hablando también de cuatro millones y pico de personas fuera. En su último informe en junio dice que vamos a ser seis a finales de 2019 y ocho a finales de 2020. ¿Pero sabes qué data es para mí dramática? La data del que se quiere ir. La mitad de los venezolanos expresa deseo de salir del país, y si bajas en edad, ese número sube a setenta y pico por ciento, es decir, los jóvenes se quieren ir”.

Con sus 17 años en España, Charles fue de los llegados en hora temprana. Siendo el socio soltero de una empresa de informática en Venezuela, fue el enviado a explorar las posibilidades aquí.

“Vamos a distribuir nuestro riesgo”, se dijeron, luego del paro petrolero en 2002 en Venezuela que casi desalojó a Hugo Chávez del poder. Aquí construyó su familia y la posibilidad de regresar a Venezuela se fue alejando cada vez más. Pensando en su hija adolescente, recuerda “muchísimos amigos míos que les robaron la camioneta, que los secuestraron…Pero esas cosas, como soltero, las ves de una forma y como padre, las ves de otra. Definitivamente una de las cosas que cambió mi propensión a regresar fue esa”.

La propia historia de Beatriz refleja esta realidad: “Yo llegué a España en agosto de 2018, hace poco más de un año, con mi familia. Tengo tres hijos, mi esposo. Nuestro detonante fue el secuestro de mi hijo de diez años, en las calles de Caracas”.

Al preguntársele cómo sucedió esto, responde: “Yo creo que es una cosa muy común en Venezuela, y simplemente, pues, es una cosa ‘random’ (al azar) lo agarran en la calle, y vives un proceso difícil de negociación…es tan común que el jueves negociábamos el secuestro de la hija de mi vecina del frente y el sábado el de mi hijo”.

Pareciera no querer ahondar en detalles y preferir mirar hacia adelante: “Queremos que el venezolano salga de este foco en el drama, que sin duda hemos vivido, para pasar a la acción, para pasar a enfocarnos en lo que hemos ganado y no en lo que hemos perdido”. O puesto de otra forma: “Cómo pasar de ser un migrante víctima, a un migrante protagonista de tu vida”.

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Encovi, el vivo retrato de la miseria, detalla los municipios de Venezuela

En el portal desarrollado por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES) de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) se detalla cómo varía el porcentaje de población venezolana que vive en pobreza extrema según las regiones: aunque el promedio nacional es de 64%, el índice es de 56% en el Distrito Capital, mientras en Amazonas alcanza a 71% de los habitantes.