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Vinotinto contra Chile: el triunfo de la decencia

La victoria de la selección venezolana es una gran noticia para el país, pero es sobre todo una recompensa para José Peseiro, un técnico que desde que fue nombrado, no ha hecho más que dedicarse a su trabajo sin responder a las críticas por los primeros resultados

Vinotinto contra Chile: el triunfo de la decencia

Quien ha seguido las elecciones de Estados Unidos, sabe que el título de esta columna tiene relación con el  candidato demócrata, Joe Biden. Así se le llamó a esa victoria: «El triunfo de la decencia». Se ponía en relieve las formas. Ante el discurso de odio, de separación, se impuso el discurso mesurado; la exposición objetiva de un futuro mejor, desde la unión. Fue lo que hizo José Peseiro después de las tres derrotas, ante Colombia, Paraguay y Brasil, por las eliminatorias rumbo a Catar 2022.

Pudo sacar pecho el técnico portugués tras vencer a Chile en casa, lo que ningún otro técnico había conseguido. Además sumó en el cuarto juego, tres puntos, lo que no logró Rafael Dudamel ni César Farías. Sin embargo, en lugar de pavonearse, en su rueda de prensa fue sobrio. Le dedicó a la victoria al país y se tiró un añadido que habla muy bien de su personalidad: recordó, sin necesidad, que se equivocó contra Colombia.

«Me gustaría ser más ofensivo, tener más la pelota y presionar más alto, pero tenemos que tener equilibrio e ir de a poco. Ya perdí la cabeza ante Colombia y no volverá a pasar», dijo Peseiro. La decencia.

Los últimos procesos técnicos en la selección de Venezuela se han caracterizado más por los enfrentamientos que por los resultados positivos. Ya sea entre el estratega y los directivos y/o algunos jugadores (Rafael Dudamel, Noel Sanvicente) o con todo el entorno y la prensa (César Farías). Ese desgaste ha sido uno de los tantos problemas que conspiran para que el seleccionado, regularmente en minusvalía frente a sus rivales de eliminatoria, pueda concentrarse solo en lo necesario: jugar.

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Este 17 de noviembre se marcó un hito. Parece la evolución lógica de un trabajo consciente. Ha ido Venezuela de menos a más, desde la estrepitosa caída ante Colombia (3-0). Contra Paraguay (0-1) se vieron pinceladas, ante Brasil (1-0) se corrigieron movimientos y Chile (2-1), finalmente, sufrió las consecuencias de tal mejoría.

Además, contra Chile, hay situaciones que comprueban el trabajo: doble cabezazo en área para el primer gol, tras cobro de falta (el famoso balón parado) y el ingreso de los volantes creativos para buscar el partido: Yeferson Soteldo (hace el centro para el segundo gol) y Rómulo Otero. Pero el mejor movimiento fue el que no hizo: mantuvo a Salomón Rondón en cancha a pesar de que el delantero estaba exhausto. Jugó el partido a una velocidad diferente al resto de sus compañeros e incluso dilapidó una oportunidad clamorosa. Sin embargo, marcó el gol con el que hoy se celebra.

De igual forma, no es un detalle menor que la Vinotinto consiga la victoria sin uno de sus históricos: el capitán Tomás Rincón. Su ausencia fue por emergencia (acumulación de amarillas), claro. Sin embargo, la zona de volantes de recuperación y salida lució más fresca, menos amarrada, como si todos tuvieran 10 años menos. El analista Allan Hrastoviak lo definió perfectamente en un tuit: el equipo de Yangel Herrera.

No significa lo anterior que ya no se deba contar con Rincón (32 años), pero al menos la actuación de hoy abre la pregunta de si la dinámica de algunos jugadores, como la titularidad del capitán e incluso del mismo Rondón, debe ser alterada. Desde el banco también se puede ser útil, como lo comprobó el propio Soteldo.

Durante mucho tiempo, tal vez acomplejados por la terrible estructura futbolística del país, y en consecuencia para demostrar que conocemos de sistemas, la discusión se ha centrado en una pirámide de números, que si el 4-3-2, 4-3-3 y así. Los partidos no se ganan con una figura. A eso hay que darle organización. Al final, lo que importa es que los jugadores estén bien físicamente y que puedan tener tiempo para trabajar con el cuerpo técnico para asimilar la idea.

Pero ojo, que esto no termina aquí. Si Peseiro no recibe el apoyo debido (se rumora que no ha cobrado aún) de parte de la Federación Venezolana de Fútbol, si no se le da amistosos, todo se puede perder rápidamente. La fragilidad de la concentración del jugador venezolano es conocida. De allí que históricamente le cueste a la Vinotinto hilvanar resultados positivos. Ese apoyo es lo mínimo que debe recibir un técnico que ha demostrado tanta decencia.