¡Vidente, háblame!

Si usted cree en espíritus, curanderos, faquires, místicos o babalaos, este artículo no es para usted. Si usted confía en videntes, psíquicos, médiums, astrólogos, pitonisas, augures, profetas o adivinos, tampoco lo es.

¡Vidente, háblame!

Si asume que los hechiceros, sibilas, nigromantes, pronosticadores, brujos y otros vates le van a decir con pelos y señales algo que no salga en su Facebook o en alguna de sus redes sociales, le advierto que lo que leerá a continuación no le va a gustar. Así que si decide seguir, es por su propia cuenta y riesgo. No respondo por rabietas, ya lo saben.

Está de moda un vidente. No lo conozco, de manera que no tengo nada a favor ni en contra de él. Me encantaría, eso sí, que me demostrara que sí puede ver el pasado o el futuro, hablar con muertos u otra de las cosas que proclama hacer. Porque lo que he escuchado hasta ahora son tales vaguedades que no se diferencia mucho de un horóscopo hecho por un redactor hambriento que de astros sabe poco o nada.

La verdad es que me sorprende la necesidad de la mayoría de los seres humanos de creer en asuntos sobrenaturales. Yo he tenido uno que otro episodio en mi vida que me han puesto a dudar, pero siempre he terminado encontrando una explicación. Lo que sucede es que la mayoría no quiere encontrar las explicaciones.

Hay un canadiense naturalizado estadounidense de 88 años, James Randi, quien después de haber sido mago «los magos son la gente más honesta en el mundo: te dicen que te van a engañar y lo hacen”, ha dedicado su vida a desenmascarar farsantes. Es el fundador de la Sociedad de Escépticos, que cuenta con varios capítulos alrededor del mundo. De hecho, durante más de 20 años Randi ofreció públicamente un millón de dólares a quien pudiera comprobar que poseía poderes paranormales y ninguno pudo.

Mientras, ha puesto en evidencia a muchos, entre ellos al famoso Uri Geller, quien asombró a los venezolanos en la década de los 70 doblando cucharas “con la mente” en el Show de Renny. Sus cucharas. Cuando Randy le dio las suyas, no pudo moverlas ni un milímetro. Los invito a ver el video del Show de Johnny Carson en este video. Las Sociedades de Escépticos alrededor del mundo también ofrecen sustanciosos premios en metálico, de manera que invito a los videntes criollos que proclaman tener poderes que en vez de estar pasando consultas y cobrando en bolívares, vayan a esos países y demuestren sus poderes. Van a ganar con uno solito más de lo que ganarían aquí en años.

Traigo el tema a colación porque me enferma que se juegue con la buena fe de la gente. Con sus necesidades emocionales. Con sus carencias, duelos y miedos. Lo mismito que hace el régimen, pues. Yo creeré en fenómenos paranormales cuando me digan los números que ganarán el Sorteo Extraordinario de Navidad de la Lotería de España, el Mega Millions, o el Powerball. O el día exacto en que se acabará esta pesadilla venezolana y cómo. ¿O es que acaso las visiones son selectivas?…

El 22 de enero, Alexis Correia escribió un sensacional artículo sobre las 10 predicciones más descabelladas de Adriana Azzi , donde comenzaba diciendo que “los astrólogos son como Andrew Ridgeley, el compañero de George Michael en el dúo Wham!: puedes vivir el resto de tu vida de un solo éxito”.

Y es verdad. Hace poco circuló por Whatsapp un video donde invitaban a varias personas a que visitaran una carpa donde un síquico les hablaría de “intimidades” que sólo ellos podían saber. Al final de la sesión, cuando los asistentes estaban tan pasmados que no podían ni ponerse de pie, caían unas cortinas y revelaban unas computadoras cuyos operadores buscaban información en sus redes sociales. Uno publica y comenta más de lo que uno cree. Así mismo, hay videos en las páginas de hoaxes que descubren las patrañas detrás de los predicadores, donde personas inflitradas en las filas envían información por micrófono al supuesto pastor. También hay expertos en interpretar el lenguaje corporal y mediante la conversación sacan información valiosa.

De manera que yo digo como Santo Tomás, “ver para creer”. Y a aquellos que acudan a ver al vidente de buena fe, con esperanza e ilusión, deseo que les vaya bien, que les digan lo que quieren oír y que no les saquen mucha plata.