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Vida parlamentaria

El parlamento es una expresión de la democracia de un país. En este artículo, Ramón Guillermo Aveledo pasea por la vida parlamentaria venezolana, recordando las principales figuras que hicieron vida dentro del hemiciclo a propósito de "este trance de alto riesgo para la República"

Vida parlamentaria

No hay democracia sin parlamento ni parlamento sin democracia. El debate libre, la representación popular que legisla y controla, aún con sus imperfecciones que no son escasas, no han podido ser siquiera imitadas por los simulacros montados por las dictaduras. Por eso, no es de extrañar que la segunda mitad del siglo XX tuviéramos, con sus luces y sombras, la vida parlamentaria más rica.

En días pasados, con motivo de su octogésimo cumpleaños, resalté la brillantez como orador parlamentario de José Rodríguez Iturbe. Creo que sobresale en el parlamentarismo criollo entre 1958 y 1999. Hubo, es verdad, otros diputados y senadores de primera pero, amistad aparte, me parece que su combinación cultura, condiciones oratorias de voz, construcción y fuerza transmitida en las intervenciones no tienen rival.

Un análisis integral nos llevaría a considerar otros elementos además del discurso en el hemiciclo, sea de fondo o de polémica. Está el trabajo en comisión, sea legislativo o de estudio e investigación para el control; también el liderazgo ejercido y la capacidad de entendimiento para lograr acuerdos que muchas veces influyen sin dejar huella en el Diario de Debates. Si buscáramos el parlamentario más completo, habría que valorar factores como esos.

Sin caer en la hipérbole de Juan Vicente González ante la tumba de Fermín Toro “Ha muerto el último venezolano”, es difícil no reconocer que así como en los Congresos de la independencia, 1811 y 1819, brilló singularmente Roscio, aquel caraqueño autodidacta a punta de lecturas y experiencias asimiladas, es descollante en el azaroso período de construcción republicana que siguió. Diputado en 1832 y 1848, presidente de la Convención constituyente de Valencia, Toro se yergue como una torre civil cuando predominan violencia y dictaduras.

Andrés Eloy Blanco, diputado opositor en el Congreso durante la primera democratización del siglo XX, el último de cuyos presidentes parlamentarios fue, nada menos, Briceño Iragorry y Presidente de la Constituyente que dicta la Carta de 1947, es la primera voz congresal de su tiempo. En el hemiciclo, Caldera quien presidiría Diputados en 1959, tuvo su mejor hora en esa Asamblea en la que faltó Villalba, orador poderoso cuyo más lucido desempeño fue en el Senado pre-octubrista. Caldera había sido debutante en la misma etapa. Jóvito volvería diputado y senador luego de 1958, con grandes discursos y menos asiduidad.

En los Congresos de la república civil la vitalidad parlamentaria permitió lucirse a muchos. Todos los que están, son, pero no todos los que son, están. AD tuvo exponentes relevantes en Barrios, jefe de la fracción y Presidente del Senado. Líderes como Prieto Figueroa, Lusinchi y Ramos Allup. Estudiosos como Canache Mata y polemistas como Morales Bello.

La oposición que los demás partidos ejercieron por más tiempo, dio más oportunidades para destacarse a sus figuras. Los socialcristianos lo aprovechamos más. Entre otros, con Herrera Campíns, Calvani, Cárdenas, Fernández, Aguilar, La Riva, Vivas Terán y de mis contemporáneos Tarre. En la izquierda Domingo Alberto, Muñoz y Moleiro. A la derecha con estilos muy distintos Uslar y Olavarría. En otras vertientes Escovar Salom y lástima que tarde y brevemente, Manuel Alfredo, en legislatura fue noticia la marea causaerrista, de cuya bancada en Diputados destacaron, Roig en la convivencia y en el análisis Rodríguez Araque. En Senado, serio y sensato, Matheus.

Elegante y respetuosa la dirección de debates de presidentes como Pérez Díaz, Ugarte Pelayo o Leandro Mora. Mujeres que hubo catorce en la Constituyente de 1947, solo cuatro firman la Carta de 1961, pero su número iría en aumento aunque más lentamente que su peso en la sociedad. Haydeé Castillo lució en las comisiones como Paulina Gamus en la plenaria. Ixora Rojas, la primera en presidir.

Lo cuento porque es historia, útil lectura en este trance de alto riesgo para la República y su institución deliberante, y porque como oí decir hace años a Eloy Anzola Montaubán, distinguido patriota venezolano, “La peor de las cámaras es mejor que la mejor de las camarillas”.